La cumbre de la vergüenza nacional

por · Enero de 2013

Primeras damas paseando en lancha, folletería sacada de Word. A propósito de la cumbre CELAC-UE que se desarrolla en Santiago, en cuanto a imagen país, nos viste el enemigo.

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Durante este fin de semana, se desarrolla en Santiago la cumbre conjunta de la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE).

¿Para qué sirven las cumbres? Pues para hablar de política, jugar a las hegemonías entre países o bloques de países, hacer lobbismo de incestuosidad variable y denunciar alguna que otra aberración coyuntural de moda.

Para quien funge de anfitrión, mientras tanto, una cumbre es también cuestión de imagen. El país (o ciudad) organizador(a) de este evento ocupa esta ocasión para promover lo digno de ser exhibido. Por una parte, la selección de reuniones, tours, cenas y suvenires debe ser representativa de una identidad y una idiosincrasia de la comunidad. Por otra parte, la compilación expone de la mentalidad de quienes hacen la curatoria de este, digamos, showroom.

En consecuencia, una cumbre resultará exitosa en imagen país en la medida que los curadores hagan una selección elegante de los elementos más representativos.

Cuando un estado pequeño (o medianamente pequeño) aspira a ser relevante en el mundo, este procura hacer de sus eventos de trascendencia mundial un hecho memorable, grato y bien pensado: algo que Chile logró hacer con su recordado iceberg en la Exposición Universal de Sevilla, España, en 1992.

¿Y qué ha ocurrido este año con la cumbre CELAC-UE? Una selección poco elegante y elementos poco empáticos.

A las pruebas, me remito:

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¿Notan algo? La folletería no forma parte de un programa integral de identidad de la cumbre. Esto no ha sido diseñado por un estudio de identidad corporativa o una oficina de diseñadores, sino que esto ha salido del escritorio de una diligente secretaria de repartición. ¿Así o más amateur?

Pues bien, en Espacio Riesco, instalaron como portal de bienvenida a la cumbre ¡la cápsula Fénix! Como una diva roñosa recordando las glorias pasadas, el gobierno intenta reavivar el exitismo oficial de hace dos años atrás, cuando el esfuerzo público y privado rescató a los 33 mineros de Atacama. Y para que no se olvide la hazaña, el gobierno busca picanear la memoria de los asistentes a la cumbre regalando una edición de lujo del rescate consistente en un DVD documental y ¡una réplica del famoso papelito! ¿Así o peor?

Sigamos. En lugar de aprovechar Valparaíso para una visita guiada a (por poner un ejemplo) La Sebastiana, la casa de Pablo Neruda, la organización de la cumbre invitó a las primeras damas (innecesaria institución machista, por lo demás) ¡a dar una vuelta en lancha por la bahía! Al menos, de iniciativa propia, algunas autoridades internacionales prefirieron romper la pauta e ir a La Chascona, la casa de Neruda en Santiago. Nótese.

¿Quieren más vergüenza ajena?

Otra más: este domingo, las primeras damas fueron paseadas al Museo Mirador. ¿Cómo se atreven? ¿Para qué quisieron meter a un montón de señoras a conocer cómo se siente un terremoto? ¿Acaso logran dimensionar la aberración implicada? ¿Es este un acto para promover la sensiblería fancy en torno a la tragedia del 27-F? ¿Es esto un acto para conmover por medio de la vulgaridad? ¿O bien se trata de una forma de festinar con los desastres naturales en clave de espectáculo propio de Fantasilandia?

¿Y de dónde surge tanta vulgaridad? Volvamos atrás y veamos el lema de la que será la primera de muchas ediciones: «Apuntando alto». Sí. Como los púberes cuando juegan a quién echa el moco más lejos. Como la expresión fálica de Horst Paulmann en plena Costanera. Como los ejecutivos botados a Rodrigo Jordán jugando a hacer (ejem, ejem) cumbre.

En lugar de escribir una divisa que represente al país y a sus costumbres, se ha elegido una frase ajena, propia de un reducto yuppie. Este showroom de la chilenidad de 2013 destila triunfalismo de Chicago Boy, cual expresión alegórica de un Hernán Büchi trasnochado. De esta forma, la organización de la cumbre ha resumido en una frase la mirada uniforme y ombliguista de sus integrantes.

«Apuntando alto» es un lema frío, poco empático y nada elegante. ¿Les suena conocido? Curiosamente, se trata de las mismas cualidades que las audiencias perciben del presidente Sebastián Piñera. Sin ir más lejos, esta fotografía junto al jefe de gobierno español Mariano Rajoy.

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Estos diminutos incidentes están para la vergüenza ajena de las visitas internacionales. El mejor suvenir que se llevarán de todo esto será el cumerío iconográfico y conceptual que hemos padecido desde la llegada de nuestro presidente al poder. En cuanto a imagen país, nos viste el enemigo.

La cumbre de la vergüenza nacional

Sobre el autor:

Bruno Córdova es licenciado en comunicación. Publicista y diseñador. Mantiene el blog Dicen Otros.

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