The Cure: que no se acabe nunca esta canción

por · Abril de 2013

Robert Smith, un walkman y varios oyentes capturados hasta hundirse en una canción. ¿Qué tienen en común “Play” y “Forest” de The Cure con el “Osito Gominola” o las canciones infantiles de cuna?

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Enséñame cómo haces ese truco
“Just like heaven”

Abril de 1992. Tomo una micro desde donde vivo, en Tobalaba con Carmen Sylva, Providencia, hasta la casa de un amigo, en Madrid con Franklin, Santiago Centro (en esa época hay micros de colores que realizan ese curioso recorrido). La tirada es larga (40-45 minutos) así que voy premunido de un par de pilas Duracell nuevas en mi Walkman y mi cassette regalón —y compilado/pirateado por mí mismo— de The Cure.

Como a la segunda cuadra comienzan los compases de “Just Like Heaven” (Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, 1987) y me enamoro –como siempre– de su progresión principal (A–E–Bm–D) y también de la secundaria (F♯m–G–D). Hay un momento en que las progresiones cambian de la secundaria a la primaria, justo cuando Robert Smith dice «Strange as angels / Dancing in the deepest oceans / Twisting in the water / You’re just like a dream», que por alguna razón desconocida me sobrecoge. Pero eso solo ocurre la primera de las dos veces que se acomete el coro. Siempre espero que vuelva a aparecer este secreto “Tema C” en el segundo refrain con desconsuelo.

Así que decido cortar por lo sano y cuando la melodía llega a «just like a dream» aprieto rewind (<<) y vuelvo al inicio. Repito la operación unas dos docenas de veces hasta que simplemente el cassette se da por vencido y se enreda dentro del aparato. Peor. La cinta se ha girado en 180º y se encuentra en estado de irreproducible. Cuando regreso a mi casa horas más tarde por la noche y medio confundido por las libaciones, decido desfacer el condoro. Tal como sucede con los cables de teléfono, cuando se convierten misteriosamente en una cinta de Moebius, la solución es arrastrar dicho torque hasta uno de los extremos. Así que extraigo toda –toda– la cinta del cassette y trato de recuperarla volviendo el torque a su posición original y recupero la cinta girando el rotor con un lápiz Bic. Fracaso estrepitosamente. Ahora hay varias cintas de Moebius y no solo una. Mi cassette favorito ha pasado a la historia.

El secreto

No pude dejar de pensar en esta noventera aventura durante casi todo el recital del domingo. Eso, porque el efecto que me produce “Just Like Heaven” no me sucede solo con esa canción. En ella era la melodía y el puente lo que me dejaba lelo y con ganas de más (una especie de orgasmo dopaminérgico en mi mente de auditor). Pero hay dos más que me provocan lo mismo, pero con un recurso distinto. Esas dos canciones se tocaron seguidas en el concierto: “Play for Today” y “A Forest” (Seventeen Seconds, 1980).

En ellas, el «quiero más de lo mismo» me lo provoca la línea de bajo de Simon Gallup y su acompañamiento con unos teclados tan dark como el mismo bajo, ese bajo continuo que sostiene ambos temas en su totalidad y que me gustaría que no se acabara nunca.

Los neurocientistas musicales han encontrado un nombre para esas secuencias sonoras que no se nos salen de la cabeza: earworms (cf. Halpern & Bartlett, 2011). Un earworm es una melodía que dura escasos segundos (como máximo 15 ó 20) y que simplemente no podemos sacarnos de la cabeza. El “Osito Gominola” es un earworm y las canciones infantiles de cuna (“Lullaby”) también suelen serlo.

Pero, en general, quienes han estudiado los earworms se han concentrado en sus aspectos negativos que hacen querer destruir el reproductor de música desde donde salen o sencillamente matar a los artistas que los perpetraron. El caso de The Cure es inverso: sus earworms son “buenos”.

El Capitán Garfio

Una de las características más sobresalientes de la “canción” como género, y como género de gusto masivo, desde su invención por Aristide Bruant en Francia o Stephen Foster (“Oh, Susana”) en los Estados Unidos, en el siglo XIX, es la posesión de un hook (Burns, 1987). Un hook (gancho, garfio) es un segmento de una canción que suele repetirse y que es el que más se recuerda, produciendo un enganche del auditor que a menudo lo repite e incluso llega a comprar (o a bajar) los discos solamente para escucharlo una y otra vez.

Burns (1987:passim) da algunos ejemplos de hooks clásicos en la música pop, como la introducción de guitarra de “Sweet Child O’ Mine” (Guns ‘n Roses, 1987), la introducción rítmica de “Get Off Of My Cloud” (The Rolling Stones, 1965), la repetición monódica de una nota en “Mickey” (Toni Basil, 1981), la progresión I-IV-I-V-IV-I en “Barbara Ann” (The Beach Boys, 1965) o el uso de jerga o coloquialismos en “She Loves You” (The Beatles, 1963 –«yeah, yeah yeah»).

Claramente los earworms son siempre hooks. Pero en el caso de The Cure, y particularmente en “Play” y “Forest”, no son hooks comunes y corrientes. ¡Duran todo el tema! De alguna manera construyen un gancho/gusano musical de una extensión extraordinariamente mayor que la habitual. Y el resultado es que el oyente es capturado por esa rareza y se hunde en la canción… y desea que no se acabe nunca, aunque eso haga pedazos la cinta o el MP3.

The Cure: que no se acabe nunca esta canción

Sobre el autor:

Ricardo Martínez (@terceracultura) es PhD en Lingüística de la PUCV y Magíster en Estudios Cognitivos y Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, con mención en Lingüística, de la U. de Chile. Fue asesor musical de la serie de Canal 13 Los 80 y se desempeña como profesor en la UDP.

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