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Para una comprensión de las ideas revolucionarias

por · Septiembre de 2021

Se reedita (con prólogo de Vargas Llosa) un clásico de la historia intelectual escrito por un crítico literario, Edmund Wilson, quien estudia las ideas revolucionarias desde Francia a Rusia. El libro lo comentó, al aparecer, alguien que participó en la Revolución Rusa y, más tarde, fue uno de los grandes críticos de Stalin.

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Por Boris Souvarine
Traducción: Patricio Tapia 

 

A principios de nuestro siglo XX, Albert Sorel, muchos años después de Michelet, redescubrió a Vico e intentó conferirle una importancia retrospectiva o póstuma. La excelente obra del señor Edmund Wilson sobre el papel del hombre en la historia comienza con Vico y termina en la estación de Finlandia en Petrogrado (o San Petersburgo), desde cuya plataforma, en 1917, Lenin se lanzó tan confiadamente a la toma del poder.

Las intuiciones de Vico indiscutiblemente orientaron el pensamiento de Michelet y enriquecieron su obra, pero es difícil de percibir en los capítulos que el señor Wilson dedica sucesivamente a Renan, Taine, Anatole France, Babeuf, Saint-Simon, Fourier, Owen, Enfantin y, finalmente, Marx y Engels, Lassalle y Bakunin, una transmisión que conecte al filósofo italiano con el revolucionario ruso. No se encuentra, ni siquiera en Michelet, la concepción trascendental de Vico de las tres edades de la humanidad, como se redescubre, bajo la simplificación de Lenin, en la “concepción materialista de la historia” de Marx. Es evidente, sin embargo, que el señor Wilson era consciente de una solución de continuidad, pues al final de su libro siente la necesidad de enunciar en varias líneas por qué y cómo él asocia el pensamiento de Vico con la acción de Lenin.

Esto no disminuye, en lo más mínimo, el gran valor de los bocetos biográficos-históricos reunidos por el autor bajo este título inesperado, que muestran una vasta cultura y un profundo conocimiento de los reformadores sociales del siglo XIX, un período que él ha extendido desde Babeuf hasta Lenin, es decir, desde el día siguiente de la Revolución Francesa hasta la víspera de la Revolución Rusa. Ciertamente, en esta obra no faltan temas debatibles, y los especialistas encontrarán en ella muchos temas para la controversia. Pero para el gran público al que va dirigido, el factor esencial es que el señor Wilson ha demostrado tanto una habilidad poco común como una precepción amable de sus personajes, sin la cual no es posible una verdadera comprensión.

Solo la tercera parte de la obra, de poco más de unas cien páginas, está dedicada a Lenin y Trotski. El autor trata, principalmente, de los años de juventud y aprendizaje de ambos, de su desarrollo intelectual y su preparación para los grandes roles históricos que fueron llamados a desempeñar. Lo hace con tal riqueza de detalles sobre sus vidas privadas que no siempre se puede seguir la tendencia de la narrativa que parece implicar un argumento a favor de una tesis definida. Muchos de estos detalles, por justificables que sean, parecen superfluos cuando inevitablemente evocan en el lector preguntas que el autor deja sin respuesta; preguntas, además, suscitadas por el vívido interés del libro. ¿No habrían asumido Lenin y Trotski el liderazgo de la Revolución Rusa incluso si ellos no hubieran sido tan profundamente influenciados por Marx y Engels? ¿Quién sabe si el giro de los acontecimientos no habría sido más beneficioso para Rusia y para toda la humanidad bajo líderes —Lenin, Trotski u otros— que hubieran estado libres de teorías dogmáticas?

Se podrían argumentar indefinidamente estas y otras cuestiones implícitas en el libro del señor Wilson; pero argumentos de este tipo siempre corren el riesgo de dejarlo a uno insatisfecho. En todo caso, es difícilmente necesario afirmar que “Hacia la estación de Finlandia” puede situarse entre las mejores obras relativas al marxismo y al bolchevismo. Un libro así es un honor tanto para su autor como para el país en el que fue publicado, y más aún incluso por el contraste que ofrece con las obras triviales producidas, durante los últimos años, por los apologistas y detractores europeos del marxismo y el bolchevismo.

Artículo aparecido en “Russian Review” 1-1 (1941).

Para una comprensión de las ideas revolucionarias

Sobre el autor:

PANIKO.cl (@paniko)

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