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No quiero estar en llamas porque sí

por · Abril de 2016

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1.
Todo empezó con una respuesta que descubrió las costuras de Amiga, el disco que acaba de lanzar el músico Álex Anwandter. «En un minuto de mi vida pensé, ¿esta generación de la que soy parte va a ser recordada como la Nueva Canción Chilena o como la Nueva Ola?», le dijo el cantante al periodista Andrés del Real, anunciando su ingreso al desvío de los músicos interesados en cantar cuestiones sociales en desmedro de necesidades autocomplacientes. Anwandter, que cargaba con dos álbumes de Teleradio Donoso, uno como Odisea, otro a dúo con Gepe y otro con su apellido, abrió una ventana inédita para esos trabajos a partir de su tercer disco como solista. «Me di cuenta de que las letras son el 70% de lo que la gente percibe», le contó al crítico Mauricio Jürgensen, «me tomé como una responsabilidad artística no decir hueás». Cinco años atrás, antes de que apareciera Rebeldes, su penúltimo disco, no era extraño toparse a Anwandter caminando entre algunas marchas del movimiento social por la educación, cuando su música todavía obedecía en mayor medida al escapismo y hedonismo característicos del pop: un leve barniz de transgresión, otro toque de novedad y el cálculo exacto de un ascenso progresivo y ambicioso (en los hechos, rebotó del Sello Azul a Oveja Negra y luego de FeriaMix a la distribución de Nacional Records y CHV Música, así como de trabajar acompañado de Carlos Fonseca, el manager histórico de Los Prisioneros, a hacerlo con Sergio Alvarado, a cargo de la producción ejecutiva, entre otros, de los comediantes Pedro Ruminot y Edo Caroe). «Es poco frecuente dedicarle tiempo a que cada línea sea una cosa sincera y que se conecte con uno mismo o con el mundo que uno está viendo —dijo Anwandter en una entrevista—. Y el mundo que uno está viendo está lleno de conflictos densos y complejos, entonces hay una trama muy rica que describir ahí. Eso toma mucho tiempo y mucha dedicación, y dejé que eso fuera la unidad y la coherencia de mi disco». Si Rebeldes ya tenía ciertas entradas en territorios políticos (incluso Odisea, que a la altura de “Juventud” repasaba el Kiotazo, ese escándalo político que retrató el ADN de Sebastián Piñera), parece que el músico aumentó su convicción. «Ese disco salió el 2011 y ese año fue muy intenso en Chile», contó hace poco, «quedé con la sensación de haber hecho demasiado poco en ese sentido». Así, para la escritura de Amiga, como una decisión vital, Anwandter alineó sus propias reflexiones políticas con su trabajo, que hasta ese momento brillaba por la técnica musical, el apartado en donde sorprendió desde su debut, Gran Santiago, un disco grabado hace exactos diez años, con instrumentos más bien ajenos al común de los aspirantes a músicos de bandas rock pop: piano de cola y vertical, Theremin, Farfisa, Eko Super Micky, banjo, vibráfono, glockenspiel y violín. Como le dijo al crítico musical Andrés Panes, su nuevo traje es claro: «Mi método de ser político es ser lo más personal posible».

2.
El antropólogo colombiano Carlos Granés dijo que el pop anula el dolor y los compromisos, «es un hoyo negro que lo absorbe todo porque se alimenta de los mecanismos del cambio, la insatisfacción y la rebeldía, sin llegar nunca a cambiar nada. Nada más rebelde que lo pop y nada más hegemónico que lo pop». Por el reverso, la idea de Anwandter reza que el pop tiene un elemento estético que puede convertirse en una gran arma: «Es entretenido». En su propia lectura, el pop, a diferencia de otros géneros, se propone a sí mismo no aburrir, lo que configura una plataforma importante para disparar mensajes. «Uno puede pescar una canción acústica y hacer una canción de seis minutos, de solo estrofas, pero eso te retrotrae a una estética que está obsoleta —dijo en un programa de Cooperativa—, entonces buscar nuevas estéticas, aunque suene grandilocuente, para buscar la revolución, me parece una búsqueda apropiada». Para el periodista y escritor Óscar Contardo, que investigó el género en dictadura, «el pop es mucho más político que el rock o que el cliché del trovador con sentido. Es, además, alegre, burlón y callejero. “Smalltown boy” de Bronski Beat tiene más revolución que cualquier canción de Silvio. Silvio a secas. Sinead O’Connor, los Fangoria o Pet Shop Boys han hecho de mi rabia una pista de baile».

3.
Ahora son más de las nueve de un lunes en la SCD Bellavista y Álex Anwandter aparece, anunciado por Paz Court y Álvaro Scaramelli, en la ceremonia de presentación de los nominados a los Premios Pulsar, con un público conformado por músicos y periodistas de varias generaciones. Parece que cada disco supone una nueva rotación de integrantes: en la memoria están el cuarteto que lo tenía al frente de Teleradio Donoso y el dúo de bailarinas en la época de Odisea. Ahora, el baterista Juan Pablo Wasaff, que apareció en todas las fotos de Teleradio Donoso, escolta a Nacho Aedo y Marcos Meza, un ex Adrianigual y un ex Cómo Asesinar a Felipes, ambos de pie, frente a sus equipos, en una presentación tan ágil como breve, desplegando el mejor repertorio del pop de sintetizadores. Anwandter, a pesar de estar entre pares y no precisamente su fanaticada, parece un aplicado y medido cantante que se sabe hábil sobre los escenarios. Casi sin aviso comienza con “Siempre es viernes en mi corazón” —seguida atentamente por Daniel Muñoz, Carlos Cabezas y (me llamo) Sebastián, repartidos entre las butacas—, para seguir con el mayor éxito de su disco anterior, “Cómo puedes vivir contigo mismo”, «la canción favorita de Daniel Zamudio, un adolescente que fue brutalmente asesinado por ser gay», como dice en iTunes la descripción oficial de su último disco. Es extraño ver a Marcos Meza tocando de pie, cuando nos acostumbramos a su mecanografía expresiva sobre el piano vertical y el Rhodes (en el disco, su pulso se nota en los arreglos de “Te enamoraste”, “Intentarlo todo de nuevo” y “Caminando a la fábrica”, donde colabora Julieta Venegas). La breve presentación termina con una versión exacta de “Amar en el campo” y el aplauso cerrado. El escritor Álvaro Bisama explica mejor la sensación que deja un concierto de Álex, aunque haya escrito de Teleradio Donoso y ahora hablemos de Anwandter: «Quizás Prince es el rosebud que explica el origen del cálculo perfecto y las muecas del vértigo de Anwandter y su banda. Quizás Prince explica por qué parecen estar a un paso de lucir como yo recordaba que lució La Ley a comienzos de los noventa: como un puñado de tipos dispuestos a comerse al mundo».

4.
Cuando el mundo era lento como eliminación de reality show, la información le llegaba a poca gente y a cuentagotas. En esos tiempos, el prestigio intelectual consistía en acceder a la cultura, pero no importaba cuándo: llegar tarde también valía. Ahora, que la información es instantánea, que aparentemente es de todos, solo parece tener sentido llegar antes que los demás. Lo veloz parece darnos prestigio intelectual. O por lo menos nos tranquiliza un poco. Ese parece ser el cambio cultural más caricaturesco. Luego, si me apuran, pondría a la ansiedad. La ansiedad con el cine, las series y algunos discos: las filas para comprar o firmar libros best seller, las cámaras piratas en los multicines, las filtraciones de discos y canciones grabadas desde programas de radio de dudosa calidad. Esa ansiedad trajo consigo otras mañanas, menos esnob, como la amplitud y el desprejuicio, rasgos característicos de la generación de Anwandter. «Hice un experimento raro conmigo mismo: dejé las pretensiones de imponer límites estéticos a mi trabajo, siendo que yo, al igual que la mayoría de la gente, escucho mucha música, muy distinta —contó a Jürgensen—. En mi iTunes paso de Juan Gabriel a Bach sin ningún problema. Siento que todo el mundo como… no sé, tenía doce o trece años cuando entró Internet fuerte y esa cuestión me hizo explotar el cerebro. Como mi alcance de gustos musicales se abrió, o sea, ahí pude como ampliar lo que escuchaba en mi casa, que ya era amplio, porque mi papá es músico, entonces como que dejé de intentar limitarme: Phil Spector, Violeta Parra, una cuestión media house, todo me gusta». Algo de eso se coló en el disco Amiga, que fue masterizado en Estados Unidos por Tom Coyne (Taylor Swift, Adele) y en Chile por Francisco Holzmann (Marineros, Felicia Morales, Dënver), y tiene una paleta musical expresiva, que va de la balada más dramática (“Manifiesto”), a devaneos de folk acústico (“¿Qué será de ti mañana?”), algo orquestero (“Te enamoraste”, “Caminando a la fábrica”), aires de banda sonora (“El sonido de los corazones que se quiebran”) y un arranque dominado por un poderoso electro funk blanqueado (“Siempre es viernes en mi corazón”, “Traición”, “Amiga”) y los guiños al soul (“Mujer”) habituales en la discografía de Anwandter, como perfectas demostraciones de un pop estudioso de la tradición. ¡Qué tremendo arreglista que es! La única tuerca suelta, por así decirlo, son sus letras. El disco abre con “Siempre es viernes en mi corazón”, una canción potente y rápida, que dispara casi de entrada la frase: «Siempre quiero la total destrucción / de este mundo que he conocido / y el trabajo que no tiene fin» y que continúa así: «Los mensajes en el velador / la iglesia me mandó al infierno / y el congreso piensa que estoy enfermo». El primer tema y sencillo del último disco, donde participan las voces de Miranda!, condiciona la escucha. Como algunas de sus respuestas en las entrevistas, sus letras parecen atrapadas en una nebulosa de impostura tal vez inocente. «Tomo el agua del guanaco / que me da carabineros / cada vez que pienso algo», canta en el tema que viene a continuación, “Cordillera”, que sigue así: «El Mercurio miente y la verdad / se tira desde un Puma al mar / a ese mar que todavía baña a / los niños en el litoral / y los cantores cantan la-lalá-lalá». Más adelante, “Cordillera”, que lleva en los coros a la solista Celeste Shaw (La Pedroband, Pedro Frugone), hace un juego de luces con “Miren como sonríen” de Violeta Parra.

5.
Sabemos que Anwandter es un intérprete aventajado y un efectivo arreglista de canciones, tal vez el más adelantado del medio, además, por supuesto, de compositor. Bailar y llorar es un disco importante para su generación, en la medida en que Odisea, Gran Santiago y Rebeldes, a pesar de las distancias de estilos, también lo son. Quizá queda abierta la interrogante en las letras de su último disco, y las siguientes respuestas, aparecidas en diferentes medios, pueden ayudar a hacernos una mejor idea del asunto:

T13: ¿Era el momento de ser más directo?

Anwandter: Más que sentir que era el momento, es una capacidad que uno desarrolla. Por eso admiramos tanto a Jorge González.

[…]

Qué Pasa: Hay quienes le recriminan frivolidad al pop chileno. ¿Por qué crees que aún no se hace cargo de su contexto?

A: Hay muchas razones. Una es directamente una especie de inconsciencia social de los músicos. Está la horrorosa entrevista a Andrés Nusser, de Astro, donde le preguntaron algo parecido y él dijo «hasta cuándo», casi como «hasta cuándo hay que hablar de los detenidos desaparecidos». La respuesta se hizo famosa con justa razón, por atroz. Por otro lado, la protesta exige un grado altísimo de credibilidad. Si vas a pontificar sobre algo, más te vale que tu vida sea coherente con lo que estás diciendo. Eso es muy difícil hoy, en que todos transamos con el capitalismo. En la transición, Jorge González no volvió a hacer canciones de protesta, por decirlo de alguna manera. Porque la transición es eso: es todos vendiéndonos.

QP: Desde el disco Corazones, de Los Prisioneros, no ha habido mucho pop para bailar y pensar.

A: Y es súper interesante el caso de Jorge González. «Si la cultura es tan rica en Alemania, por qué el próximo año no te quedas allá». Corte: él en un video diciendo que solo en (el barrio berlinés) Friedrichshain se sentía cómodo. Lo encontré impactante. A eso voy: no puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo, criticar algo y no vivir coherentemente con eso. Y eso está bien. Hay algo que se puede hacer para paliar un poco lo penca que es esa situación y tiene que ver con qué haces cuando tu visibilidad mediática es un poco mayor, si vas a hablar de Heineken Lifestyle o si vas a hablar de la detención por sospecha. Eso es tu decisión. Estoy lejísimo de ser totalmente coherente, pero intento ocupar la poca visibilidad que tengo para lo que me parece correcto. No voy a hacer una canción sobre el maltrato del Estado chileno al pueblo mapuche porque, si bien estoy del lado de los mapuches, no tengo credibilidad para hacerlo. Yo hablo del mundo que me queda cerca.

No quiero estar en llamas porque sí

Sobre el autor:

Alejandro Jofré (@rebobinars) es periodista y editor de paniko.cl.

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