Mujercitas Terror: «No andamos buscando nada»

por · Julio de 2014

Una acelerada de rockabilly, punk rock y distorsión, desde el Pueyrredón de Buenos Aires.

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Buenos Aires. Bajar de la micro pasadas las una de la madrugada, correr dos cuadras por avenida Santa Fe, subir una enorme y vieja escalera, pasar por la barra, pedir dos fernets con cola y terminar frente al escenario del Salón Pueyrredón en medio de un buen lote de chicos y chicas de veintipocos que gritan, saltan, bailan y se besan con el punk histriónico de La ola que quería ser chau.

Arriba, Migue y los suyos cantan sobre fogosos amores adolescentes, amistades de verano y las desventuras de un repartidor de pizza. Abajo, la alegría adolescente se contagia a la espera del golpe de la noche: Mujercitas Terror.

Al rato aparecen Daniela (bajo, voz), Marcelo (guitarra, voz) y Fede (batería, coros), todos de riguroso negro, serios y con un aire algo distante; ella con una enorme cabellera de rizos rubios, ellos directo a lo suyo, todos desgarbados y elegantes a la vez, como el piño más glamoroso del antiguo Teatro Carrera. Un, dos, tres y parten una acelerada carrera de rockabilly, punk rock y distorsión que se frena de golpe a mitad del tercer tema. Fede le da tan duro a la batería que la caja y los platos quedan tirados en el suelo. Putea al micrófono y rápidamente aparecen dos tipos con otra batería, la montan y en un par de minutos los Mujercitas Terror han vuelto a la carga.

La chapa de power trío les queda chica. La verdad es que son un trío de puta madre que luego de más de una década de joda, dos discos (Mujercitas Terror de 2007 y Excavaciones de 2011), uno que otro cambio de formación, un viaje a México y una fanaticada fiel, ya tienen un lugar de privilegio en el under y la movida independiente del rock argentino.

Hoy se encuentran enfocados en su tercer disco, el que grabaron durante mayo y junio y produjeron tal como lo han hecho todo en su carrera: por cuenta propia, sin sellos ni productoras que metan mano, aunque se reconocen «medios chafes en la organización».

«Nos va bastante bien, pero hay veces que las cosas salen medio feas, pero bueno ese es el riesgo», asegura Daniela. La fecha de salida del disco se proyecta para octubre o noviembre, el nombre es aún tema reservado pero anuncian que los colombianos de The Burro Discos sacarán una edición en vinilo y el sello Estados Unidos de América incluirá uno de los temas nuevos en una de sus compilaciones.

«No es una gran cosas ser independiente. Está bueno cuando la banda está buena y tenga algo», aclara Marcelo y agrega que lo primordial para ellos es mantener la libertad creativa y la fidelidad al sonido, dejando en segundo plano las circunstancias. Y así los nuevos temas se grabaron como los anteriores, los tres metidos en el estudio dándole como si fuera en vivo. «No te pueden producir mucho los temas porque como que pierden la fuerza que tienen en la cabeza de uno. Las letras y todo pierde su energía original. Cuando te cambian algo de repente no te cierra y se muere», concluye el guitarrista y compositor del grupo.

Pandilla vampírica

«Somos medio pandilla. Nos llevamos bien, son las personas ideales», dice Marcelo sobre sus compañeros de banda, una especie de hermandad que armó su propio mundo y en el que conviven temores exorcizados, pesadillas infantiles y personajes marginados e incomprendidos. «Nosotros no andamos buscando nada», agrega Daniela para referirse a eso que los une sin necesitar de nadie más: «lo que buscamos, al menos yo, lo encontré el primer día que empezamos a tocar. Cuando Marcelo me mostró sus canciones y lo vi tocar, para mí eso fue todo». Para Marcelo el flashazo llegó con los dibujos de su compañera, criaturas oscuras de trazos duros y algo expresionistas, de donde salió el nombre de la banda y que ilustran sus discos y los afiches de sus tocatas.

En ese entonces eran unos adolescentes recién salidos del colegio. Daniela estudiaba en el Bellas Artes de Buenos Aires y ya era admiradora de Egon Schiele. Marcelo y Fede se juntaban de vez en cuando a escuchar música, probar temas propios y (me imagino) a fumar porro. Al principio se encerraban a ensayar, colgados por horas, sin presentarse ante nadie: sentían tan propio lo que les salía que se negaban a creer que le pueda gustar a alguien más.

Pero no fue así y de a poco los fue rodeando una comunidad de seguidores a quienes, al igual que a ellos, les calza perfecto la imagen de “Pájaros descuartizados“, uno de sus temas más emblemáticos y que para Daniela representa algo esencial de la banda. «Hay algo como medio vampírico», explica ella misma. «Comenzó como algo estético, pero con el tiempo me llamó la atención esta idea de los vampiros, que viven por siempre, jóvenes, algo así como romántico, pero que tiene algo malo, y como que la sociedad no los entiende».

Esa pinta sombría y perdida que cargan en el escenario los puede marcar como que son de pocos amigos. Al contrario, son cabros súper amenos (los Mujercitas son recopados, dicen por acá) que comparten una pilsen con cualquiera, venden ellos mismos sus discos (junto con poleras y librillos de cuentos y dibujos) y saben burlarse de las cosas que les pasan a diario siendo los Mujercitas Terror.

Fede dice —muy contento y con algo de timidez— que se siente el aguante de la gente, y no solo cuando están tocando y los corean y les piden temas, también cuando les regalan dibujos y cuentos, les meten conversa al bajar del escenario o les escriben en el facebook para contarles que no pueden parar de escuchar “Actriz” o que soñaron con ellos.

«Es lindo cuando la gente conecta con nosotros, pero no me quedo mucho con eso, porque la gente cambia», dice Daniela. «Me importa mucho lo que pasa entre nosotros, eso me enloquece. Para mí lo importante es que nuestro romance esté vivo, porque sino puede ser una canción que suena bien y le puede sonar bien a los demás, pero si no existe eso entre nosotros a mi no me interesa y no creo que a los demás les interese».

En paralelo

Envidia es el proyecto paralelo de Marcelo Moreyra y en él lo acompaña Andrés Cáceres, productor del álbum que Mujercitas Terror lanzarán este año. La voz mala, su primer disco, fue destacado entre los mejores lanzamientos de 2013 por el diario Página 12, y circula en una cuidada edición artesanal a cargo del estudio Ninja, con caja de madera y un libro de ilustraciones de Daniela incluidos.

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Mujercitas Terror: «No andamos buscando nada»

Sobre el autor:

Arturo Carrillo

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