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Cómo aprender que existe algo más que tú mismo

por · Septiembre de 2015

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Lo primero que llama la atención de Nadie sabe por qué estamos aquí, el primer volumen de ensayos del escritor estadounidense Tao Lin, traducido al español y publicado por Los libros de La Mujer Rota, es el tono: parece dejar de lado lo confesional, como poniendo una barrera entre su ficción y no-ficción.

En esa dirección el libro funciona como una mixtura de experiencias, horas perdidas en Internet, notas en el teléfono, posibles entradas de blogs, lecturas e información sentimental y cinematográfica. El autor de Taipéi (2013) pone distancia de su propia figura y disecciona temas que lo obsesionan: desde Koko la gorila que habla, pasando por el futuro de la novela y Ryu Murakami, hasta la indiferencia del universo y su propia figura perfilada desde la voz de un periodista ficticio.

Alguna vez, Rodrigo Fresán escribió en Página/12: «Tao Lin no parece creer que exista nada más ni nadie más que sí mismo: cuando sea grande, Tao Lin quisiera ser como un Tao Lin más grande todavía, más grande de lo que ya es para muchos, demasiados». Los dieciocho ensayos de la recopilación parecen ir en la dirección contraria.

En “Los niveles de grandeza que un escritor de ficción puede lograr en Norteamérica. De menor a mayor”, Lin construye su propio canon literario ordenando autores en grupos que van desde los «ciempiés en la oscuridad» a «avión caza F16 disparando misiles a una choza en Iraq, mientras alguien adentro caga en un agujero tratando de leer una copia de El lamento de Portnoy, que por accidente fue lanzado desde el aire hace 10 años en Afganistán». Sobre Noah Cicero, otro de los nombres destacados de la Alt Lit, ensaya: «Obtiene más críticas en su blog en media semana que lo que puede vender en libros durante cinco años».

“Beberemos nuestro café y completaremos nuestras novelas y nos acostaremos en la luz del sol y nos sentaremos en la oscuridad”, otro de los textos del libro, se puede leer como un retrato íntimo sobre una pareja de su generación. Desvergonzado. Plagado de rituales y gestos que solo existen cuando se está en pareja. A ratos, parecen escenas sacadas de Mumblecore (2011), la película que dirigió junto a su ex esposa Megan Boyle.

“Gran novelista americano” es distinto. Ingresa de lleno en su figura haciendo un autoperfil escrito en tercera persona, mientras su formación periodística en la Universidad de Nueva York y la burla autoconsciente de su propia biografía se filtra a borbotones: «Uno de los humanos que están mirando al grupo de hámsters es Tao Lin, un miembro de otra especie que probablemente manifestará una cierta molestia a una persona que está pasando la aspiradora: el novelista americano (…) En la biblioteca, en una habitación de 24 computadoras Macintosh, observo que el estilo de Lin de navegar en Internet es muy ineficiente, centrada en la actualización casi indiscriminada y sin sentido de los sitios web».

En “Cómo dar una lectura drogado con hongos” aparece el terror paranoico de un mal viaje en medio de la presentación de Richard Yates (2010), su segunda novela, como una versión más sombría y sumisa de Hunter S. Thompson. Escribe Lin: «Obsesionarte en si deberías sentirte aterrado o no. ¿Acabas de actuar como un loco? Piensa en ‘Hunter S. Thompson’ y distraídamente, siente la belleza de la película Aliens. Considera la posibilidad de decir: ‘¿está malo el micrófono, o se trata de los hongos?’ antes de que se den cuenta, y con una actitud de alarma y un pequeño sentimiento de soledad, ya que el público no sabe que estás drogado con hongos».

En “Final Fantasy III”, un ensayo de cuatro mil palabras sobre Japón —con la presión del deadline sobre la cabeza— termina siendo un compilado de ideas vagas sobre el país nipón, pero un tratado luminoso de aprendizaje sobre sus padres. «No recuerdo lo que decían las cartas. Recuerdo haber leído en una habitación soleada, sentado en un piso alfombrado, consciente, en algún grado, con emoción y nerviosismo, que estaba aprendiendo acerca de mis padres de una manera que no lo había hecho antes. Se me ocurre que tenían probablemente alrededor de la edad que tengo yo ahora, cuando ellos escribieron las cartas», recuerda.

Con un tono más directo que en su ficción, los ensayos de Nadie sabe por qué estamos aquí pueden leerse como una línea paralela en la literatura de Tao Lin, más cercana, menos robótica, con la misma resignación existencial pero sin tanta apatía. Finalmente, se trata de abrir un plano general y conectarse con algo más que con sí mismo. Esta vez, para Tao Lin hay vida allá fuera.

taolin nadiesabe

Nadie sabe por qué estamos aquí
Tao Lin (Traducción: Jorge Núñez)
Los libros de La Mujer Rota, 2015
170 p. — Ref. $7.000

Cómo aprender que existe algo más que tú mismo

Sobre el autor:

Javier Correa (@javiercorreaM) es periodista.

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