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Mano Inquieta y el sonido porteño

por · Marzo de 2013

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Antes de la explosión de la nueva cumbia chilena, en Valparaíso y sus alrededores ya existía una larga tradición de músicos que no solo experimentaban con sonidos tropicales y sudamericanos, sino que además lo fusionaban con el rock. Una tradición que traza una clara cartografía liderada por Los Jaivas, Congreso y La Floripondio, emblemáticos de la zona y del cancionero nacional.

Por esta razón, no resulta extraño que gracias al fenómeno de una cumbia consumida por un amplio público joven y estudiantil, en los últimos años se hayan multiplicado las sonoras y bandas que apuestan a la pachanga y los ritmos sabrosones, con resultados muy poco originales pero que marcan una nueva etapa de la música porteña, que se aleja del rock jazzístico experimental que proliferó en los años de la Concertación, con el fin de hacer un sonido más cercano a la pista de baile.

En este contexto, la aparición de Bellavista (independiente, 2013), el primer trabajo de los porteños Mano Inquieta, tiene una esperanzadora particularidad: no se trata de otra banda más que relee la cumbia desde la capilla rockera, sino que usan unos lentes más amplios con el fin de repasar –además del ritmo colombiano– el son cubano, el folklore latinoamericano, el reggae, el ska y el punk, entre otros, a la manera del rock mestizo latinoamericano, añadiendo a esa ideología sonora moldeada por The Clash, Los Fabulosos Cadillacs y Manu Chao, una visión propia de la cultura popular de Valparaíso, esquema que ellos mismos han bautizado como “rock del cerro”, en donde conviven discursos tanto del cerro que bautiza el disco, de una sociología más bien clase media, con otros rincones en mayor situación de pobreza.

A lo largo de sus 10 tracks, Bellavista nos introduce a un sexteto con características más o menos definidas: un grueso esqueleto percusivo, la reconocible voz de Benjamín López, que se pasea entre lo frágil y lo intenso, y la mixtura entre instrumentos eléctricos (bajo/guitarra) y acústicos (guitarras, charangos, quenas).

Sin duda, Mano Inquieta incita rítmicamente al baile, a los empujones, a los saltos, al desorden. En cuanto a sus letras, estas canciones tienen voluntad de crítica social, a veces con mensajes demasiado comunes en este tipo de bandas (legalización de la marihuana, dominación de la Iglesia, corrupción) y en otros casos con bastante lucidez, destacando “El Perro”, una trova blues sobre un canino pulgoso que roba de una carnicería para comer, o el tema que abre el disco, “Sra. Libertad”, que en clave de cumbia rock intenta reconstruir un imaginario de barrio popular, bajo la figura de la vieja sapa, como metáfora de la represión (“no llame a los pacos, por favor”, dice en su coro).

Destacan a su vez, “Amor de primavera, verano, otoño e invierno”, una cumbia romántica que con una intensidad muy actual, recuerda a ratos a Joe Vasconcellos y otros a “El Maestro” Antonio Ríos; “Son de verdad”, en donde en conjunto con su segunda voz, Cristian Mancilla, y en un homenaje al son, hacen una crónica de la humanidad y el sistema económico: “cámbiale la mente a esa gente”, cantan.

Así, Mano Inquieta, debuta con una propuesta que sintoniza con las marchas estudiantiles, con los jóvenes que disfrutan de los conciertos del Galpón Víctor Jara en Santiago o en La Cantera, su símil porteño, que disfrutan bailando con música en vivo y que siguen carreteando en cualquier plaza o escala tras cerrar los locales y que se han sentido castigados por la administración de Piñera.

Bellavista es un promisorio primer trabajo de una joven banda, más cercana a una agrupación de nuevo folklore que a una banda de rock, a la que dan ganas de ver cómo siguen creciendo, descubriendo cosas y adaptándose a otros contextos en el futuro.

Mano Inquieta y el sonido porteño

Sobre el autor:

Daniel Hidalgo (@dan_hidalgo). Publicó los libros Barrio Miseria 221 (2009) y Canciones punk para señoritas autodestructivas (2011).

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