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Érase una vez Benjamín Walker

por · Julio de 2015

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benjamin walker

Desde pequeño, Benjamín Walker (23) vio pasearse por su casa a diferentes músicos. Cecilia Echenique, su madre y una de las fundadoras de Mazapán, se encargó de contaminar sus influencias de raíz latina. A los siete años, encantado con la música que lo rodeaba, Benjamín tomó la guitarra, ese fue el germen que lo llevaría dieciséis años después a grabar Felicidad (2014). Ese primer disco, que tuvo a Manuel García como invitado, le abrió las puertas a ser parte del sonido que siempre admiró.

Antes, cuando era niño, Benjamín Walker no paraba de cantar. Para que finalmente tuviera compañía en sus improvisadas presentaciones dentro de su casa, su madre le compró un requinto (guitarra pequeña). «Le tomé clases de guitarra a los siete años y gozaba mostrando las canciones que iba aprendiendo», recuerda Echenique. Pero eso no sería suficiente para Walker. «A los ocho años lo incorporé como solista de los conciertos de Villancicos y era impresionante como crecía en los escenarios y se desenvolvía con una naturalidad como si estuviera cantando en su casa y no frente a mil personas».

Entonces, el pequeño Benjamín Walker no soltó la guitarra. Pero faltaba algo: un rumbo específico, un estilo, un sello. Una influencia musical definitiva que pronto llegaría a su casa para darle un último empujón rico en melodías. «Yo tenía once años cuando mi mamá grabó (el disco Brasil Amado) con Pedro Aznar. Yo no lo conocía todavía, había escuchado Serú Girán pero no tenía conciencia de lo potente que era Pedro», dice el músico. Aznar finalmente llegó a su casa a compartir con su familia y él aprovechó de tocarle unos temas en guitarra al argentino.

Tiempo después, luego de escuchar impresionado el trabajo de Aznar con su madre, decidió buscar información por su cuenta: «Dije quién era este argentino tan seco, empecé a investigar y ahí caché quién era Aznar y dije… chucha».

Después de eso, Walker formaría una amistad con Aznar que se mantiene hasta el día de hoy. El ex Serú Girán lo orientó hacia un rock trasandino que lo golpeó fuerte en su adolescencia: Charly García, Andrés Calamaro y una fuerte dosis de Luis Alberto Spinetta. Aunque tiene claro cuál es su mayor influencia: «Pedro Aznar es el máximo exponente, la máxima influencia. Aznar lo es todo en ese sentido, con él rayo hasta el día de hoy. Nunca dejo de descubrirlo».

Primeras composiciones

Cuando Benjamín Walker estaba entre primero y segundo medio se fue a vivir junto a su familia a Estados unidos. Su padre, el senador DC Ignacio Walker, dictaría clases en la Universidad de Princeton y él entraría a la escuela pública Princeton High School, el colegio con la mejor big band interescolar estilo Whiplash del país. Walker terminó convertido en el vocalista y segundo guitarrista de la big band de veinticinco alumnos. Viajó por toda la Costa Este compitiendo, vivió momentos cómicos: un jurado lo felicitó por su buen español al cantar “Bésame mucho”.

Aunque además, como todo extranjero en un país lejano, la soledad lo acompañó y mucho. Así tuvo tiempo para tocar la guitarra y expresar sentimientos. «Influyó estar allá más por un tema de melancolía, añoranza», reconoce Walker. Su primer tema fue “Tan solo una vez”, un bossa nova que habla de una mujer. Una excusa para extrañar a alguien en versos porque lo que realmente extrañaba era su país. Ese es otro germen de lo que vendría después.

Felicidad

Las canciones comenzaron a llegar en Estados Unidos. De vuelta en Chile, Walker no paró de escribir, pero solo una canción de Felicidad la escribió cuando estaba en la universidad; los otros temas son su inspiración escolar. Eduardo Peralta le dio otro empujón al invitarlo a sus conciertos como acompañante para poder presentar su trabajo al público del trovador.

«El común denominador de todas las canciones del disco, las influencias que tienen son por lo general música con identidad latinoamericana», dice el músico. La misma que le inculcó su madre desde pequeño. Y aunque la raíz latina se mantiene, su primer disco ofrece una paleta de sonidos que son difíciles de encasillar. Trovador, rockero, admirador del bossa nova o rapero, todas las respuestas son correctas. Si Walker tuviera que poner una etiqueta a su música la nombraría como: «folk pop, porque el disco trae de todo».

En “Tocando el suelo”, por ejemplo, mezcla rock con rap. Pero también está el mencionado bossa nova “Tan sólo una vez”. El disco abre con la trova de “Letras”. Y a la altura de “Cuando me ves” llega un sonido swing y jazz, con una guitarra improvisada del ex La Rue Morgue Federico Dannemann —también músico de Aznar y hoy parte de la banda de Pedropiedra.

Los productores fueron Fernando Julio y Camilo Salinas (Inti-Illimani Histórico) y, por si fuera poco, Manuel García hace dúo con Walker en “Daniela”, una canción dedicada a una amiga del cantautor.

A García lo conoció en una prueba de sonido: «Muy simpático y carismático. Nos fuimos a sentar afuera y hablamos de música. Me dijo que me invitaría a unos ensayos que iba a tener en Santiago y así fue».

“Felicidad” es el tema más pop del disco y fue elegido como primer single. “Sigues en mí” será su sucesor y estrenará video, dirigido por Pascal Krumm y protagonizado por Mariana Di Girólamo, este miércoles 8 de julio en la sala SCD de Bellavista.

Érase una vez Benjamín Walker

Sobre el autor:

Camilo Arellano (@CamiloPaolo).

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