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A la velocidad de Astro

por · Enero de 2014

La banda chilena con más festivales internacionales en menos tiempo prepara nuevo disco. Su cerebro, Andrés Nusser, repasa algunas de sus ambiciones junto a su perro.

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La banda chilena con más festivales internacionales en menos tiempo prepara nuevo disco. Su cerebro, Andrés Nusser, repasa algunas de sus ambiciones acompañado de su perro.

—Cuando me vine de Osorno, sentía que Santiago me había quedado grande, pero ahora es como si la ciudad se achicara y nosotros creciéramos.

La historia de la banda Astro parte con un viaje, pero también con la muerte de un nick.

—Hace ocho años hice una canción bien pelacable que se llamaba “Astrolito” y que dice «Astrolito te están llamando desde el sol». De ahí un par de amigos me empezaron a llamar “Astro”, hasta que lo usé como seudónimo en messenger. Después, cuando armamos la banda, fue natural ponerle Astro y entonces perdí mi nick.

A mediados de noviembre, en piso antiguo de Providencia, Andrés Nusser (1983) se sienta a comentar el tiempo a través de la ventana.

—Es primavera, así que todo bien.

En este lugar transitorio, lo acompañan dos o más bicicletas, el perro Kafka, algunas plantas y tres rumores que se encierran en la cocina al apretar REC. Afuera, todo hierve en la ventana.

Nusser

[REC]

—¿Te consideras un desarraigado en el circuito?

—Se explica solo: a la banda le ha ido bien, hemos salido a tocar, pero estamos extremadamente lejos de considerar que estamos listos. Yo al menos me siento de este porte [junta su pulgar con el índice] y en mis aspiraciones espero poder ser quinientas veces más de lo que he logrado hasta ahora.

Es viernes en la tarde y, mientras conversamos sobre una mecedora, en el ambiente se cocina el próximo disco de la banda, el que los mostrará de una vez por todas, como aseguran, en el panorama global.

***

Hace unos años, cuando Astro todavía era un nombre en afiches de fiestas indie, perdidoo entre varios DJs en letra chica, soñaban con que «los festivales internacionales deben ser muy entretenidos».

—Astro nació conmigo y con Octavio Cavieres [baterista y el único integrante que muestra sus posaderas en el video de “Panda”]. Teníamos un computador y una batería electrónica y tocábamos juntos, hombro a hombro, como si fuéramos DJs.

Ese 2009, la dupla escribió su Ep debut Le disc de Astrou en apenas una semana, con un laptop y un puñado de software.

lediscQuince meses después ya estaban tocando en el Vive Latino mexicano. Un escenario tan grande como los que siguieron: Rock al parque en Bogotá, South by South West en Austin, Primavera Sound en Barcelona y Lollapalooza en Chicago.

—La primera vez que tocamos en un festival, de un cachetazo nos tocó un escenario súper grande, en el Vive Latino mexicano. No teníamos idea de lo que era subirse a un escenario así. Estábamos nerviosísimos y vueltos locos con las cosas técnicas.

Para el 2010 la banda tenía solo seis canciones publicadas y apenas unos meses de funcionamiento.

—Nos fuimos con el puro Ep. “Maestro distorsión”, el tema que abre el disco, pegó harto a través de blogs y la empezaron a programar harto también en México, en una radio que se llama La Ibero y que escucha mucha gente. En la misma semana que la programaron, generó cierto revuelo y me llegaron dos llamados, uno del mánager de los Café Tacvba, que también es dueño de la disquera donde estamos ahora [Terrícolas imbéciles], y otro del director de la radio. Era básicamente para decirnos que el Vive Latino estaba pidiendo bookear a Astro y por supuesto aceptamos. En ese momento no teníamos staff, fuimos súper en pelotas y empezaron a pasar cosas como ir al Rock al Parque en Colombia, escenarios muy grandes pero donde tocamos pésimo.

—¿Por qué?

—Yo mido eso entre cuando uno se equivoca o dejaron de sonar las máquinas o tu performance no fue buena. Nuestro caso fue una suma de todo eso más nerviosismo. Uno necesita cancha para esto y recién ahora estamos empezando a sentirnos cómodos arriba de un escenario grande. Antes de eso era puro caos. Y es mucho más difícil de lo que uno cree hasta que te toca enfrentarlo.

Sentado, vestido completamente de negro, con la muletilla «¿me cachai?», Andrés Nusser se sacude el tiempo.

—Nuestro primer show fue en el sur, en [el centro de esquí] Antillanca, donde un amigo manejaba una cafetería. Después éramos amigos de los Miss Garrison y un día nos tiraron unas flores por myspace y nos invitaron a tocar en Club Mist. Ahí se nos abrieron los ojos. Estábamos tocando en un escenario, independiente del tamaño, de verdad, que en Santiago era importante para el circuito de bandas indie y emergentes. Tocamos harto con las Niñas con Frenillo y cachamos que se trataba de mucha autogestión, que ellos básicamente arrendaban el Mist, invitaban a un DJ y así llenaban el local. Hicimos eso mismo con la Nea Ducci como DJ y funcionó. Se empezaron a llenar los shows.

Entonces en el circuito se corrió la voz de un nuevo proyecto y las buenas críticas empezaron a caer desde sus propios pares. Pedropiedra y Gepe, por ejemplo, grabaron un cóver de “Maestro distorsión”:

Uno de los principales ganchos de la banda es el registro de Andrés Nusser, que le debe sus notas altas al rock progresivo de los discos de Yes (Jon Anderson) y Genesis (Peter Gabriel), dos voces que marcaron su forma de cantar y también sus primeros pasos en la música.

—En eso conocimos al Leo y al Zeta, que venían tocando con su DJ set que se llamaba Moustache, y ahí nos dieron ganas de agrandar la banda. Tocamos mucho en el Constitución, empezamos a tocar en fiestas y por primera vez nos empezaron a llamar para tocar.

En adelante el ahora cuarteto viajó a Argentina y Uruguay, y como buena banda de myspace hizo sus propias redes con gente de allá y acá y por ahí.

Empezaron a salir fechas, ediciones extranjeras de sus discos y algunas rarezas como este remix de “Colombo”, a cargo del español Meneo, o el cóver de “Ciervos” publicado por la mexicana Ximena Sariñana:

—Todo esto ha sido paulatino, pero siempre fue un objetivo —aclara Nusser tan convencido como un vocero—. Astro siempre se ha forjado proponiendo objetivos, pero todos esos objetivos están sobre un terreno ciego y es súper escéptica la manera de planear algo. Por eso las cosas, quizá por suerte o por mérito, yo creo que por mérito, han llegado a ese puerto que hemos buscado.

Nusser responde las preguntas con un discurso bien armado, pausado y relajado. Casi siempre va directo a una idea fuerza premeditada. A veces, se extiende de más.

—Nosotros nunca le tuvimos miedo a acercarnos a un camino mainstream, siempre que no cambie la manera en que tocamos nuestra música —dice sobre la estrategia de Astro, que no da puntada sin hilo—. Si quieres ganar plata y que te vaya bien en esto, tienes que ser del gusto musical de muchísima gente, y para eso, al menos en Chile, hay que hacer música que yo no quiero hacer. La única manera de hacer la música que me gusta es intentar entrar a los nichos indie afuera y armar una red global con esos nichos.

***

Lisergia, drogas naturales y dioses hindúes. Flora y fauna borrando los márgenes de la gravedad y también de la realidad. Así son las letras de esta banda que invita a surfear con vela y perderse en manglares llenos de animales.

—Me gustaría aprender a ser mejor letrista —dice Nusser, más reflexivo, perdiendo la mirada en alguna azotea—. Hasta el momento ha sido correcto lo que se ha hecho para el trabajo musical y para el crecimiento que ha tenido la banda, pero de aquí en adelante tengo una responsabilidad mucho más heavy como letrista, porque a veces sí se logran cosas interesantes y muchas son en canciones donde no hay muchas palabras.

Astro

«Las druidas fueron a pintar / de color a cinco víboras / que eran negras y ahora / tienen flores en la cara / de esas frutales que encandilan / los ojos cuando te das vuelta / reseteando la vida / y que todo vuelva a empezar», dice la letra de “Manglares”.

astro-astro«Tenemos ganas de correr / hasta implotar en un oso / y brillar y bailar y jugar con dios / y cambiar de ciervo a flor y de flor a dios», cantan en “Ciervos”, un tema que saluda a la letra de “El Ciclón” de Café Tacvba.

—Son parte de un ideario propio –aclara—. En algún momento me enseñaron que sí se podían escribir letras entretenidas en castellano y me influencié mucho de Spinetta, hace unos años, con [el disco] Silver sorgo (2001) y también [sus bandas] Pescado rabioso y Almendra, pero después de eso nunca tuve un referente. En el colegio tenía un profe que nos recomendaba muy buena literatura, era todo en la veta García Márquez y fue súper cool conocer la novela latinoamericana y la parte mágica y surrealista que tenía.

Hace unas semanas, en la SCD Bellavista, el perro Kafka, el clásico quiltro chileno de tamaño mediano, lomo negro y patas cafés, se subió al escenario en medio de un concierto de Astro.

—Kafka, sin entrar en cliché, es como mi mejor amigo y vive conmigo y yo vivo mucho por él. Como vivo en departamento y es un perrito de la calle, me da mucha pena que esté acá y se angustia estando acá, entonces lo saco mucho y anda conmigo para todas partes. Cuando lo he podido llevar a shows, que son los menos, es para no dejarlo en casa. Esa vez lo llevamos y esperaba que se quedara en los camarines, pero fue el primero en subir. Cuando salimos nosotros cachó que el mote era arriba y se quedó ahí.

En el living tan bien iluminado, mientras Kafka huele el neumático de una bicicleta pistera, Nusser dice que le gustaría estudiar más y que hace diez años estuvo en un taller de letras con la hermana del cantautor Nano Stern, Claudia, en la Escuela Moderna, donde estudió dos años de Composición.

—Leía harto, pero me gustaría profundizar más en eso. A mí me gusta mucho la letra de “Maestro distorsión”, que dice cinco palabras en toda la canción y tiene mucho más significado que canciones en donde digo quinientas palabras. Quizá me interesa encontrar más nortes similares a ese: que con poca información haya mejor contenido.

—¿Por qué no cantar en inglés?

—Primero, decir que a mí no me importa en qué idioma sean las letras, pero hay que ser inteligente en hacer ese crossover porque te podrías echar a perder la carrera. Podría ser que toda tu base de fans se enoje contigo. Si lo ameritara, yo lo haría. De hecho, no tengo temor, pero nuestro público ahora es el latino. A menos que lo estén pidiendo a gritos, creo que no lo haría nunca.

Luego de girar por un mes en Estados Unidos, de costa a costa y con presencia en los festivales Latin Alternative Music Conference (Nueva York) y Lollapalooza (Chicago), Astro lanzó un tema inédito a través del sitio de una bebida energética. Se trata de “Hawaii”, según Nusser, el punto intermedio» entre Astro (2011) y el nuevo disco que preparan.

—Es un ensayo error del nuevo disco, pero esto es más profundo. “Hawaii” todavía es un poco ansioso y pretencioso —aclara jugando con las expectativas.

—¿En qué está el nuevo disco?

—Hay un giro nuevo, suena más cauteloso, más inteligente. Es más parcelada la manera de hacerlo. Para mí los dos discos anteriores son un ensayo y error de la banda. Ahora recién Astro está en posición de mostrarse quizá de manera global. Este trabajo está bien encaminado y creo que va a poner a la banda de manera 100% seria en el mapa, musical y estéticamente hablando, fuera de comparaciones con nada. Tiene un norte musical muy fresco, propio y tranquilo. Hay ciertos tintes de new age, cosas medio Enya. Va a ser un disco más electrónico. Como que todavía no veo donde meterle una guitarra, ni tampoco me urge meterle una. Es un disco de sintetizadores. Van doce canciones y me gustó mucho el approach que les hice en distintos viajes mientras veníamos de la gira por Estados Unidos y de Europa.

—¿Tienes una rutina para trabajar las canciones o se van dando eventualmente?

—Tienen más que ver con una rutina. Ponte tú, para el disco nuevo, no hice canciones durante los últimos años, sino que las hice todas ahora condensadas. Me gusta partir las canciones en el proceso de producción, desde la grabación de los sintetizadores. Para mí es importante que todo eso se trabaje junto o durante el mismo proceso, que puede durar cuatro o cinco meses, pero que es la manera de mantenerse en la misma volada, porque entre año y año va cambiando mucho la cabeza y esta es una forma de mantener el hilo conductor. La letra y la melodía de voz normalmente son lo último. Siempre empezamos con los sintes. Por ejemplo, en “Ciervos”, lo primero que hice fue el teclado que hace «chin chin chin» al comienzo y de ahí se desglosó todo.

Dice que el nuevo disco todavía está en proceso y que no han completado el 20%. Que compone en teclado. Que las letras van a estar listas recién en mayo próximo.

—Mientras los chicos están montando los equipos, yo estoy tocando en el camarín con los fonos puestos. De ahí salen cosas muy buenas, demos e ideas muy básicas. Tengo grabaciones en el celu, cosas que me mandaba por mail.

Como principal compositor de la banda, Nusser se reconoce ermitaño y trabajólico, más productor que cualquier otra etiqueta.

—Los discos los hago con sintetizadores y frente al computador. Hace poco me compré un teclado chico que llevo siempre con el notebook. Mientras viajamos empecé a grabar ideas random, junté como 30 ó 40 y después marqué con colores las que me gustaban y las que no, lo que es un trabajo mucho más inteligente porque en vez de clavarte con diez canciones y pensar todo el rato en ellas, puedes partir de una génesis mucho más clara, sencillamente no trabajando lo que no va a sonar bien.

Le interesa tener el control.

Astro

—Pensamos que el disco va a estar terminado cerca de mayo para nosotros, pero no queremos ponernos un deadline. Hay que tomárselo con calma. Con “Hawaii” pasó que terminamos la mezcla seis horas antes del deadline que nos tenía RedBull, pero fue trabajar para un cliente. Por eso ahora las fechas, el control de todo, lo tenemos nosotros.

—¿Y ya están los nombres de las canciones?

—No, hay una que se podría llamar “Charlotte” porque la hicimos en ese pueblo de Estados Unidos.

***

En mayo del año pasado Andrés Nusser colgó en soundcloud un puñado de canciones suyas, armadas en solitario, bajo un nombre sacado de una montaña y un río asiático: Karakoram-Mekong.

—Durante ese momento no había que hacer ningún trabajo de Astro y me vi como un año entero sin producir nada. Entonces dije: ‘Voy hacer una cuestión en extremo experimental, que no importa si suena bien o mal, si gusta o no, que sea un piscinazo derecho a la experimentación, a descubrir cosas’. Puedo hacer diez cosas malas en esas canciones, pero una me va a quedar marcada para usar más adelante y creo que funcionó bien. Nunca pretendió ser un trabajo con algún alcance, de hecho, después de un par de meses, bajé las canciones. Por ahí está la opción de editar un vinilo más adelante, pero no tiene pretensión de ser un trabajo público.

—¿Qué es para ti el éxito?

—Es ese minuto en que entras en una bola de nieve en la que puedes realizar tus proyectos artísticos con un feedback que te deje pagarlos. Porque es imposible montar un súper show con pirotecnia, como los que te imaginas en la ducha, si no tienes como pagarlos. Yo busco esa bola de nieve, ese minuto en el que pueda sustentar un proyecto artístico.

—¿Y qué carrera artística te atrae?

—Por pelarte el cable, Wayne Coyne. Yo sé que estoy soñando, pero me encantaría que mi banda pudiera tener una carrera como los Flaming Lips o, por qué no, como Blur.

A la velocidad de Astro

Sobre el autor:

Alejandro Jofré (@rebobinars) es periodista y editor de paniko.cl.

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