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Deftones en Lolla: que esta noche nunca acabe

por · Marzo de 2026

El vínculo con Deftones es intenso y desmedido, a estas alturas se sabe pero si no lo sabes, así es. Exagerado, como estas líneas.

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Imagínate haciendo simultáneamente las siguientes fuerzas, apretado como en hora punta:

En los dedos de los pies para, al mismo tiempo, mantenerte de pie, y también reaccionando rápido para dar pasos cortitos hacia adelante, al costado y hacia atrás, con firmeza, pero también flexibilidad. En las piernas, doblando las rodillas a tiempo para no perder el equilibrio y también para saltar. El torso apretado para resistir codazos y bloquear intentos de adelantamiento. Los brazos, haciendo el trabajo duro, empujando y resistiendo los cuerpos que se pegan desde la izquierda, derecha, adelante y atrás.

Todo eso, durante una hora y quince minutos de concierto. A esto hay que sumarle 3 o 4 horas de estar simplemente parado en una posición casi militar, cerca de la reja, mirando en el cielo como la tarde avanza lentamente y la luz del día se empieza a apagar y la ansiedad se empieza a encender.

Todo eso, que para alguien normal podría ser algo parecido a una tortura medieval, para una persona fanática de Deftones es exactamente el lugar donde quiere y necesita estar. Una situación de la cual cualquiera querría huir, pero que al contrario, nos tiene intentando, forcejeando para, estar como sea más cerca del escenario, lo más cerca posible, como una polilla hacia la luz, hasta incinerarse.

El vínculo con Deftones es intenso y desmedido, a estas alturas se sabe pero si no lo sabes, así es. Exagerado, como estas líneas. La gente que está en el espacio anteriormente descrito, en ese horno caótico, entra en un estado que se podría calificar de éxtasis, un territorio mental y físico entre la introspección, la agresividad, la tensión, la ternura, la melancolía, la excitación y sobre todo una alegría frenética, gritona, desorbitada.

Deftones en Lollapalooza

Esta fue la cuarta vez de Deftones en Chile, pero uno podría contar seis, sumando esa completa locura que fueron los tres días seguidos que tocaron en el teatro Coliseo el 2018. Podría agregarse un semi siete, agregando el milagro de Crosses en Lolla el 2012.

Desde la primera vez que vinieron, el 2000, han pasado una infinidad de cosas en la banda, porque claro son 26 años. La más relevante es la trágica muerte de Chi Cheng, bajista y fundador del grupo. Luego, la rara decisión del guitarrista y fundador Stephen Carpenter de no subirse más a un avión y solamente tocar en las fechas de Estados Unidos forzando al grupo a salir de gira con una alineación alternativa. Ambos embates fueron resistidos resilientemente por la banda. Lo más reciente: la sobriedad del cantante Chino Moreno, que fue clave para o al menos coincidente con el momento de mayor reconocimiento masivo del grupo, con el disco Private Music.

Ese es el disco que por supuesto están presentando además de una selección de canciones de sus 9 discos anteriores, así que aunque tocaran 5 horas sería imposible que tocaran todas las que queremos escuchar.

En 26 años ha pasado la vida. Y en un universo donde las personas entran y salen de nuestros ecosistemas, donde todo los afectos son mutantes, Deftones se mantiene inmanente. Aunque en la realidad todo tiene un condicional, Deftones es un amor incondicional.

En mi caso, si me lo permiten, la primera vez que los vi, ese distorsionado 2000, tenía 17 o 18 años. Ahora figuro ahí en Lollapalooooza luchando por mi supervivencia en medio de una lavadora de cuerpos sudados, junto a mi hijo que tiene 19. Esa dinámica intergeneracional se repetía en el público como prueba incuestionable de que Deftones logró el objetivo que comunicaban en sus primeras entrevistas, a finales de los noventa: trascender y hacer música longeva.

Lo consiguieron contra vientos huracanados y marejadas y lo que ocurrió en Lollapalooza 2026 fue una celebración psicótica de aquello tan lindo. Las visuales que mezclaban la fuerza de la naturaleza con imaginería sacra eran el marco perfecto para el culto. 

Entre el público, tantas y tantos que también llegaron, desde el 2000 al 2026, ni tan sanos ni tan a salvo, pero ahí están, forzando al límite cada una de sus cuerdas vocales, músculos y tendones, deseando que esa noche no acabe nunca.

Deftones en Lolla: que esta noche nunca acabe

Sobre el autor:

Luc Gajardo (@luco)

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