Liceo 7: Vinimos para ser felices

por · Noviembre de 2014

En medio de una de las recientes revoluciones estudiantiles, la esquina de Providencia con Pedro de Valdivia era uno de tantos recordatorios de que algo importante estaba ocurriendo con los más jóvenes.

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Era una de las recientes revoluciones estudiantiles en Chile, que nos atravesó por más desinformados que estuviéramos. El Liceo 7 quedaba a mi paso un día, y entré por la buena voluntad de las chicas, quienes conversaron conmigo y me dejaron husmear de sala en sala durante alrededor de dos meses. La esquina de Providencia con Pedro de Valdivia era uno de tantos recordatorios de que algo importante estaba ocurriendo con los más jóvenes. Nada nuevo bajo el sol, pero sí había cobrado incuestionable fuerza, desestabilizándonos aparentemente a todos.

VII

Todo se desintegra. Luego vuelve a surgir. Desde hace unos días se andaba diciendo que el Liceo iba a cerrarse para ser devuelto, que se terminaba la toma, ayer publicaron en facebook que sacarían las cosas y algunos pensaron que era el fin. Pero ahora se declaró que esto sigue y habrá una votación para decidir si se quedan durante el verano.

Después del día de limpieza más bien fallido se organizó una comitiva con algunas alumnas, papás, hermanos y todo el que quisiera participar. Justo ayer el Liceo estaba poblado de gente sacando brillo a cada rincón, y el Amarillo enloquecido no sabía si ladrar de furia o felicidad. Fue fácil reconocer a los apoderados que más rondan por aquí, como el papá de Alina que sacaba enormes bolsas de basura, o al hermanito con una escoba a la medida barriendo pasillos y a su mamá diciendo que facilita el pensamiento esta sensación de amplitud. El Liceo nunca se ha visto más limpio y despejado. Hasta unas ratas salieron corriendo de su escondite y nadie las persiguió para matarlas.
Esto es una de esas tormentas en alta mar donde el agua se levanta como paredes altísimas, y el barco sale a flote del otro lado sin dejar de bambolearse; un elefante blanco al que se le debe mantener y sobre todo hacer feliz porque si no se muere. El Liceo está vivo. Cualquiera de las chicas que ha estado aquí más o menos de planta lo sabe bien. Se van cargando los espacios y algo queda dentro, ecos y sombras de procedencia desconocida despertándose a cada rato, todos los buenos momentos hacen más luminoso el salón multiuso y los cuerpos van hacia allá, bajo el árbol anciano. Otros espacios permanecen extrañamente solitarios, como los jardines del fondo o las bancas de madera que se acercan a esa zona. Allí en la pequeña pieza del rincón es donde duermen las cabezas de la toma quienes tienen las historias más raras de cómo penan. Estos relatos pueden variar salvo porque todas han escuchado unos famosos tacones, caminando por los pasillos, cuando no hay completamente nadie.

Eso cuenta Vale mientras cierra la puerta de la pieza. Junto con Alina y Lali es una de las dirigentes. Morena, de pelo liso y largo, con uno de esos cuerpos que se inscribirían en la belleza de los cincuenta, está llena de curvas y casi siempre tiene la blusa amarrada para mostrar el vientre. Casi siempre está bailando, cantando o llevando con sus manos un ritmo en su cabeza. Debe ser la sangre gitana que lleva en sus ancestros y tanto le gusta recordar. Ahora que por momentos las cosas parecen llegar a un fin cuenta que se le está olvidando cómo empezó todo. Pero retiene imágenes intactas.

El día de la toma definitiva, dice Vale, estábamos con unos niños de otro Liceo que nunca volví a ver y se llamaban Perro Uno, Perro Dos, Perro Tres, etc. Nos vinimos por las calles y estuvimos dando vueltas, viendo cómo lo íbamos a hacer esta vez. Nos comunicábamos por mensaje de texto porque los celulares estaban intervenidos. Y no me acuerdo de más, salvo que conocí a Lali en esa época, no éramos amigas. Estábamos muy convencidas de todo, yo me sentía contenta. Había mucha adrenalina.

Soy de las pocas que no han desaparecido, los viernes no me quedo en mi casa, y no he tenido descanso. Tengo hartas visiones. Estoy frustrada, asustada y conforme. Entendemos que este es el fin de la primera parte de un progreso. Empezamos con caleta de ilusiones y fuerza pero cinco meses no son nada. Estamos reventadas física y emocionalmente, no sólo tenemos que luchar con el gobierno sino con muchísimos frentes. Igual hemos logrado muchas cosas, mira a los micreros y las personas en la calle, defienden más su expresión de los problemas injustos. La gente reclama contra la Polar, el municipio, con los cacerolazos muchos se han animado. Chile es un país muy legalista, a mí no me parece, pero por eso funcionó el plebiscito y por eso muchos votaron. Yo estaba de vocal de mesa. Hemos ganado experiencia política e igual somos cabros chicos, se nos olvida eso. Porque estamos en otra, jugando papeles de adultos y siendo mucho más adultos que ellos. Yo no creo en el discurso de otra época del proletariado, porque ¿para qué vine al mundo? Vinimos para ser felices y hay que luchar por eso.

Mi familia es rumana, gitana y judía. Ahora me voy a tatuar el universo y abajo se ve la silueta de los árboles. Abajo, en romané, dice siempre libres: techari gajare. Me siento ligada a la parte gitana por no ser de ningún lugar y de todos, escucho esa música y se me prende todo. En mi casa somos pro Palestina pero judíos de sangre. Lo que me pasa con Europa es que es una cultura tan impuesta que lo conozco todo, por eso me llaman mucho más la atención los países del Medio Oriente.

Para mí es muy importante ser consecuente con las cosas que pienso. Esto es el principio de una lucha en toda mi vida. El próximo año quisiera cambiarme de colegio a uno más periférico y pobre para ayudar donde más hace falta. Incluso en mi misma comuna, en Ñuñoa. Hay que dejar estructuras bien armadas, pero igual me da miedo el período de receso. No estoy de acuerdo con el sistema de votación de hoy en día. Es la misma mierda. Primero hay que entregarles herramientas a los demás para que sepan lo que les están haciendo. Pero si no entregamos en diciembre, pasaríamos por encima de nuestras compañeras y no sería representativo. Eso sí, hay que reforzar las estructuras para que el próximo año sea más fácil volver.

Vale se queda callada y mira hacia la entrada del gimnasio que se va llenado de chicas. Porque hoy es el día de las votaciones para decidir si finalmente la toma continúa o no, al parecer no van a lograr hacerlo porque no llegó la mayoría de las alumnas pero al menos podrán conversar de todo lo que ha sucedido y planear lo que se viene. A casi todas las que circulan ahora no se las ha visto en este tiempo. Un grupo recorre el Liceo observando todo como si fuera visita turística, salvo que no es porque lo miren por primera vez. Esas chicas no han venido a la toma nunca, quizás algunas apoyaban la educación gratuita en teoría, y otras no.

Se entra al gimnasio donde ya comenzó la junta. Conversan sobre las guías que les han obligado hacer como solución parche, bajo amenaza de que si no las llenan repiten el año. Además se quiere obligar a los papás a pagar los gastos de servicio de este tiempo, lo que es ilegal así que es necesario que ellos reclamen y digan que no les pueden hacer eso. Las de la toma están sentadas al centro de la cancha y el resto las rodean desde lo alto de las graderías. Es medio día y el sol entra a chorros por todas las ventanas.

Hay que entregar el Liceo, dice Vale, porque se van a hacer trabajos de verano, sistema eléctrico, arreglar puertas y ventanas, lo cual es información nueva. Sin embargo nadie les asegura que efectivamente se va a realizar el proyecto, todo parece muy sospechoso. Las alumnas pidieron a las autoridades ver un documento donde se certifica cuándo inician y terminan los trabajos pero no quisieron mostrarlo. Confíen en nosotros, eso les dieron como respuesta.

Cristina propone continuar con la toma durante el verano, hacer talleres y un periódico. Son soluciones a las que ha llegado ese pequeño grupo al centro de la cancha. Se trata, dice, de opciones gratuitas para seguir desarrollándose artística e intelectualmente. Cuando termina de pronunciar estas palabras las alumnas en las graderías comienzan a aletear, lanzando suspiros de hartazgo. Están desesperadas. No quieren que se extienda más la toma y no quieren que más gente siga entrando al Liceo. Una chica insiste que se vote ahora mismo aunque no esté presente la mayoría, porque está convencida de que no habrá más quórum si se convoca a otra asamblea. El resto la apoya con aspavientos afirmativos. Cristina trata de decir algo y Lali la detiene con un gesto suave de la mano. Déjalas hablar, dice en voz baja, no las calles. Mientras tanto ha crecido un eco al que empiezan a sumarse las graderías completas. El gimnasio tiembla: votación, votación. Así llevan esa palabra al borde de los gritos y luego las voces se van dispersando hasta hacerse un rumor. Las chicas de la toma están pálidas, las otras esperan su respuesta. Por encima de todas se instala un silencio que en apariencia es pasajero pero se queda ahí, aplastante.

Liceo 7

Liceo 7.

Liceo 7: Vinimos para ser felices

Sobre el autor:

Rocío Casas Bulnes es literata de profesión e investigadora con estudios en la historia del arte. Es autora de El hombre de siempre. Shakespeare en el cine de Woody Allen (2014), publicado por Hueders.

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