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La máscara de Prince

por · Abril de 2016

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Sabíamos poco de la persona que había detrás del genio musical. Prince Rogers Nelson era reacio a las entrevistas, convertidas a veces en crípticas performances.

Hace unos años, el periodista Neil Strauss se midió con el carácter del músico para terminar contándolo en una breve escena de Todos te quieren cuando estás muerto (Contra).

El pequeño perfil de Strauss va en la línea de lo que cuenta Kevin Smith, guionista de Marvel y director de cine, quien fue invitado a filmar un documental sobre el músico: «Prince no entiende las cosas como nosotros», dijo desde una conferencia.

En ambos casos, a modo de contexto, hay un episodio bisagra en la carrera de Prince, cuando el sello Warner decidió regular su incontinencia creativa. A partir de allí, el músico se declaró en rebeldía y comenzó a sacar discos de mala gana, cumpliendo su contrato con material, por así decirlo, de relleno. El crítico español Diego A. Manrique lo explica así: «A la larga, el problema derivó en una desconfianza total hacia las discográficas más grandes, actitud que contribuyó a oscurecer su carrera durante los últimos veinticinco años. El celo por defender su arte convirtió a Prince en un personaje difícil de tratar, con una tendencia funesta a irritar. Apostó por Internet y luego dio marcha atrás: últimamente, parece haber desaparecido de YouTube y Spotify».

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Viajes al interior de la fama y la locura

Por Neil Strauss

El problema de entrevistar a Prince es que no permite que los periodistas graben su voz, así que, o bien escribes muy rápido o bien tienes una memoria excelente que te permita captar el momento. En uno de nuestros encuentro, tocó algunas de sus nuevas canciones y luego dio un concierto privado en su casa de Los Ángeles. En otro, me habló durante cuarenta y cinco minutos sobre lo que significaba ser Testigo de Jehová. Pero mi encuentro más memorable fue el primero en una conferencia de prensa a la que asistí poco después de entrar a formar parte de la plantilla del New York Times. Los guardias de seguridad comprobaron en la puerta que ningún periodista hubiera llevado su grabadora.

Periodista aleatorio: ¿Te preocupa que al lanzar el álbum exclusivamente en Internet acabe por perjudicar su entrada en las listas de éxitos?

Prince: Cuando me voy a llevar todas las ganancias, no me preocupa lo bien o mal que le vaya en las listas y no necesito un número uno. Soy número uno en el banco.

Periodista aleatorio: ¿Cuándo decidiste hacer esta gira?

Prince: Creo que cuando tenía siete años.

Si a los periodistas no se nos permite grabarte mientras hablas, ¿por qué hay cámaras de televisión en la sala?

Prince: Tú y yo podemos hablar de eso más tarde.

Doy por hecho que Prince solo está escaqueándose de la pregunta. Pero, en cuanto termina la conferencia de prensa, baja del estrado y viene derecho hacia mí. Entonces mueve el dedo indicándome que le siga.

Le sigo de cerca dejando atrás hileras de periodistas hasta llegar a una habitación trasera. Se apoya contra la pared y un guardaespaldas enorme coloca su brazo a la altura del pecho de Prince a modo de barrera, como si le preocupara que pueda acercarme demasiado a la diminuta estrella del pop.

Prince: ¿Por qué me has preguntado eso?

Porque no tiene sentido. Si la gente no puede grabar tu voz en una grabadora, ¿por qué puede grabarla en video?

Prince: Es una buena pregunta. No dejo que la gente grabe mis entrevistas porque a veces después publican grabaciones piratas.

¿No pueden hacer lo mismo con las cintas de video?

Prince: Sabemos la colocación de cada una de las cámaras, así que si lo hacen sabremos quién ha sido.

¿Y si publican un disco pirata solo con el audio?

Prince: (Silencio)

Guardaespaldas: Tienes que irte ya.

Mi teoría: el no ser grabado proporciona a Prince la posibilidad de negar en caso de que un periodista lo cite diciendo cualquier cosa que pueda crearle problemas. Sin embargo, durante la conferencia de prensa se mostró un poco más flexible porque quería cobertura en la televisión nacional.

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Todos te quieren cuando estás muerto
Neil Strauss
Contra, 2012
590 p. — Ref. $30.000

La máscara de Prince

Sobre el autor:

PANIKO.cl (@paniko)

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