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Charly satánico

por · Septiembre de 2015

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charly

En unos casetes con predicaciones sobre la condición anticristiana del rock que escuché en mi adolescencia, a mediados de los 80, el pastor evangélico Eduardo Cartea afirmaba que en dos canciones de Sui Generis –”Bienvenidos al tren” y “Confesiones de invierno“– había mensajes satánicos, que podían escucharse con nitidez si uno se tomaba el trabajo de invertir la cinta. Cartea aseguraba que nuestro inconsciente captaba los mensajes, que el modo subliminal en que llegaban a nosotros era particularmente grave, dado que no teníamos la posibilidad de resistirnos. Para alertar a los creyentes, el pastor reproducía, desde un casete cuya cinta él mismo había invertido, dichos mensajes. Eran tres: en “Bienvenidos al tren”, el dúo cantaba dos frases no necesariamente satánicas pero sí, al menos, bastante oscuras: «Mátame y me voy y retorno» y «Vas vos a matar países». En “Confesiones de invierno”, la voz de Charly García proclamaba, directamente, «Morir por Satanás». Como la música también sonaba al revés, el efecto era estremecedor. Las dos canciones incluyen, en sus respectivas letras, alusiones a la condición divina. «Recoge tus cosas/ y largo de aquí/ En nombre de Cristo /no quieras seguir», comienza “Bienvenidos al tren”. «Dios es empleado en un mostrador/ da para recibir/ ¿Quién me dará un crédito, mi Señor? Solo sé sonreír», dice la letra de “Confesiones de invierno”. El mecanismo de oposición tenía sentido: al derecho hablaban de Dios: al revés, de matar y de Satanás. Sin embargo, la dicción de los artistas parecía disminuir bastante, lo cual me hizo sospechar. Si se tomaban el trabajo de grabar mensajes satánicos para que fueran escuchados invirtiendo la cinta, ¿por qué lo harían con una dicción tan precaria? El problema se resolvió cuando descubrí que, al derecho y «al revés», “Bienvenidos al tren” tenía una palabra en común y que esa palabra es casi capicúa. «Si yo no te río, pues bien mátame», dice la letra de “Bienvenidos al tren”. Si invertimos la frase, leeremos «E mátamne ibseupó y retono». Fonéticamente suena muy parecido al «Mátame y me voy y retorno» que creyó haber escuchado el pastor Cartea. Había encontrado el mecanismo, pero así y todo me volví loco con el supuesto «Vas vos a matar países», hasta que finalmente apareció. Veamos: Si invertimos una parte de la frase «Si tú eres mi dama, jamás lo sabré», escucharemos: «as ol sa majám adimse». Analicemos las vocales. Son las mismas, en el mismo orden de aparición, del supuesto «Vas vos a matar países». La sugestión hacía el resto.

Quedaba nada menos que el más satánico de todos los «mensajes satánicos»: «Morir por Satanás», en la canción “Confesiones de invierno”. Este apareció fácilmente: «Ya no paso frío», si invertimos la cinta, se convierte en «Oír fo saponash…» que no es igual pero sí bastante parecido a «Morir por Satanás». Sui Generis no había grabado ningún «mensaje satánico»: lo que escuchábamos era una mezcla de las letras al revés y la sugestión que el pastor ejercía sobre nosotros. Lo que escuchábamos era lo que el pastor creía escuchar y quería que escucháramos. El hecho tenía una explicación lógica, la anécdota había llegado a su fin.

Confesiones de invierno –el segundo álbum de Sui Generis, que incluye el tema del mismo nombre– se grabó en 1973. Seis años después –seis años muy intensos, que incluyeron la separación de Sui Generis, la formación y separación de La máquina de hacer pájaros y la formación de Serú Girán–, Bicicleta, tercer disco de Serú, incluye el tema “Encuentro con el diablo”, firmado por Charly García y David Lebón. Según contaron ambos más de una vez, la letra aludía a un encuentro de la banda con el general Roberto Eduardo Viola, el presidente que sucedió a Jorge Rafael Videla durante la última dictadura militar argentina. La música, hay que decirlo, se parecía más de lo aconsejable a “Sweet Home Alabama”, un clásico de Lynyrd Skynyrd.

Serú Girán se separó en 1982 y se reunió diez años después. En el disco de la reunión, Serú 92, la banda grabó lo que usualmente conocemos como «mensaje satánico». Durante varios momentos del tema “No puedo dejar” se escuchan unos extraños sonidos guturales: si invertimos la cinta sabremos de qué se trata: escucharemos, con absoluta nitidez y sin ningún tipo de dudas, la secuencia: «Es la peste total. Me ha muerto el corazón. Y tú sabes que mi amor yo te he dado. Ja, ja, ja. Y cuando yo llegue a mi juventud eterna moriré por el diablo». La letra del tema, al derecho y al revés, es de Charly; la voz, del baterista Óscar Moro, reprocesada por un pitch. En su momento lo llamé a Moro para preguntarle y no me dio mucha bola: me dijo que fue un chiste, que no tenía importancia, que no quería hablar del asunto. Pasó el tiempo, Moro falleció, lo entrevisté a Charly un montón de veces y nunca me acordé de preguntarle al respecto. Me olvidé de la historia. Con el tiempo llegaron Internet, las redes sociales, y así fue como entre mis contactos de Facebook quedó Gustavo Gauvry, legendario ingeniero de grabación, en cuyos míticos Estudios del Cielito se grabó el disco. Entonces le pregunté qué sabía sobre el «mensaje satánico». A través del chat de Facebook, Gauvry respondió:

—Mi interpretación es que García no quería dejar las drogas ni someterse a ningún tratamiento. De hecho ahí empezó su etapa Say no more de quilombo y destrucción, de dejar de ser el chico bueno del rock y volverse un monstruo. Tal vez por eso pusieron esa voz al revés y bajada de pitch… No lo sé. Esa fue su actitud durante todo el tiempo de la grabación y la gira, hacer bardo, como si se burlara de la reunión del grupo, de sus compañeros, de sí mismo. De todas maneras esa es mi interpretación, no digo que haya sido así. Muchas veces en las grabaciones surgen ideas que nadie explica: no es que alguien dice «Vamos a poner esto para representar aquello»… Es como un juego. Charly hizo todo lo posible por arruinar la reunión de Serú, por desmitificarla. No sé si estaba rayado con algo, o le molestaban las presiones que había con los productores y exproductores, si se había arrepentido de acceder… Estaba todo el día dado vuelta, generaba un clima feo y de hecho su aporte musical fue mínimo comparado con la etapa anterior.

La hipótesis de Gauvry suena lógica: al derecho, la letra decía que Charly no podía dejar las drogas; al revés, advertía el precio que estaba pagando («Se me ha muerto el corazón») pero pronosticaba, pese a ello, la juventud eterna, a través de una especie de pacto con el diablo similar al que —dice la leyenda— hizo el pionero del blues Robert Johnson. Han pasado 23 años desde entonces: no se puede decir que tanto trajín le haya resultado gratuito, pero García sigue entre nosotros. Y “No puedo dejar”, al derecho y al revés, es un buen tema, de lo mejorcito de aquel controvertido disco, de lo mejorcito de aquel controvertido regreso.

Charly satánico

Sobre el autor:

Daniel Riera es periodista y poeta. Autor de los libros Buenos Aires bizarro y Nuestro Vietnam y otras crónicas, entre otros. Desde 2003 edita la revista Barcelona.

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