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Los cortes de la Rossy Rossy

por · Agosto de 2014

Este sábado se estrena la obra de teatro dirigida por Rocío Fernández Solís, su propia protagonista.

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El próximo 16 de agosto en Hangar 270, un emergente espacio creativo, se estrenará Los Cortes de la Rossy Rossy, ópera prima y obra creada por su mismísima protagonista, Rocío Fernández Solís. La actriz de 28 años —antes de tomar el micrófono de Fratelli e Amici en Quilpué, para lo que fue un chispeante monólogo cargado de humor, extravagancia y explosivos relatos de experiencias cotidianas— conversó algunos minutos para adentrarse en su pasado y en sus actuales proyectos.

—Terminé el 2009, egresé con un título que se llama La Caída de Venus y lo dirigió Cristian Ortega. Fue un título súper lindo; hablaba de la mujer. Éramos cinco. Y después me titulé el 2010 oficialmente.

¿Y en una de esas instancias usaste la música de Meredith Monk, o no?

—Sí, en La Caída de Venus. Era la música oficial de la obra. O sea, durante toda la obra había intervención de Meredith Monk y Emir Kusturica.

Qué bacán…

—Sí, y fusionábamos el clown. Había mucha comedia y mucha tragedia al mismo tiempo. Y lo bueno es que como éramos cinco, cada una enfrentaba un rol distinto.

Rossy

—¿Cómo ves tu proceso de evolución en el campo, desde tu egreso a la actualidad? Tu nombre, Rossy Rossy, ya comienza a sonar. Primero con Los Cortes, ahora con tu faceta en el stand up…

—Desde que egresé el 2009, nunca paré de hacer teatro, ¿cachai? Creo que sí se puede vivir del teatro y sí se puede vivir perfectamente del arte, moviéndose, tocando puertas, inventando, creando siempre. Creo que la gran falencia de los alumnos y de las personas que estudian teatro, es que justamente mientras están estudiando se dedican a actuar, pero después lo dejan. Se titulan y quedan ahí. Bueno, también se da eso porque muchas instituciones no entregan las herramientas adecuadas para que las personas puedan desarrollarse o sepan lo que tienen que hacer. Por ejemplo, yo en el Duoc tuve formulación de proyectos y ramos que me ayudaron después y que no los pesqué para nada mientras estaba en la escuela, pero que después me di cuenta de que eran súper importantes y los pude valorar. Aprendi a armar proyectos, a armar mi obra, a crear mi dramaturgia. Por una parte aún corre lo que me enseñaron, pero también, claro, soy súper libre en el sentido de crear, inventar y hacer lo que se me ocurra.

¿Cómo nace Los Cortes de la Rossy Rossy?

—Es un proyecto totalmente autogestionado, pero me auspicia el Consejo Regional de la Cultura y las Artes. Tengo la suerte, además, de trabajar con Juan Torres, que es un gran maquillador, un artista del make up, y bueno, él potencia todo lo que es la dirección de arte en mí. Me ordena. Es como un padre en la otra vida. Es un pilar fundamental en todos mis trabajos. Y estoy también con Giany Alarcón, que es diseñador y tiene una marca que se llama Glitteruno. Él realizó todo lo que fue accesorios y escenografía de manera súper transportable y minimalista, y eso me sirve, ya que mi pretensión con la obra es viajar. Quiero poder mostrarla en cualquier parte, en cualquier lado, en espacios convencionales y no convencionales.

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—Estuviste en el IPA. Tuviste además funciones en Quillota.

—Estuve en el IPA, donde estrené y luego tuve otra función post-estreno, que fue el día del incendio. Después me invitaron a un festival en pequeño formato, a un ciclo de pequeño formato en Quillota. Estuve en Áncora también; un espacio no convencional. La obra rompe la cuarta pared, ya que tiene un diálogo constante con el público, y eso a mí me gusta un montón porque da paso a la improvisación, ¿cachai? Entonces estás todo el rato full ahí. Tengo un esqueleto. Por lo tanto en base a eso me puedo ir al chancho o frenar, parar como yo quiera: variar. Trabajo con distintos tipos de dramaturgia. El primer personaje, la “Boly”, tiene texto dramaturgico y bordea la locura, el recuerdo, la realidad. Es como un papel color sepia. El segundo personaje es la “Sola con Ketchup”, que tiene a la Amanda sola y es quien me ha dado grandes logros. Ella igual tiene texto pero significa mucha improvisación. Después viene la “Chá Ché Chí Chó Chú Chá”, que es una cuica. Ésa tiene todo un texto bien armadito que inventé en cinco minutos y me encantó. Y después está la “Abuela en Tiempo Real”, que significa un trabajo mucho más profundo en observación.

A la Boly le encantan los gatos y está loca. La Sola con Ketchup ama las vienesas, los embutidos, la cerveza, la mayonesa, el ketchup, el tocino, el completo, el papapleto, el churrasco, el tabasco, todo. A La Chá Ché Chí Chó Chú Chá, que aró aró aró, le encantan los copihues bien rojos y brindar por los pobres, come choripán con pebre. Y la Abuela en Tiempo Real, el último personaje, es justamente una abuela, y a través de ella se hace una crítica súper fuerte al tema farmacéutico, a la salud en Chile y a la vejez, a la soledad. Al final todos los personajes están unidos por la soledad, independientemente de si es una soledad de pololeo o marital, sino que también es una soledad individual.

—¿Cómo has sentido la recepción del público frente a la obra?

—Al público le encanta Sherry. Les gusta mucho porque es una obra muy lúdica. Se entretienen y lo pasan la raja porque ven el «1, 2, 3, ya» del actor, po; cómo reacciona, qué pasa si alguien me grita algo, porque también abro la puerta a que eso suceda, y eso potencia mucho la obra. Siento que al público le ha gustado bastante y hay personas que se matan de la risa, mientras que al mismo tiempo la propuesta es bastante crítica. Muchos me han dicho «me encantó el primer personaje», «huéon, lloré contigo». Se sienten identificados, me dicen «yo a esa mina la he visto antes…», y eso igual es rico porque es como un reconocimiento al trabajo de observación anterior a la puesta en escena.

En verdad tenemos que, todo el rato, innovar. Para eso estamos. Hay que golpear puertas, moverse parar todos lados. En verdad la vida del actor es súper sacrificada, porque andai acarreando escenografía pa’ arriba y pa’ abajo. Tienes ensayo de diez a doce de la noche, ¿cachai? Aparte tenís otras pegas. Cuando estás dedicada al cien por ciento, no tienes tiempo para nada, pero finalmente se compensa, porque es lo que te gusta. Si algún actor o alguna actriz lee esto, le diría que por favor haga, que invente, que se atreva.

Sobre el autor:

Valentina Peña

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