No a los Oscar

por · Enero de 2013

«Lo que tú llamas alegría fue inventado por tipos como yo para vender democracia» dice el personaje de Gael García, una especie de Don Draper que flota por Santiago sobre un skate, mientras la ciudad adormecida a punta de fusil piensa que la democracia debe oler como un auto nuevo.

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Luego de convertirse en la primera película chilena nominada a los Premios Oscar en la categoría de “Mejor película de habla no inglesa”, NO será reestrenada en varios cines nacionales. Acá el análisis de la cinta de Pablo Larraín que narra una victoria que luego de 25 años parece amarga. La democracia debe oler como un auto nuevo.

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«Antes que nada, quería mencionarles que lo que van a ver a continuación está enmarcado en el actual contexto social. Después de todo, Chile piensa en su futuro», dice René Saavedra antes de presentar cualquier idea publicitaria ante sus clientes. Puede ser una bebida cola, una nueva teleserie o una democracia.

Saavedra (Gael García Bernal) es un joven y exitoso publicista al que le ofrecen hacerse cargo de la campaña del NO. Convive con los recuerdos de su padre muerto por la dictadura y la ausencia de Verónica, su mujer, que participa activamente en la lucha política contra el régimen de Pinochet. En medio de esos fantasmas y de su torpeza ante lo cotidiano, recorre la ciudad en una patineta con la tristeza de un tipo que solo puede sentirse cómodo con su trabajo. Finalmente no tiene nada más que eso. Es lo único que puede mantener bajo control.

En el Chile de 1988, el publicista saca de la campaña el dolor, la represión y los muertos insepultos. Mientras, de fondo, la campaña del SI se hunde en propuestas patéticas y ministros del Interior totalmente desconectados con los tiempos. Saavedra aleja a los políticos y su idea de una campaña que genere conciencia («Nadie se puede enterar de la clase de políticos que tenemos», se justifica). En su lugar, usa valores universales como la alegría, la unidad y la paz. Entiende que debe hacer desaparecer el miedo. Finalmente, como teoriza Don Draper en Mad Men «La publicidad se basa en una cosa: La felicidad». La democracia debe tener olor a auto nuevo. Tiene que ser vista como un “producto” inofensivo.

Para lograrlo, usa todas las armas que le entrega el modelo impuesto a la fuerza por la dictadura: estudios de mercado, identificación de posibles “compradores” y la satisfacción del cliente. Así, NO es tan dura porque camina entre el limbo de olvidar los valores para lograr una victoria que, con el paso de los años, parece cada vez más tramposa. Sacar a Pinochet para consolidar el modelo que impuso no parece un buen negocio.

La cinta de Pablo Larraín posee un discurso que no es moderado con el acontecimiento histórico, entregando detalles brutales: las imágenes de personajes que aparecieron en la franja y sus cameos en pleno 2012, sugiriendo que todo sigue igual; o ver a los verdaderos creativos del NO actuando como publicistas del SI.

Pero, tal vez, la mayor virtud de la película es narrar un periodo casi intocable de nuestra historia y despojarlo de toda la épica que se le achaca. De alguna manera, la cinta le quita la autoría intelectual que clama sobre la democracia a «la perra Concertación», como dice el entrañable “Cancino” en La batalla de Placilla de Mellado. Porque en NO todo es tristeza y amargura. No existe nada heroico. Nada idealista. No hay alegría sino decepción. La misma que sienten muchos cuando notan que el país cambió, pero no tanto como prometió la coalición de centroizquierda.

«¿Sabes lo que es el amor? Lo que tú llamas amor, fue inventado por tipos como yo para vender medias de nylon», le dice Draper a una clienta en algún bar de Manhattan. Esa frase perfectamente podría ser dicha por René Saavedra en el Chile de los noventa para hablar de la democracia. En el mismo país de la revolución que nunca llegó, desmovilizado, que tuvo que aguantar la vergüenza al ver la actitud de la Concertación con la detención de Pinochet en Londres.

Ahí es donde hace tanto sentido la amarga caminata del publicista con su hijo, luego del triunfo del NO, ese 5 de octubre. Finalmente, Saavedra fue el único que supo descifrar el momento. En medio de los gritos y el confeti, entendió que la victoria no fue de él, tampoco de la gente, sino que de los privilegiados que ante los micrófonos declaraban frases del estilo «Hoy nace un nuevo Chile, sin privilegiados».

// No (2012) será reestrenada en los siguientes cines: Cine Hoyts La Reina, Cine Hoyts Parque Arauco, Cine Hoyts San Agustín, Cinemundo Dominicos, Cinemark Alto Las Condes, Cinemark Vespucio, Movieland Florida Center, Cineplanet Costanera Center, Viña del Mar y Concepción.

No a los Oscar

Sobre el autor:

Javier Correa (@__javiercorrea) es periodista y coescribió «Nunca cumplimos 30. Una historia oral del Canal 2 Rock & Pop» (2018, @librosdementira).

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