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Carta abierta al Matigol

por · Mayo de 2014

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«De un equipo chileno / ha nacido el más grande / Antes fue Maradona / ahora el Mati Fernández», cantaba el estadio entero. Ya había sido campeón en la cara de la contra y bicampeón a costa del último gran Audax (Piña Villanueva y Raúl Toro comandando la locura floridana). Subcampeón de la Sudamericana, subgoleador y elegido el Mejor Jugador de América.

Matías Ariel Fernández Fernández. Cuánto peleamos por verte con la Roja. Cuántas veces imaginamos que terminarías reeditando la dupla con Valdivia, que se paseó por todo Chile goleando a medio mundo. Cuánto nos emocionamos al ver que te ibas a Europa. pese a llevar un saco de presión, 88 partidos jugados en un año y la costumbre de hacer goles que te dio el nombre más justo pero exigente del mundo: Matigol.

¿Se equivocaba la barra del Colo al tener la esperanza de que serías el más grande de todos? Seguramente, a estas alturas decir que sí no es un riesgo. No lo eres. No lo fuiste. No estuviste a esa altura. ¿Pero quién puede discutirte que, cuando te vestiste de rojo, fuiste el que más se entregó? Fuiste ese cabro talentoso y quitado de bulla, cuya versión existe en cada club, oficina, curso y casa de Chile. Ese que siempre, en su peor momento y cuando menos se espera, aparece para dejar de lado la desidia, olvidarse de los palmotazos en la espalda y cambiarte la cara. Ese que no sólo los de blanco creyeron el más grande. «A poco que debutó / Matigol, Matigol», cantaban Moisés Villarroel, Arturo Sanhueza, Kalule Meléndez y el colombiano González en el camarín de Colo Colo. Te gustaba que te cantaran esa canción. También que Gabriel Ruiz-Tagle, frente al Toluca en la semifinal de vuelta por la Sudamericana, te prestara sus lentes de contacto en el entretiempo, sólo para darte el lujo de clavarles un nuevo gol de tiro libre.

matiasfernandez

Ese flacuchento que, en el mejor partido de la Selección en eliminatorias, agarró la pelota contra los argentinos, manejó los tiempos en ausencia del casi siempre ausente Mago Valdivia, como si no fuera suficiente contigo, como si no nos hubieras conducido una clasificatoria completa hasta un mundial. Como si no hubieras metido el pase clave del primer gol tras Francia 98. Como si no hubieras sido el ícono del renacer de los chilenos vendidos al extranjero a grandes precios. Como si Alexis, Vidal, Aránguiz, Vargas y todos los que vienen abajo no te debieran nada por abrir las puertas que nos cerramos a punta de promociones a tu antítesis: Pinilla, Jiménez y cuanto borrachín farandulero poco serio osara representarnos.

De eterna decencia, prestancia, elegancia y lealtad en los recursos, nunca te vi expulsado, decirle que no a un entrenador, hacerte el lesionado o negarte a jugar por Chile, como David Pizarro. Nunca vetaste a la prensa. Tu rabia fue la mía cuando te reclamaron en tu país natal. «Me siento chileno», les dijiste a esos barsas.

Y acá estamos. Nosotros sabiendo que uno no valora lo que tiene hasta que se le lesiona del ligamento del tobillo. Como si no nos hubieras salvado a nosotros, y a ese entrenador negligente que hoy tiene Chile, cuando estábamos con el agua hasta el cogote contra Uruguay, en el Nacional el año pasado. Como si existiera alguien con tu corazón y cara de niño que nos llenara de esperanza en cada pelota parada, da lo mismo el promedio de gol. Siempre serás Matigol. Y yo siempre esperaré que explotes. Así tengas los 28 recién cumplidos de ahora, los 20 que tenías cuando te fuiste, o los 35 de tu retiro. Vistiendo de blanco, violeta, amarillo, verde o, mira lo que digo, azul. Aunque, como dijo Bielsa “siempre pasa algo, Matías”.

Quién sabe. Un amigo que te admira con el alma vio su día morir cuando supo que no vas con Chile a Brasil. Yo me emocioné cuando vi que tus compañeros te hicieron un pasillo para despedirte de la concentración. Estas noches amargas quiero soñar con que Chile ganará la Copa América del 2015. Con que llegarás en edad de volver a ilusionarnos, en las mismas canchas que te vieron motivar canciones ridículas y desproporcionadas, llenas de amor por el juego, la pelota, los tiros libres, remates de distancia, regates cortos, largos y matirabonas. Porque es tu culpa que tengamos esperanza de que de un equipo chileno salga el más grande. No se quiere a nadie por ganar: se lo quiere para ganar. Te echaremos de menos, Crá.

matigol

Sobre el autor:

Gabriel Labraña (@galabra) es editor y conductor de #MouseLT en La Tercera.

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