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Elogio de Batman v Superman

por · Marzo de 2016

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La primera función de Batman v Superman en Chile duró dos horas y media. Gabriel Rodríguez, el primer y único chileno en dibujar a Superman para DC Comics, se puso de pie y abandonó la sala media hora antes de los créditos. «Me aburrí de que como espectador me trataran como imbécil. No me fui triste, me fui ofendido», explicó más tarde en su cuenta de Twitter.

Medible e indesmentible, el combo más barato de cabritas, bebida y papas fritas es de cinco mil pesos. Pagable o no, tiene un valor tangible. Batman v Superman, la película de superhéroes más ambiciosa en el género, de una épica impensada y fiel al público de las historietas, se ha sometido a una medida universal, como los combos del cine: basureada por la crítica, al menos desde los medios parece poco rentable pagar una entrada por ir a verla.

Los piedrazos han incluido jugo podrido desde páginas que buscan ser intermediarias, como Rotten Tomatoes, o desaires de voces autorizadas como la de Rodríguez. Ahora, ¿es Batman v Superman una mala película? ¿Vale la pena pagar una entrada por verla? De partida, se trata de la película que más se desafía a sí misma en el floreciente y no siempre virtuoso cine de superhéroes. Es un filme hecho por fanáticos, para fanáticos, salpicado de citas a obras claves del cómic y escenas que veinte años atrás eran imposibles de imaginar en una pantalla tan grande como las IMAX.

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Nunca antes una película de Batman, el superhéroe más popular de todos los tiempos, mostró de manera más sublime el asesinato de sus padres, los Wayne. Tras ver The mask of Zorro en el cine, la pareja recibe los conocidos balazos mortales de Joe Chill, un maleante de la vieja Gotham. La cámara lenta del director de Watchmen vuelve en gloria y majestad para graficar el asesinato a sangre fría de dos adultos y el origen de un trauma central en la vida de otro.

Si rebobinamos hasta Man of Steel (2013), la primera película con todos los personajes del universo DC Comics en pantalla, recordamos que arrastró un montón de problemas de cohesión narrativa, un guión insuficiente escrito por David S. Goyer (también guionista de Batman v Superman) y actuaciones sin amor por los personajes. Una acusación que también recayó sobre el director Zack Snyder, quien fue señalado por los más fanáticos de Superman como un calcetinero de Batman; como alguien que solamente buscaba réditos económicos acercándose a El hombre de acero.

Man of steel, que contaba los orígenes de Superman, finaliza con una batalla sacada de Dragon Ball Z, en Metrópolis, entre el General Zod y Kal-El. Batman v Superman toma la posta con la perspectiva humana de ese conflicto, en los ojos del Bruce Wayne de Ben Affleck y una secuencia que guiña al 9/11 y muestra a Batman entre los escombros dispuesto a ensuciarse las manos.

Es un hecho que DC Comics quiere una tajada de la torta millonaria en que se han transformado este tipo de películas, los nuevos western. Pero Batman v Superman ofrece mucho más que sospechas y cálculos comerciales. La emoción que uno podía encontrar en películas mediocres, como cuando en la Batman & Robin (1997) de Joel Schumacher George Clooney le dice a Robin que «ahora entiende por qué Superman trabaja solo», sembrando la idea de que ambos héroes coexisten en un mismo universo; o en la Superman Returns (2006) de Bryan Singer, cuando Perry White envía a un reportero a cubrir «la masacre del payaso en Gotham»; en Batman v Superman son las patas de un monstruo ingobernable llamado trama.

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Así la Wonder Woman interpretada por Gal Gadot es la esencia del personaje: pelea como una digna princesa guerrera disfrutando cada golpe recibido y propinado, y se acerca mucho más a la encarnación femenina de Prometeo conocida por los seguidores de DC Comics, que comprenden que esta amazona representa la semilla de la violencia en la humanidad, mucho más que cualquier otro personaje femenino del mundo de las viñetas.

Lex Luthor, por su parte, es reclamado como un personaje «no canónico» por la religión del cómic, que acalla cualquier defensa al casting de Jesse Eisenberg como villano. Seamos honestos: el tipo la rompe. Tomando la herencia de lo hecho por los buenos actores que han antagonizado películas de superhéroes, Eisenberg se da maña para construir una visión personal del archienemigo de Superman, que surfea por las ideas de Chris Terrio (ganador de un Oscar por el guión de Argo) mostrando una y otra cara, compartiendo un origen común con Bruce Wayne y el odio por El hombre de acero.

Jeremy Irons interpreta las líneas de un Alfred, el mayordomo de Batman, que se esmera en caer bien, consiguiendo su cometido con astucia y saludando una que otra vez a los diálogos de Batman: the Dark Knight returns (1986), de Frank Miller. Es un soldado en la trinchera de Wayne, un personaje que en la piel de Ben Affleck asoma como un Donald Trump intentando expulsar al inmigrante Kal-El, empujado por una maquinación de Luthor, pero también por su profunda ignorancia sobre la real naturaleza del kryptoniano. Y sí, aquel Batman existe de sobremanera en los cómics: detective, soberbio y siempre al borde del exceso; alguien muy amargo y golpeado no solo por un trauma fundacional sino por los que ha recibido en adelante: un Robin muerto, una Batgirl probablemente en silla de ruedas y la soledad de los Wayne, un linaje que describe como de «cazadores» en uno de los tantos diálogos memorables con Alfred.

Los personajes de Doomsday, Darkseid y los parademonios. Las pesadillas de Batman, el cameo de los miembros de la Liga de la Justicia y algunas delicias narrativas, como la justificación del combate entre los héroes o el desenlace del mismo, justifican de sobra la entrada. Un último acto, aunque extenuante visualmente y no tan bien logrado desde el punto de vista del CGI, tiene como clímax la imagen de un soldado romano entregando un cuerpo a dos mujeres que lo esperan bajo dos cruces. La escena es memorable.

De Superman vamos a decir que paga su deuda de la película anterior, pero también que por fin es retratado como merece. El personaje de Henry Cavill es abrazado por una parte de la sociedad y venerado en una inolvidable secuencia en México durante el Día de los Muertos, siendo quizás el principal argumento que dará vida a la Liga de la Justicia. Superman ya no es un alien que fomenta la destrucción, por el contrario inspira a los humanos porque es más humano que ellos.

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Batman v Superman tiene muchas falencias, quizás porque es una película de Zack Snyder: Watchmen no fue impecable y Dawn of the Dead menos. Ni hablar de Sucker Punch o 300. Pero el director propone. No es ni por asomo Michael Bay, el titiritero de Transformers y amigo de las explosiones. No invita al cine a todos, como Joss Whedon (The Avengers) o los hermanos Russo (Captain America). Snyder propone a los que, como él, ven en cada cuadro de las películas —sus películas—, una viñeta y una pequeña historia. Snyder, amigos, cumple el sueño de ver algo que sonaba tan improbable de hacer en una pantalla grande y en un envoltorio de best seller.

Ahora, el camino del universo cohesionado de DC en el cine no necesita de películas de origen. Primero, porque tiene los personajes más populares de toda la historia del cómic y el cine, casi sin ninguna posibilidad de competencia. Luego, el subtítulo de Batman v Superman es «El origen de la justicia», lo que es en sí una promesa gigante, pero cada detalle de esta película, cada toma, contiene información de alguna viñeta.

Batman v Superman es esquizofrenia pura en la medida en que podemos odiarla como unidad narrativa. Puede calificarse como una pieza de marketing con una misión, que probablemente cumpla con facilidad sus metas económicas. Pero hay algo, escarbando en sus capas, que esconde un subtexto más contracultural que el hiperrealismo propuesto por Nolan, la candidez de los tráiler de Marvel y sus múltiples e inagotables películas sobre Ironman y otros superhéroes asociados al título; ahí les va: un fanático de cómics, amigo de Frank Miller, llega al poder junto a su esposa en una multinacional como Warner y está enviando, de menos a más, mensajes cifrados a los que son como él.

Si la providencia es justa, Batman v Superman podrá recaudar lo suficiente para que el resto de la grilla de DC Comics no sea cancelada como ya ocurrió con Justice League de George Miller, cuyo verdugo fue Nolan y su visión de Batman. A la luz de esta forma de comprender la acción, entendemos que siempre se pudo hacer algo más parecido a lo que leímos en las historietas y asociamos al alma de nuestros héroes.

Al cierre, se agradecen las correcciones y lecciones aprendidas por Zack Snyder y su fidelidad con el espíritu del papel entintado. Gracias también a Chris Terrio que corrigió el guión de Goyer, que amenazaba con ser una nueva Man of Steel. A Ben Affleck, que entrega el Batman/Bruce Wayne más fiel y bien interpretado de todos, con el permiso de Christian Bale. Y por supuesto a Batman v Superman, la película, porque arriesga todo, sin siquiera contar con el piso adecuado: tuvo una resistencia feroz al casting, el contrapeso de Marvel y la precuela de, ejem, Man of Steel. Todavía existimos algunos, muchos más de los que se ven, que creemos que valió la pena ver esta película (que aparentemente nadie quiere ver en el cine) una y otra vez. Por favor, vayan a verla.

Sobre el autor:

Gabriel Labraña (@galabra) es editor y conductor de #MouseLT en La Tercera.

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