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Las dos almas de Colombina

por · Junio de 2013

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Colombina Parra nos presenta “Ella”, el primer single de su más reciente producción Detrás del vidrio, pero además indagamos en su historia musical, en sus obsesiones, nos cuenta de sus hijos y del papel que juega la literatura en su canciones.

 

Presiento que hay dos Colombinas en la música, una ícono del rock de los noventa y otra más intimista, que está reflejada en producciones más recientes. ¿Ha sido un tránsito o una convivencia la de esta especie de dos almas?
—Son dos almas diferentes. Una es la ícono y la otra es la que me interesa explorar, la anónima en mí, la que todavía no conozco del todo. No me interesa tocar las canciones que ya formaron parte de una historia, me interesa encontrar lenguajes diferentes para poder decir lo que necesito decir ahora. Siento que recién estoy empezando a decir lo que alguna vez quise decir. Para mí cada canción nueva es una ecuación nueva, con nuevo contenido que explotar. Me encanta y me halaga que hablen de mí como un ícono, pero mi corazón late y siente cosas como cualquier persona. Necesito componer todo el tiempo, como tomar agua o dar un paseo.

¿Cuáles son los ejes, tus motivos u obsesiones alrededor de esta nuevo álbum Detrás del vidrio?
—Tiene que ver con una imagen en la que ves a un ser muy querido detrás de un vidrio. Hay una distancia virtual muy fuerte aunque es transparente y ves la imagen igual, pero hay algo que destiñe y te separa de algo. Ese vidrio es mi obsesión. Cuando vi a mi hija de dos años por primera vez detrás de un vidrio casi lloré. Fue una sensacion extraña. Ahí estoy trabajando en esa sensación.

¿Cómo fue el proceso de producción de tu nuevo disco?
—Primero mi obsesión era alejarme de toda parafernalia musical. Me pelié con todos los músicos a los que llamé, con los que no me pelié sentía una distancia infinita. Decidí tocar sola con mi guitarra y así lo hice. Toqué en varios lugares sola y muchas veces asustada. Siempre había tocado protegida por mi banda, Los Ex. En ella yo me desdoblaba y era dueña absoluta del escenario y de mí misma hasta de hacer la locura más improvisada y que se viera como si la hubiera ensayado mil veces. Acá no. Acá aparecí desde la desnudez. Como si alguien te dijera: «ya, sácate la ropa y camina hacia mí». Empecé a caminar tapándome todo. Muerta de susto y de timidez. Ese es Flores como gatos (2011). En este nuevo disco ya me atrevo a caminar sin taparme tanto. Me tapo y me dejo tapar por el humo que producen las guitarras y los golpes de batería de los Ganjas, porque finalmente llegué a mi baterista que entendió la sutileza de estar triste. Ese fue Aldo (Benincasa) de los Ganjas, que llegó y tocó, y yo me reí y me reí y no paré nunca de reír mientras él tocaba. Lo mismo me pasó con mi hermano. Tenemos un leguaje común.

Intuyo que en tus últimas producciones hay una especie de rescritura o invención de la infancia, incluso mirando el arte que cada álbum posee (Cocodrila, Flores como gatos y Detrás del vidrio) se puede dar uno cuenta de eso. ¿Esto tiene relación con lo que señalaste recientemente, que borraste toda esa época?
—Yo creo que sí. Todos mis discos tienen que ver con la infancia. Puede ser, tienes razón… no me había dado cuenta…

Tu hijo Cristóbal ha grabado unos temas en piano, siguiendo una ruta más clásica. ¿Cuál es tu apreciación de sus composiciones?
—Me encantan… son como las alas de una mariposa en vuelo nocturno. Hay una mezcla de músicas en su música. Siento a Erik Satie, a Bach, a Edith Piaff, a Philip Glass. Lo encuentro atrevido y arriesgado.

¿Cuál es el rol de la literatura en tus creaciones? Y esto te lo pregunto por la figura de tu padre, pero además porque ya desde Los Barracos se notaban ciertas correspondencias. Pienso en una letra como “Todo”, que entiendo es una especie de cita a Hölderlin… y leí por ahí también que hiciste un homenaje musical a Gabriela Mistral.
—Cada vez estoy más cerca de escribir poemas que canciones. Paso días enteros con un poema de Macedonio Fernández en mi cabeza y trato de entender cómo y por qué llega a esa cosa indefinida que dice tantas cosas. Trato de descifrar lo indescifrable de su escritura y en eso me la paso. Las letras para mí son todo. Si la canción tiene una buena melodía con una mala letra, la canción entera es mala. Las letras son la música misma.

¿Qué te parece la escena musical chilena de hoy?
—Me encanta y me acomoda. Me siento naturalmente parte de ella. Como una fiesta en la que lo estoy pasando increíblemente bien.

¿No sientes que hay una cierta invisibilidad del rock, que se ha difundido ahora una escena preferentemente pop? ¿Esto lo ves como positivo, pasa por los músicos, por los medios…?
—No sé si pop es la palabra, es más cercano a lo natural, a cantar casi hablado. Bueno hay de todo pero lo que me interesa es esa parte del espectro en que aparece el ser humano en su soledad. Tiene que ver con lo que varios de los que a mí me interesan están haciendo. Yo creo que tenemos un concepto errado de lo que es rock. Estoy cansada de las bandas de rock que no dicen nada. Prefiero oír a un tipo con su pura guitarra diciéndome la cruda que 100 mil guitarras distorsionadas no diciendo nada. Hay de todo, no podemos decir que solo es pop lo que está en el aire, porque la radio toque solo pop. El rock está siempre y que bueno que sea más subterráneo para que haya algo por descubrir en esas profundidades. Está lleno de bandas de garage. En cada cuadra de Santiago hay una banda de rock y en las poblaciones mucho más. El rock es una forma de vida y el pop es un dibujo. Los dos me gustan.

***

Acá el vídeo del single “Ella”, inspirado en la novela Merienda de negros de Evelyn Waugh, y dirigido por Bernardo Quesney, quien también ha estado a cargo de vídeos de Dënver, Gepe y Templeton, entre otros.

Las dos almas de Colombina

Sobre el autor:

León Álamos

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