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Nada es personal

por · Mayo de 2016

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Basta abrir y cerrar la tapa de Gay gigante, la primera novela gráfica del diseñador Gabriel Ebensperger, para entender el tono que determinará las siguientes 280-páginas-que-se-leen-en-menos-de-una-hora: si el anverso de la portada chilla el título del libro sobre un fondo color chicle, el reverso tiene una segunda «portada familiar para lectura en lugares heteronormados», con la imagen de una guía turística.

Como en los tiempos en que andar con un The Clinic bajo el brazo era visto con espanto por algunas personas, el demonio de lo heteronormativo es atajado de entrada por Gay gigante, antes de la primera página, con un detalle ingenioso que se repetirá al terminar el libro.

Decía que Gay gigante es una novela gráfica, y sí, pero también es una novela de formación, o bildungsroman, que escarba en esas capas de la infancia que van configurando nuestra forma de ser.

Ahí la historia tiene que ver con descubrirse en el vaho de un espejo infantil y luego adolescente. Ahí Gay gigante, a pesar del humor y los detalles ingeniosos de cada ilustración, se lame las heridas y espanta los temores de un chico que no pasa desapercibido, que se siente raro o destinado a tener, aparentemente, una doble vida, siempre con el pánico a habitar la disidencia frente a una mayoría heterosexual y homofóbica.

«Hace como tres o cuatro años, estaba en ese típico círculo vicioso de trabajo en agencia: llegar cansado a la casa, solo y con comida china, y estaba súper chato», explica su autor, Gabriel Ebensperger, sobre el origen del libro: «Me di cuenta de que no dibujaba hace mil y dibujar era algo que yo siempre hacía, siempre estaba gastando algún cuaderno. Pero eso se había acabado».

Gay gigante empezó como un ejercicio de dibujo diario, «o un intento de eso en realidad», dice Ebensperger, que como diseñador e ilustrador se ganaba la vida acomodando su creatividad a las exigencias de revistas y agencias de publicidad.

GG - 1P - equivocado

Conversando con Alberto Montt, pensó que estaba bien obligarse a hacer algo propio y el autor de Dosis diarias le recomendó la autorreferencia. «Habla de lo que más sabes». Entonces vino la pregunta: «¿De qué puedo hablar?»

«De algún modo llegué al nombre Gay gigante, que hace alusión a la paranoia infantil-adolescente de ser/sentirse siempre el fleto del curso, el niñita de la foto, el raro en la micro, el alien en el ascensor, el observado que no pasa piola y no puede esconderse —dice Gabriel Ebensperger—. Así partí gaygigante.tumblr.com y en el camino pasó por ene cambios de estilo. Jamás logró el ritmo diario que yo quise, parece que no está en mí».

»Luego se fueron sumando cosas que me llevaron a empezar el libro. Primero, la Camila Gutiérrez partió Ciudad Cola en Súbela Radio y yo fui su primer invitado y me quedé con ella toda la primera temporada. Hice el programa como Gay Gigante y naturalmente eso alimentó las viñetas. Segundo, en la misma época, se acercó Catalina Infante de [la editorial] Catalonia para proponerme hacer un libro, para que formara parte de la colección de humor gráfico y novelas gráficas en la que está el Diario de un Solo de la Catalina Bu y otros autores como Power Paola, Montt, Liniers y ahora Cornellà».

»Y tercero, algo que me impulsó a parar todo y dedicarme solamente al libro hasta terminarlo: en ese momento estaba trabajando en la dirección de arte de la revista Paula y el ambiente laboral se había puesto malo para mí. Se había ido la directora de la revista, Milena Vodanovic, con la que tenía una relación de trabajo súper buena y temporalmente había una directora subrogante. Con esa persona me llevé súper mal. No le gustaba como trabajaba, o no le gustaba yo, y generó un ambiente de trabajo muy hostil. No solo era directamente mala onda, algo perceptible, sino que además tenía salidas homofóbicas e incluso, en una oportunidad, racista. Hay cosas que en el lugar de trabajo no se pueden decir, y esa mina las dijo todas al frente mío. Algunas terminé poniéndolas en el libro casi textualmente; fue una lata, pero también insólito y por eso potencialmente chistoso».

»Llegó un punto en que, por suerte, me di cuenta de que lo estaba pasando muy mal (pista: si empezaste a tomar antidepresivos por primera vez en tu vida solamente por tu pega, algo pasa con esa pega). Me pregunté qué era lo que querría estar haciendo en lugar de eso, y en lo único que pensaba era en el libro. Así que renuncié y organicé todo para poder dedicarle el resto del año al libro de Gay Gigante».

GG - 40 - UN TRABAJO

—¿Qué referencias tenías en mente? Por el color cereza o chicle uno podría pensar que hay algo de Jem and the Holograms y las cajas de las barbies, pero también hay algo de la gráfica de los Sims, ¿no?

—La verdad es que no pensé en referencias. Se redujo a dos cosas: el diseñador gráfico en mí dijo: «Hagámoslo magenta y optimicemo$ el proceso de impresión». Y, por otra parte, estaba pensando en la homofobia y en cómo ella no es otra cosa que una expresión del machismo, que no es otra cosa que asignarle un valor inferior a características femeninas, sea cual sea el contexto (y sin importar lo relativo que es decir que algo es femenino o no). En ese sentido el magenta y la gama rosada es la paleta femenina-fleta por excelencia. Quise que el libro entero fuera una reflexión entorno a eso también.

»Varios hétero, que se han leído el libro en la vía pública, me han contado cómo se han sentido observados. Entonces sí, funcionó: el libro como objeto es un artefacto y tuvo este efecto inesperado: el que lo tiene en sus manos se siente raro. Puede ser, entonces, un artefacto de empatía. Además de todo eso, creo que el color es muy lindo y alegre. Es súper potente si logras restarle toda la tontera cultural que tiene colgada ahora».

—¿Cuánto del programa Ciudad cola hay en Gay gigante?

—Bastante, pero es un poco al revés. En Ciudad cola había mucho Gay gigante. Por tema trabajo yo no quería hacer el programa con mi nombre, así que lo hice como Gay Gigante. Pero le prestaba a Gay mis experiencias porque con Camila [Gutiérrez] teníamos que interactuar con los entrevistados. Ellos nos contaban cosas y las comparábamos o nos reíamos con lo que nos había pasado a nosotros. Además, yo era el elemento desorden no pauteado. Camila era lo ordenado, la pauta. Ahí hay cosas que desenterré de mi memoria y que terminaron siendo algunos hitos de la historia del libro. El recorrido que tomaría lo pude ver solamente una vez que llevaba varios meses trabajando el tema y tenía claro que no podía ser una recopilación de viñetas, sino todo lo contrario.

—¿Qué hacías en ese momento además de revista Paula?

—Esos dos años en la Paula se comieron todo mi freelanceo creativo, era bien intenso. Pero hasta justo antes tenía una relación laboral freelance bastante constante con [la productora] Fábula y me tocó hacer algunos afiches para sus películas. Entre ellos están El año del tigre y Gloria, de Sebastián Lelio, y el afiche chileno de No, de Pablo Larraín, ese que no tiene a Gaelcito. El de Gloria es mi favorito absoluto porque tuve la suerte de que propuse ese frame de la película, en que Paulina [García] está girando ebria, para hacer el afiche, y resultó.

»Además, continué haciendo algo que llevaba ya casi seis años haciendo: ilustrando la sección de “Los números” de la revista. Eso siempre me gustó mucho porque, gracias a todo el tiempo en que lo hice, pude desarrollar un estilo propio, fue la media escuela. Ahora los sigo haciendo, pero es súper distinto. Necesitaban algo más convencional».

GG - 188 - MULDER

—Alberto Fuguet decía en un reportaje que una novela o una película gay ya no es garantía de ruido o de acogida. ¿Cómo lo ves tú?

—Creo que tiene razón. Sobre todo en un país con el corazón aproblemado que tiene Chile. Tendemos a destruir todo, no entiendo bien por qué. En todo caso, una obra o producción de esa temática no tiene por qué ser buena o acogida solamente porque estamos en un país desigual o porque estemos al debe ahí. Es muy fácil caer en clichés y facilismos que agotan. Personalmente, me latea el melodrama y las cosas que quedan con gusto a cátedra. Probablemente, por eso mi lenguaje tiene que ver con la empatía unida al humor, aunque a veces trate algo triste.

—Leí que el título Gay gigante viene de sentirse diferente, inseguro y expuesto. Después de publicar, después de llegar a los pasillos del Jumbo y de una segunda edición, ¿te sientes igual?

—Después de todo eso me siento muy contento, sobre todo porque mucha gente me ha escrito o se ha acercado a contarme que el libro los ayudó en algo o los hizo sentir bien. Cuando salí de la U y me puse a trabajar, empecé a sentir, y nunca dejé de sentir, que era trágico estar usando todas mis competencias creativas «para el mal». Suena dramático, pero de verdad cuando trabajaba en una agencia de publicidad se me rompía el corazón un poquito todos los días. Probablemente necesitaba alguna pastilla, porque nada es blanco y negro —y este planeta se va a ir a la chucha igual—, pero después de esto sentí que me gané un porotito: hice una cosa que le sirve a otras personas a sentirse mejor, y no algo para que un producto se vea mejor en una vitrina o revista, y se consuma mejor para que un reptiliano se llene de más plata. Tengo la conciencia un poco más tranquila.

—De alguna forma Gay gigante se hace cargo de tus miedos en el pasado, ¿hay algún límite para contar la intimidad familiar o personal? ¿Escribir Gay gigante fue parecido a lanzar un búmeran?

—Creo que sí hay límites. En ese sentido hay muchas fronteras que respeté con este libro. Creo que se ve en su narrativa, es una historia que salta en el tiempo y finalmente no cuenta tanto, sino que se asoma en varios puntos. Luego, en su conjunto, hila un montón de hechos que tienen un sentido. Por eso este libro es, técnicamente, ficción, a pesar de estar alimentado de hechos autobiográficos. Si con lo del búmeran quieres saber si tuvo consecuencias negativas, aún no las tiene. Al menos aún no me llega ningún cahuín familiar, que es como se saben las cosas. En mi familia extendida nadie se dice las cosas a la cara. Solo me ha llegado mucho amor de vuelta y ha sido muy lindo y bacán.

»Ahora estoy haciendo un segundo libro del Gay gigante y es ‘una historia sobre el amor’ y me he estado dando muchas vueltas con este tema de los límites. Me está costando en ese sentido. No es una secuela, sino una historia paralela que se vuelve a contar de principio a fin. Y está escrito en segunda persona, dirigido a distintos personajes. Es un conjunto de cartas en forma de novela gráfica. Tengo los dedos cruzados».

GG - 1P - WEB - SIMS

—Recuerdo que antes de conocer tus dibujos en la sección “Los números” de revista Paula, tu firma apareció en las primeras fotos de Javiera Mena y otros grupos. ¿Dónde empieza tu gusto por lo visual, por las estéticas?

—Para mí, creo que todo parte desde la música. Mi cabeza es visual, pero se enciende escuchándola. Cuando apareció Javiera con sus demos y empezaron a circular, y luego salió su disco, la escuchaba un montón. Lo mismo con Compiuters. En un momento quería realizar lo que me imaginaba cuando me escapaba del mundo escuchando la música que me hacía feliz. Siempre es un juego. Todo el proceso de hacer el libro fueron meses de juego, de reír solo en una pieza inventando. Creo que cuando me estoy divirtiendo es cuando tengo buenos resultados, cuando disfruto el hacer. Y eso, creo, tiene que ver con ese proceso de dejarse ir con la música.

—¿Lees muchos cómics? ¿Cuáles son tus sitios más visitados en Internet?

—Actualmente no consumo cómics de manera regular, casi nunca en realidad. Aunque siempre vuelvo a Mafalda y me cago de la risa. Mi ídolo de infancia es el belga Hergé [creador de Las aventuras de Tintín]. En los recreos del colegio me iba mucho a la biblioteca a leer los libros de Tintín en francés, pero me quedaba pegado viendo lo bacanes que eran los dibujos. No me gusta acumular libros ni revistas, así que el único Tintín que tengo es mi favorito, Les Sept Boules de cristal. También me gusta mucho Persépolis, de Marjane Satrapi.

»Mis sitios mas visitados últimamente son brainpickings.org [blog de Maria Popova que comparte ideas y lecturas] y lennyletter.com [blog de Lenna Dunham y Jenny Konner sobre feminismo y estilo]. En el contexto del libro, lo que creo que suplió mi casi nula afición por los cómics, fue mi alto consumo de cine y televisión. Siempre estoy viendo y estudiando películas que me gustan. Me gusta entender cómo se puede articular las imágenes y el sonido para hacerte entender y sentir algo. Los cómics, después de todo, articulan con una diagramación lo que el cine y televisión comunican de forma audiovisual. Para mí, están tratando de hacer lo mismo y son un lugar de aprendizaje. Mi mayor fuente de inspiración y estudio para Gay gigante fue Ferris Bueller’s Day Off, de John Hughes, y ahora terminé de ver —y terminó para siempre— mi serie favorita: The Good Wife. Michelle y Robert King, sus creadores, son unos genios. Se demoraron siete años en recorrer el arco de una historia que querían contar de cierta manera: un lujo. Y terminó increíble.

Gay gigante muestra dos viajes, uno de regreso, desde Santiago a Viña del Mar, y otro en peyote. ¿Cómo fue esa experiencia?

—Mucho más larga y dispersa de lo que aparece en el libro. No comentaré mucho para no dar spoilers, pero a medida que iba pasando el peyote, o «la medicina», como le decían, la gente presente iba cantando unas canciones al ritmo de unos tambores que sonaban. Yo, que estaba bastante en peyote, jamás asumí que todas estas personas eran expertas en peyote y que ese no era su primer rodeo. Sí asumí lo siguiente: «Tengo que inventar una canción sobre el peyote cuando me toque». Algo, no me acuerdo bien qué, evitó que estrenara mi canción, que se trataba de una gallinita negra que iba subiendo un cerro y el «abuelito peyotito» hacía llover por donde iba saltando la gallina agradecida. Risas. Andaba con un amigo y me acuerdo que me dio hambre y me puse a cantarle: «A-bue-li-to Ro-nal-di-to», porque quería un BigMac. Además, no vomité nunca y el fuego lo veía con lag y de todos los colores.

—¿Qué es lo mejor que te ha pasado después del libro?

—Conocer a tantas personas que se sintieron acompañadas con el libro y que incluso les sirvió. Sentirme útil. Saber que no me equivoqué. Y que Gay gigante vaya a publicarse en Centroamérica, Latinoamérica, España y Brasil.

—¿Y lo peor?

—Han pasado algunas cosas desagradables, otras un poco tristes, pero en realidad no las encuentro malas porque todas han tenido el mismo aprendizaje para mí: nada es personal. Cuando alguien tiene un problema contigo o con lo que estás haciendo, cuando alguien te agrede o cuando alguien te ignora, esa persona solamente está hablando de sí misma y lo que le está pasando. No eres otra cosa que un espejo, así que, cada día más, no fucks given.

gaygigante - portada

Gay gigante (comprar)
Gabriel Ebensperger
Catalonia, 2015
284 p. — Ref. $16.000

Nada es personal

Sobre el autor:

Felipe Ojeda (@paniko).

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