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La belleza de conversar

por · Julio de 2013

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La primera salió un año después de la muerte de Kurt Kobain, la segunda cuando ya no habían Torres Gemelas y la tercera llega con Evelyn Matthei de candidata, o sea, Before midnight (2013) viene a cerrar la saga con menos apuro de la historia del cine y lo hace a la altura de sus predecesoras, aportando nuevos matices temáticos a la patiperra pareja.

Siempre que le recomiendo esta (ahora) trilogía a alguien que no la conoce, siento cierto pudor porque es como el clásico cliché del cine independiente. «Mira, se trata de una pareja que camina por alguna ciudad europea teniendo conversaciones existenciales y eso». Y aunque eso es, al mismo tiempo es una descripción bastante mezquina, porque estas películas como pocas, se explican mucho mejor solas o se desprejuician mejor solas, si se quiere, y como muy pocas también están realmente cohesionadas y se hace muy difícil hablar de una sin hablar de las tres.

La conversa comenzó con Before sunrise en 1995, cuando los protagonistas (¡Ethan Hawke chiquillas! y Julie Delpy) se conocían en un tren. Después se reencontraban en una segunda película el 2004 y nuevamente el final quedaba abierto. Ahora se nos viene la tercera parte (estrena el 8 de agosto en Chile) de lo que debe ser la película romántica con más fans viriles del planeta (estadística propia).

Before midnight es la única de la trilogía que transcurre «en algún lugar de Grecia», en vez de «en la capital del país elegido». Aunque esto suene a detalle menor, trasciende mucho en cómo interactúan los protagonistas que se ven más establecidos, menos libres de patiperrear por ahí y más obligados a interactuar con otras personas. Es la gran diferencia con las otras Befores, sin alejarse del estilo, pero entregando una fuerte identidad a esta tercera parte. De hecho, en el momento que la pareja empieza a caminar y conversar, y los fanáticos se acomodan en el asiento como diciendo «aquí se viene la cosa», los mismos protagonistas bromean con que hace rato que no lo hacían. O sea, conexión con el público, meta guiño, o sea, bien. Por la etapa de la vida en que vemos a la pareja: con hijos, años encima y ex matrimonio a cuestas, estas cosas simples han pasado a ser casi un lujo. Moraleja para parejas sin guaguas: caminen. Hablen. Usen condón.

Otra diferencia es que por primera vez vemos a los protagonistas juntos, sin la tensión de si comenzarán algo o no, de hecho, ya llevan varios años y con crías, por tanto, ese coqueteo refrescante que siempre predominaba por sobre la reflexión existencial, no está y astutamente la película ofrece la perspectiva opuesta (desde la pareja que ya lleva un rato) a la misma pregunta de siempre: ¿se quedarán juntos?

Notable además es cómo el paso del tiempo entre película y película parece un ingrediente no accidental. La simpleza de recursos de esta saga se reafirma con el maquillaje natural de los años, que no solo se ve reflejado en pantalla, sino también en el público, que al igual que los protagonistas es “otro” desde ese último encuentro en París.

Conversaciones que se echan la película al hombro, reflexiones sobre la inmortalidad del cangrejo y momentos de intensidad brígidos hacen de este epílogo un imperdible, una verdadera película de guión (sorry Carnage) y la ocasión perfecta para hacerse el lindo y quedar de romántico-interesante-mejor-esperemos-a-que-la-den-en-el-biógrafo.

Si Toy Story es la trilogía que acompañó a una generación en su proceso de “niñez” a “madurez”, esta es la que ha acompañado a otra en su proceso de “Amor idílico” a “Así no más es la cosa”. Lástima que no hayan más entregas, porque si es por etapas de vida en pareja, temáticas quedan: ¿habrá sido cosa de amarre con el nombre no más? Claro, porque no les quedan más momentos del día. Amanecer, atardecer, media noche. Si lo hubiesen hecho con las comidas del día: Before desayuno, Before almuerzo, Before tomar once y Before cena, tendríamos al menos una más.

Bueno, siempre está la posibilidad que J.J. Abrams tome la franquicia y arme todo un nuevo universo de caminatas y conversas.

La belleza de conversar

Sobre el autor:

Pato Mena (@Pancopallo) es autor del libro ilustrado Don Mosco (Pehuén, 2011).

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