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El show de los discos: Lost in Translation

por · Agosto de 2021

Entre el jetlag y los vaivenes de su relación con Spike Jonze, Sofia Coppola escribió los primeros apuntes de Charlotte y John, mientras el músico Brian Reitzell le enviaba canciones que ayudaron a delinear la película.

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Con la firma de Brian Reitzell, responsable de los scores de Marie Antoinette y Black Mirror, la banda sonora de Lost in Translation es parte fundamental del barniz de nostalgia y ensueño que evoca la película. 

Todo comenzó más o menos atado a la experiencia. Después de abandonar la universidad, Sofia Coppola todavía no era Sofia Coppola sino una fotógrafa de modas que se ganaba la vida en Tokio, la ciudad que inspiró El Imperio de los signos de Barthes. 

Varios años después, cuando por fin debutó como cineasta, Coppola volvió y se alojó en el Park Hyatt de la capital japonesa para promocionar la que sería su primera película: The Virgin Suicides

Entre la abulia y el jetlag y los vaivenes de su relación con Spike Jonze, Sofia escribió los primeros apuntes de Charlotte (Scarlett Johansson) y John (Giovanni Ribisi), los protagonistas de su siguiente filme.

Sofia Coppola y Spike Jonze

Reitzell se volvió cómplice de la escritura de un modo tangencial: le enviaba bocetos de dream pop y canciones que también sirvieron para delinear el tono de la película.

Así, la historia de una pareja platónica o romántica (aunque sin la consumación sexual de sus protagonistas), se narraba también desde una banda sonora llena de nostalgia y la borrachera de ciertas emociones que se podrían situar en eso que podríamos llamar “la belleza de la tristeza”.

El año que se lanzó Lost in Translation, la relación de Coppola y Jonze se estancaba en un cisma, aquel sino que acabaría por distanciarlos definitivamente. Lo que podría explicar lo personal de las canciones que aportan el músico inglés Squarepusher, el pianista francés Sébastien Tellier o el influyente guitarrista y productor irlandés Kevin Shields.

Charlotte y John en modo karaoke

Entre medio, conversan con los japoneses Happy End, Air o The Jesus & Mary Chain, y la mezcla es fantástica. Una BSO como el retrato de un estado de ánimo sin las imágenes del cine. Canciones sobre dos huéspedes en un país con el que no podían comunicarse, con la estética de Coppola tan bien resumida desde las fotografías del disco, en un curioso acercamiento a la cultura japonesa, como el mítico libro de Barthes.

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Sobre el autor:

Justiniano

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