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Foals y Cage The Elephant en Terminal 5

por · Junio de 2014

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Terminal 5 se encuentra a una cuadra del río Hudson en Manhattan. Cerca de donde hace unos años el piloto Chesley Sullenberger aterrizó su avión y salvó la vida de 155 de pasajeros. T5, como le apodan, es un enorme edificio de tres pisos sin estilo ni gracia destinado a conciertos. Lo bueno del lugar es que a pesar de no ser una joya de diseño interior ni arquitectura, tiene capacidad para tres mil personas, varias barras bien abastecidas, amplios baños en cada piso y una terraza para salir a refrescarse.

Durante los 90’s, el local operó varios años como discoteca, pero hoy en día la mayoría de los espectáculos que se presentan son conciertos de bandas como Kasabian, Soundgarden, Gary Clark Jr., The Black Crows, Haim y Churches. Incluso Los Prisioneros durante su gira de reunión llenaron el local.

A pesar de que Foals y Cage The Elephant habían programado conciertos para dos noches consecutivas, las entradas para ambos shows se agotaron rápidamente con varias semanas de anticipación, y no era para menos ya que las dos agrupaciones han tenido mucho éxito y reconocimiento estos últimos años.

Los teloneros J Roddy Walston & The Business iniciaron la noche con un breve pero bien estructurado set de canciones. Su música es bastante energética y rockera, y aunque revelan una nítida influencia de Led Zeppelin, Allman Brothers, Kings of Leon y la música de Stax Records, en su estilo no se descarta su sensibilidad netamente sureña; después de todo provienen de Tennessee, un estado que se caracteriza y destaca por su rica cultura musical.

Foals arranco con “Prelude”, el primer tema de su más reciente producción Holy Fire (Warner Bros Records). Con esta composición instrumental que fácilmente serviría para la secuencia de un sueño, el quinteto de Oxford rápidamente cautivo al público en una especie de trance musical.

Yannis Philippakis en voz y guitarra, Jack Bevan en batería, Edwin Congreave en teclados, Jimmy Smith en guitarra, y Walter Gervers en bajo, tocaron temas de sus tres producciones. Yannis y Jimmy tocaron diestramente sus contagiosos arpegios armónicos sobre las bases de sintetizadores y teclados de Edwin. Mientras Jack y Walter anclaron el concierto con esos repetitivos ritmos que conducen tanto al baile como al gozo que estalla en euforia.

foals

Foals usó muy bien los procesadores digitales como el reverb, eco y delay para moldear el ambiente y el espacio sónico placenteramente. También mezclaron muy bien la dinámica de los temas en una transición desde las delicadas secuencias tecno a las distorsionadas culminaciones grunge del repertorio. Incluso al finalizar una de las canciones, Philippakis terminó de rodillas estrellando su guitarra contra el amplificador para crear un delirante feedback antes de arrojarla al público, al estilo de Jimi Hendrix en sus conciertos. El admirador que recibió el instrumento quedó desconcertado con el obsequio hasta que el guardia de seguridad le pidió que la devolviera para que el músico siguiera con el programa.

La iluminación del show de Foals fue minimalista pero bien coordinada con la dinámica del repertorio. Usaron algunas luces multicolores, no muchas, nada de focos directos sobre los músicos, y bastante humo y luces intermitentes situadas estratégicamente para crear un ambiente psicodélico. El toque de gracia lo dieron con una enorme serpiente cobra de siete cabezas, en una cortina a lo ancho del escenario. Resultó inevitable que la mítica imagen diera un aspecto de altar o de templo hindú.

Luego de la exuberante presentación del quinteto, las cosas cambiarían drásticamente. Si el vacilón y la buena onda marchaban bien hasta ahora, todo estaba a punto de ponerse mucho mejor.

cage the elephant

El escenario quedó en manos de Cage The Elephant a eso de las 21:30 horas cuando Nat Schultz, vestido a lo llanero solitario con un sombrero negro y pañuelo rojo al cuello con sus compañeros: Brad Schultz —guitarra—, Daniel Tichenor —bajo—, Lincoln Parish —guitarra—, y Jared Champion —batería—, iniciaran su show. El cambio de energía fue impresionante, el público se desbandó al verlos salir, fue algo parecido al despegar de una nave espacial en Cabo Cañaveral. No tuvieron que ganarse al público con un crescendo paulatino de canciones, lo de ellos fue un salto súbito de cero al máximo, en un par de acordes. La barrera de contención que separaban a la audiencia y la banda perdieron su efectividad y no fue suficiente para apartar a los músicos de los fans. A la segunda canción: Matt y Brad Schultz, en voz y guitarra respectivamente, ya se habían abalanzado sobre la gente y ambos hacían de las suyas mientras el público los transportaba felices de la vida. Verdaderos culpables de una exuberante orgía de música, baile, crowdsurfing, saltos, sudor, y gritos.

Como si la explosión musical que detonó Cage The Elephant fuera poco, el quinteto de Bowling Green, Kentucky complementó hábilmente su presentación con un fabuloso show de iluminación. Su equipo técnico logró este efecto, instalando paneles circulares de distintos tamaños en el fondo, a lo ancho del escenario, aparte de las luces direccionales que comúnmente se usan. Los paneles, que parecían lámparas de tela blanca dirigidas hacia el público, alternaban una gran variedad de colores en perfecta sincronía al ritmo de la música. Los bordes de los paneles también rotaban y titilaban independientes creando una enorme variedad de tonos multicolores y destellos.

El resto del set fue pura adrenalina, tanto para el público como para la banda, y no hubo ni un momento de calma en todo el concierto. Las canciones que tocaron fueron seleccionadas en su mayoría de su más reciente producción: Melophobia (RCA), e incluyó temas como “Spiderhead”, “Haloy, y “Come a Little Closer”. También tocaron temas de dos obras anteriores; entre ellas, la popular “Ain’t No Rest for The Wicked”. Era notable ver como algunos al centro de la multitud saltaban para ser llevados por el público hasta adelante, ahí los guardias de seguridad los sacaban por un costado del escenario y luego volvían al centro de la multitud para repetir la rutina una y otra vez.

Al final, cuando ya no quedaba tiempo para tocar mas canciones y seguir con la diversión, Matt calmó un poco al público: «Antes de despedirme, quiero agradecerles de todo corazón el apoyo y cariño que nos brindan. Quiero alcanzar a cada uno de ustedes, quiero saludarlos a todos», y dicho esto, se lanzó desde el escenario y fue llevado en alto, una última vez por largo rato hasta que prendieron las luces de la T5.

Foals y Cage The Elephant en Terminal 5

Sobre el autor:

Marco Denzer

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