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Los sapos y la limpieza

por · Noviembre de 2019

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Deben existir pocas instituciones sociales tan poderosas e infames como la del chisme. Desde la oscuridad y el anonimato, el chismoso, generalmente movido por el miedo o la conveniencia, quizá también por el odio, traza su condena. En el lenguaje popular, nuestro castellano mestizo de uso común, recurrimos a la figura del sapo. Animal nocturno, asociado comúnmente a lugares húmedos, pantanosos, pero vinculado también a los castigos bíblicos del Antiguo Testamento. En el libro del Éxodo, leemos cómo Jehová le ordena al Faraón, Moisés mediante, que libere a su pueblo so pena de dejar caer sobre Egipto una plaga de ranas: “Y el río criará ranas, las cuales subirán y entrarán en tu casa, en la cámara donde duermes, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas”. 

En tiempos de agitación, la figura del sapo se vuelve doblemente infame y peligrosa. Sabemos, por las voces de nuestros mayores, que una plaga de sapos asoló las ciudades chilenas durante la dictadura. En ese contexto, el sapo, generalmente el vecino apolítico, el dirigente timorato, cumplía una función clave en la maquinaria del terror estatal: denunciar, por fuera de la ley, en ese terreno viscoso y putrefacto donde campea a sus anchas, al comunista de la cuadra, al revoltoso refugiado, al grupo faccioso. El chisme, en este caso, como el siseo de las serpientes en la selva. El murmullo atroz de los secretos guardianes de la Paz Social y el Orden Público. 

Otro que escribió sobre estos animales fue Jean de la Fontaine. Una de sus fábulas, llamada “Las ranas y el sol”, podría funcionar, a la luz de lo anterior, como una explicación mitológica de la asociación entre este animal y el chismoso. En el relato, las Ranas se reúnen en consejo ante una inquietante noticia: el sol sólo calentará la tierra durante seis meses. Los otros seis, reinará la oscridad. “No podremos echarnos panza arriba a calentarnos; desaparecerán los insectos que nos alimentan. ¡No es justo!”, dicen las ranas, acaso como una prefiguración del audio de Cecilia Morel. Al elevar al cielo su réplica, una vez les respondió: “¿Sólo por ustedes…por su bienestar, desean que el Sol siga alumbrando y calentando la Tierra todo el año?”. “¿Y por qué tenemos que desearlo por alguien más?”, responden las ranas. 

Pido disculpas al lector por usar indiferentemente el término rana y sapo. Convengamos, para efectos de este merodeo, que son técnicamente muy parecidos y usted y yo, probablemente, no sabríamos diferenciar un sapo de una rana si nos pusieran dos ejemplares en frente. 

Muera de viejo y no de sapo, reza un dicho popular. En momentos en que la policía se despliega en nuestras ciudades para sofocar marchas y distintos tipos de protesta, podríamos decir que muere el sapeado y no el sapo. El sapo, diríamos, se transforma en una suerte de brazo invisible de la policía y su inteligencia. A nuestra derecha vernácula, brazo armado del empresariado, goza hasta el éxtasis erótico de las bondades de las manos invisibles. 

Poderosa e infame institución, decíamos. Doblemente poderosa en momentos en que nuestros perfiles circulan libremente en diversas plataformas como Facebook, Twitter o Instagram. Hay que tomar resguardos. Los sapos están en todas partes. Sin ir más lejos, hace unos días apareció una cuenta de Twitter llamada Limpiemos Talca. En la descripción, anotan lo siguiente: “Destruyeron nuestra ciudad. Talca quiere PAZ pero NO olvida. Las redes sociales son nuestras armas NO al vandalismo, la impunidad ni el anonimato”. Como cualquier producto de la escasa inteligencia de este tipo de personas, la cuenta es anónima. Primera contradicción. Por otro lado, como buen sapo, expone una serie de fotografías de personas y –todo sapo es un juez frustrado—les imputa hechos delictuales sin pruebas. 

En otro tuit, esta cuenta anónima señala: “Somos un grupo de vecinos de Talca cansados de los destrozos y saqueos en nuestra ciudad. Situaciones extremas requieren medidas EXTREMAS. Esto es sin llorar. #Talca #TalcaResiste #ChileCambio #TalcasinVandalos”, acompañando el texto con una fotografía del Mc Donalds en llamas. Esta pulsión por la limpieza y el orden, por cierto, es vieja y está en la base misma de la construcción de las ciudades. El higienismo, sin ir más lejos, es la idea fuerza detrás del urbanismo. Lo interesante en el caso de esta particular cuenta de Twitter es que aparezca ahora. El próximo año se cumplirán 10 años del terremoto del 27 de febrero y la ciudad todavía tiene, especialmente en su casco histórico, sitios eriazos y edificios en ruinas. Esos paños llenos de maleza y basura, lamentablemente, están en el punto ciego de esta Brigada de la Limpieza Talquina. 

Podría deslizarse una hipótesis: la limpieza de la ciudad, en este caso, como limpieza ideológica. Lo hemos visto también en Santiago y otras ciudades de Chile: grupos de jóvenes, algunos con evidente falta de cultura de aseo doméstico, borrando graffitis –hay un video graciosísimo de una chica intentando quitar un graffiti con un escobillón—, removiendo escombros. En esta lógica, es mucho más indignante la profanación de las murallas que los sueldos de hambre. La vida de un semáforo reviste una dignidad superior a la de un joven de población asesinado en una ciudad sin toque de queda. La Historia, parecen decirnos con su indignación, debería ser el cansino discurrir de un río. 

Dentro de los medios para conseguir el tan ansiado orden, vemos en casos como este, está la actualización del sapeo, divulgando imágenes de personas a las que además se les imputan hechos sin prueba alguna. La lógica del linchamiento, ahora en clave ideológica. Un Ministerio de Sapos para acabar, lo más rápido posible y tomando medidas extremas (?). Como las ranas de Fontaine, exclaman al cielo para que el sol siga brillando en la tierra todo el año.  ¿Por qué habría que preocuparse por alguien más?

PD: Los invito, de pasada, a denunciar la cuenta en Twitter: @LimpiemosT

Los sapos y la limpieza

Sobre el autor:

Jonnathan Opazo Hernández (@ensayo_error) es autor de Junkopia y mantiene el blog lacitadeunacita.

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