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El último esfuerzo de Zurita

por · Noviembre de 2012

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Acaba de hacer noticia con su traducción de Hamlet, que se estrenará en un montaje de Gustavo Meza, aunque hace dos meses ya había acaparado la atención con el resurgimiento en su faceta de artista visual en la feria Ch.ACO.

En esta entrevista, Raúl Zurita entrega detalles de esa intervención artística; además de sus apreciaciones de la coyuntura política y lo que significó la escritura de Zurita (2011), un coloso poético que completa más de 700 páginas, y que define como su «máximo esfuerzo como ser humano y como artista».

// Entrevista León Álamos • Fotografías: Trazo mi ciudad.

Lo primero que me interesa conversar, tiene que ver con la reaparición en septiembre de su trabajo en el terreno de la intervención artística, entendiendo que su labor ha desbordado el formato libro y ha derivado al campo de las acciones de arte. Lo que leí en una breve nota de prensa, decía relación con los poemas de “Diálogos de Chile”, que aparecen en la última parte de su reciente libro Zurita. Me gustaría que me contara más en específico: ¿dónde se hizo, cómo se realizó y cómo surgió esta intervención?
—La idea fue de un artista visual que se llama Fernando Prats, que vive en Barcelona y se hizo en unos galpones muy impresionantes de la Diego Portales. Esos «Verás…», son de un proyecto que yo tengo, que es escribir veintidós frases sobre los acantilados, cosa que es bien difícil. Entonces Prats, que trabaja con papeles ahumados y va grabando cosas, me propuso esto y me pareció súper interesante, o sea contrastar esa imagen de sueño que es permanente con algo absolutamente efímero, que desaparece, que son las palomas, borrando las letras. Y lo asocié con una escritura que hice en el cielo en Nueva York el año 1982, que también era una cosa que se iba borrando.

Ahora, en lo que yo he hecho, nunca me he confinado a una forma, sino que a las formas que vayan siendo necesarias, que sienta necesarias. Desde que fui formador junto a otros del CADA (Colectivo de Acciones de Arte) nunca entendí bien esta parcelación de lo que podemos llamar la creatividad. Mi forma fundamental es la poesía y es el libro, pero también puedo ampliar ese registro en la manera que lo necesite. Ahora, esta idea de mi amigo Fernando Prats, como soy un gran admirador de él y de su trabajo, me encantó y lo hicimos, y se presentó en una feria que se llama Ch.ACO, y ahora sale para afuera y todo. Va a seguir su curso el video, que parece que es muy bueno. Ahora, una vez hecho no lo sigo. Nunca he seguido la trayectoria de algo.

Tomando en cuenta que esos «Verás» de la intervención están relacionados con la última parte de Zurita, me gustaría ya entrar en materia de este libro de 700 y tantas páginas. Debo aclarar que a pesar de que el formato lírico me parecía algo más ligero en su lectura, lo encontré devastador, sobre todo en esa trasposición o identificación de los cuerpos con el paisaje. Quisiera que me contara cuánto tiempo le tomó, qué le significó esta suma poética que deja ver partes de Purgatorio (1979), cosas que estaban en Cuadernos de guerra (2009)…
—Como libro se empezó el año 2002 en Berlín y lo terminé ocho o nueve años después. Yo parto del dato elemental de mi vida. Siempre he tratado de hacerlo así, o sea, en lo único en lo cual tengo alguna certeza es sobre mi existencia y sobre lo que me pasa. Se llama Zurita, primero que nada, no porque crea que mi nombre tenga algo especial, sino porque es mi dato de referencia. Yo pienso que si uno pudiera llegar al fondo de sí mismo, pero sin autocompasión, sin falsa solidaridad, es posible que se encuentre con el fondo de casi todos los seres humanos. Los hombres y las mujeres no somos mucho más que distintas metáforas de lo mismo, y que de tanto en tanto, entre eso surgen monstruos, tipos asesinos monstruosos, pero que son parte de esta —a veces— horrible humanidad. Entonces imaginé un recorrido de un día que para mí es central, que es el día del golpe de Estado; entonces que fuese el atardecer, la noche y el amanecer. Un amanecer que es en el fondo un amanecer absolutamente feroz, porque es el amanecer del golpe. No es un amanecer en el sentido de lo luminoso, sino que es una luminosidad de la tragedia y una luminosidad del mar.

Ahora, ¿por qué parto de mi existencia?, porque también ese libro en un principio se iba a llamar “Zurita tu vida derrumbándose”, entonces esta entrada ya de frentón en el terreno de tu propia finitud, de tu muerte. Yo creo que hay dos posturas para alguien que trabaja en el arte: o eres joven o eres un viejo. Esas son las dos poses en la vida; entonces, yo creo que mi juventud se cierra con La vida nueva (1994), ese libro cierra una etapa, lo termino a los cuarenta y tantos, ya mi juventud había pasado hace rato, y ahí cierro lo que podría ser La vida nueva, o sea, una vida que comienza, y de ahí en adelante me toca dar cuenta de una vida que se apaga, una vida que tiene la idea de la muerte como un horizonte inminente, no porque tenga alguna enfermedad mortal ni nada, pero es inminente como pasa el tiempo. Voy a hacer así, y voy a estar dando el último suspiro. Entonces todos los libros que escribí entremedio eran parte de esto: los Cuadernos de guerra (2009), In Memoriam (2008), Los países muertos (2006), todo eso lo iba sacando, y lo iba sacando porque también me era angustioso trabajar en esta cosa que acumulaba 800 páginas y saber que no estaba terminada. Entonces, con un editor, que es mi gran amigo Adán Méndez, sacábamos pedazos, sacaba en 20 minutos un libro, lo sacaba y armaba una unidad. La verdad es que siempre tuvieron una distribución dentro de este libro. Entonces, cuando se cita Purgatorio (1979) y aparecen pedazos de Purgatorio, aparecen en una parte y aparecen como ruinas, fragmentos, pedazos de los libros anteriores al 2000, aparecen citados, pero como quien recorre las ruinas del Cuzco o de Roma, alguien que ve sus propias ruinas; entonces fue mi máximo esfuerzo como ser humano y como artista por dar cuenta de una vida en concreto.

Lo otro que me llama la atención del libro es el diseño, la estructura, absolutamente simétrica, una síntesis casi matemática de la visualidad. ¿Cómo se llega a eso?
—Yo creo que tiene que ver el hecho de que yo haya estudiado ingeniería. Pero creo que más que eso es la presencia de La divina comedia, que es para mí el más grande poema humano, el más perfecto. Es un poema de una simetría: el Infierno, Purgatorio, Paraíso; los tres poemas terminan en la palabra estrella. Entonces, ese como modelo, como estructura, es algo que nunca me he podido sacar de la cabeza, no he podido sino tratar de imitarlo. Zurita también tiene una estructura que es casi perfecta: 11 y 11, más o menos el mismo número de páginas… Y tengo otro modelo ideal, que es el Ulises de James Joyce, que es la obra más revolucionaria del siglo XX, lejos, la más vanguardista; y sin embargo, su estructura está basada en la obra más arcaica, que es La Odisea; es una reescritura de La Odisea, una Odisea del siglo XX.

Esa mirada, esa especie de amplitud de vista que abarca La divina comedia, resume dos mil años de escritura, desde Homero. Ulises es la síntesis de un viaje de casi 2700 años, entonces esas estructuras están validadas por la historia y la cultura, por la historia de la literatura y la poesía, y a mí me impresionan mucho. Yo creo que la poesía, la vida del poema, se quedó atrás del mundo. Si revisas toneladas y toneladas de poesía autista, poesía del yo, yo, yo; mi soledad y mi angustia. Creo que si llegara un extraterrestre a la Tierra y su única información fueran los libros de poesía, lo más probable es que llegue a la conclusión de que aquí no ha pasado absolutamente nada. Creo que la poesía es algo que se quedó detrás del mundo y que definitivamente está muriendo, pero ha sido un gran arte, que, si está muriendo, lo haga por lo menos con una cierta grandeza. Los poetas bajaron del Olimpo, dice Nicanor, perfecto, ya se dieron sus buenas vacaciones, ya farrearon bastante, ya se lo chuparon todo, ahora de vuelta al Olimpo a entonar los últimos cantos de un arte que muere.

Leí en una nota que después de Zurita había quedado absolutamente en blanco y que probablemente sería lo último que escribiría. Con un año de distancia, ¿sigue pensando lo mismo?
—Empecé a traducir La divina comedia, en tercetos, con rima y todo. Pero mi obra, lo que yo tenía que hacer, siento que lo hice. Buena, mala, mediana, mediocre, no sé, pero lo hice. Eso no quita que pueda escribir todavía un par de libros si es que se me ocurre, pero siempre lo que me tocó decir, lo dije. Ahora es muy probable que escriba un libro sobre la época del Colectivo Acciones de Arte, un libro que abarca cuatro años, y que se llamaría “Pequeños tipos rotos en un pequeño país roto”, que es una frase del Zurita. Eso estoy como empezando a imaginármelo.

¿Más tipo ensayo?
—Tipo ensayo, como un testimonio de años que fueron muy increíbles, muy fuertes, que están en el Zurita. Sería como agrandar un pequeño capítulo. En el Zurita ocupan cuatro líneas, tal vez pondría algunos lentes de aumento… lo que más me interesaría hacer es eso, pero en el entendido que serían como ampliaciones de algo que ya está hecho. En el sentido nuevo ya está bien, no me espera nada rigurosamente nuevo. Eso se acabó.

Retomando el tema de las acciones de arte, ¿se enteró de la intervención que hizo un grupo de jóvenes en el Estadio Nacional el día de la elección municipal?, ¿qué le pareció?
—Me pareció, primero, profundamente legítima. Me pareció bien, me pareció fuerte; ahora como crítico de performance, no sé. Encontré (silencio) algo le faltó y no sé qué. Si hubieran habido mil tipos arrodillados con las manos en la nuca hubiese sido impresionante, y no eran mil tipos. Hubiese sido más impactante. Pero bravo, ¡bravo!

¿Cuál es su relación con los poetas jóvenes?
—A mí me interesó mucho un grupo de poetas: te estoy hablando de Héctor Hernández Montecinos, Pablo Paredes, Felipe Ruiz, Diego Ramírez, Paula Ilabaca, Gladys González, que tuvieron una emergencia pero rotunda, muy impresionante. Hay un poema de Héctor Hernández, “Las nobles verdades del amanecer”, que creo que es un poema para siempre, un gran poema que rescata un momento de la historia de Chile; el poema “Cuidado con el perro quiltro”, de Pablo Paredes; “El baile de los niños”, de Diego Ramírez; “La ciudad Lucía”, de Paula Ilabaca; los poemas de “La Gran Avenida”, de Gladys González, los poemas de Felipe Ruiz, en fin. Creo que de ellos se puede esperar realmente cosas muy impresionantes como artistas, ahora de esa admiración inicial que me llevó a sacarles a una antología y que sigo sintiendo una gran admiración, creo que están en un… bueno, Pablo está haciendo obras de teatro y le ha ido súper bien, sé que van a retomar la gran creación, pero por el momento digamos que están suspendidos, estoy un poco a la espera.

Así cómo está suspendida esa generación que usted dice, ¿siente que está suspendida un poco la política en el país?
—Creo que hay algo muy impresionante, la elección municipal con cerca de un 60% de abstención, nos dice que hay algo que definitivamente no se está leyendo bien. Y me alegro, me alegro de algunos triunfos muy emblemáticos, no dejo de alegrarme que ese 40% haya —en general— atinado, porque había que ver la diferencia de medios entre las publicidades de los fascistas y la otra. Sin embargo, hay algo que está profundamente mal, la llamada clase política es demasiado autocomplaciente. Ellos hablan entre ellos, se miran entre ellos, se celebran los chistes entre ellos. Ayer fui a un lanzamiento, fui porque fui a ver un amigo, pero a la Feria del libro no voy porque me deprime, es una cosa muerta; había un amigo norteamericano que se llama Ilan Stavans y justo después de eso venían los chicos de la Concertación y los escuchaba; los escuchaba con su autocomplacencia, con su autorreferencia, con su mundo un poco de Bilz y Pap, y decía «estos tipos no están leyendo nada». Están en un mundo glamoroso, divertido, insustancial.

¿Estamos frente a demasiada inorgánica en torno a esto de los movimientos, que no logran articularse y generar un tipo de propuesta más grande?
—Hay una propuesta a través del movimiento de los jóvenes, las manifestaciones del 2011 fueron muy impresionantes. Sin duda que ahí recomenzó algo. Después de cuarenta años recomenzó algo. Siento que en muchos de ellos hay una cosa un poco frívola, muy típicamente juvenil, que es el desconocer la historia. Y eso lo vi mucho en los chicos de los secundarios con la cosa de llamar a funar la elección. O sea, hagámonos cargo de las palabras. Funar es impedir la elección. No bravuconee, si estás dispuesto a hacerlo, estás dispuesto también a que, como los militares son los jefes de plaza, se produzca una masacre. Todos los que tenemos una mínima conciencia de la historia sabemos que no puedes bravuconear si no tienes respaldo. Eso, entiendo que no hay caso. Tú puedes echar toda la experiencia a un tipo de 14, 15 ó 17 años y no va a transar. Es nada más que un pataleo. Va a hacer y va a cometer probablemente errores muy análogos a los que cometimos nosotros, pero por lo menos empezó algo. Empezó algo con fuerza, con creatividad; algo muy entusiasmante y creo que no se va a detener. También creo que hay muy pocas cosas de las elecciones municipales que están sintonizando un poco con eso. Creo que fueron ciertas candidaturas, desde las llamadas redes sociales, capaz de tener una cosa creativa. Lo que agradezco al movimiento estudiantil es haber traído de nuevo la creatividad a la calle.

Ya para cerrar, algo que dice relación con la muerte y el paisaje. Supe de su visita a la isla Juan Fernández el mismo día del accidente del avión Casa 212.
—Sí, se cayó el avión una hora después que aterrizamos nosotros en el mismo lugar. Iban los dos aviones juntos. Bueno, fue una visita muy corta finalmente, bastante trágica porque es muy distinto a cuando tú escuchas una noticia que dice «se cayó un avión». De todas maneras te impacta; a ver, ahí en el mismo lugar en que cayó y está la hermana de uno de los que iba en el avión. Entonces… ¡Qué diablos!

¿Y había ido a Juan Fernández antes?
—No. La isla es una maravilla es una cosa increíble. Una de las cosas más fuertes que he visto. Los acantilados están cortados a hachazos, de una fuerza impresionante. Como la costa del norte de Chile, que también es impresionante, donde el desierto se junta con el Pacífico. Pero está marcado por eso, por esa caída del avión. Quería escribir un texto sobre eso, en la isla, no sé si lo haré algún día, tendría que hablar del avión.

***

Diálogo de Chile

Verás un mar de piedras
Verás margaritas en el mar
Verás un Dios de hambre
Verás el hambre
Verás figuras como flores
Verás un desierto
Verás el mar en el desierto
Verás tu odio
Verás un país de sed
Verás acantilados de agua
Verás nombres en fuga
Verás la sed
Verás amores en fuga
Verás el poco amor
Verás flores como piedras
Verás sus ojos en fuga
Verás cumbres
Verás margaritas en las cumbres
Verás un día blanco
Verás que se va
Verás no ver
Y llorarás

El último esfuerzo de Zurita

Sobre el autor:

León Álamos

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