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Simulacro de lo real

por · Julio de 2016

Niños héroes, de Diego Zúñiga, es un libro de relatos tan bien construido que uno pensaría su autor lleva ya una larga trayectoria en ese género.

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La típica pregunta sobre quién queremos ser de grandes ha perdido su vigencia exclusiva para la infancia. Sin importar la edad que tengamos, pareciera que nos hallamos en un constante ensayo sobre quién queremos ser. Lo real se difumina y procedemos a simular vidas de las cuales carecemos.

Niños héroes, de Diego Zúñiga, es un libro de relatos tan bien construido que uno pensaría su autor lleva ya una larga trayectoria en ese género. Sin embargo, se trata de su primer compendio de cuentos, aunque cabe destacar que el relato más antiguo data del 2005, según afirma el autor en los agradecimientos. Sin apuro, sin prisa, con diez años en desarrollo, tras sus dos novelas, Camanchaca (2009) y Racimo (2014), Zúñiga deja ahora su marca en la cuentística chilena contemporánea.

Los relatos giran en torno a lo que denomino como simulacro de lo real, como un constante juego de querer ser alguien o lograr algo inalcanzable. Niños que asaltan un banco en una ciudad de mentira, jóvenes que invaden apartamentos en construcción, una promesa del fútbol chileno perdida en España… Pareciera que el autor hace de su literatura un campo de pruebas de personajes que, para romper la monotonía cotidiana, llevan a cabo un acto singular. Acá no encontraremos a los denominados hijos de la (pos)dictadura sino a quienes sufren del tedio, del anonimato y de esa violencia que irradia en sentirse solo y desamparado en la gran ciudad.

El conjunto de cuentos gira en torno a personajes niños y jóvenes, tanto hombres como mujeres, cuyos únicos rasgos heroicos podrían ser el lograr aceptar el fracaso como forma de vida. Son textos desoladores, a pesar de no estar narrados con un tono pesimista sino, más bien, que rescatan esos cortos instantes de redención, de sentir que el mundo puede brindarnos un alivio. Por ejemplo, una escena en el cuento “Cabezas negras”, cuando el grupo de adolescentes raros del Instituto Presidente Errázuriz baila cueca con las chicas cuicas del colegio Villa María. Más allá de una lectura política, que la hay, lo que rescato es esa mirada de Zúñiga para narrar gestos tan simples que conmueven, que nos reconcilian con personajes perdedores tan parecidos a nosotros mismos. El narrador no necesita usar frases muy elaboradas, o situaciones rebuscadas, para lograr ese efecto. Más bien, lo que hace es dar unas pinceladas de actos cotidianos, que se presentan como una extrañeza momentánea para sus actores. Allí está la clave, el choque que produce en nosotros. Ese baile es justamente un simulacro de lo real, un ensayo de lo que los personajes de estos chicos quisieran tener constante en su vida, pero solo pueden disfrutarlo por un corto momento.

Cabe destacar, lo cual debería ocurrir en cualquier obra literaria aunque no siempre es así, que los relatos están bien narrados y no caen en la monotonía; las voces varían de texto a texto, los puntos de vista, incluso el lenguaje usado (que por momentos nos recuerdan a Hemingway y a Carver). No es un libro, además, construido a partir de cuentos escritos al azar, sino en su lectura se nota que el autor forma también otro relato, uno que el lector elabora al vincular cada texto. Eso sí, vale decir que hay ciertos relatos que figuran sobre otros, especialmente destaco “La ciudad de los niños”, “Un mundo de cosas frías”, “Cabezas negras”, “El lenguaje de los pájaros” y “La tierra baldía”.

En definitiva, Niños héroes es un libro conmovedor, bien escrito, que nos deja con las ganas de leer más cuentos tras cerrar la última página.

ninosheroes

Niños héroes
Diego Zúñiga
Literatura Random House, 2016
196 p. — Ref. $12.000

Simulacro de lo real

Sobre el autor:

Alejandro Martínez ha colaborado para distintas revistas en América Latina y Estados Unidos.

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