Quebrando a Bond

por · Enero de 2013

¿Es Javier Bardem uno de los mejores villanos de la franquicia? ¿Daniel Craig sale de la sombra de Sean Connery? En Skyfall declaramos, sin vergüenza, que Craig es el mejor 007.

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Hace algunos meses se estrenó Skyfall (2012), la última entrega de James Bond en la pantalla grande y una de las películas más menospreciadas a la hora de las nominaciones a los premios Oscar.

¿Daniel Craig sale de la sombra de Sean Connery con la cinta? ¿En la academia son unos estúpidos? ¿Es Javier Bardem uno de los mejores villanos de la franquicia? En el último Bond los buenos siempre pierden. Las victorias son vacías. Acá el análisis de la cinta que se dio el gusto de quebrar y patear en el suelo a 007.

El 007 miserable

La respuesta políticamente correcta de la crítica frente al Bond de Daniel Craig es «El mejor 007 junto a Sean Connery» o «El segundo mejor Bond de la historia». Es típico del miedo a decir que lo nuevo es mejor, a sonar poco cool o inteligente por eso. La verdad es que eso de que «todo tiempo pasado fue mejor» hace rato no se aplica aquí. El contexto es otro y el Bond de Connery ya quedó desactualizado. Sin desmerecer el legado, es tiempo de declarar sin vergüenza que Craig es el mejor 007. Desde el aspecto más básico, que tiene que ver con que el rubio es mejor actor, hasta el más amplio, como el hecho de que esta trilogía ha revolucionado por completo el perfil del agente del MI6. Esta es la mejor versión de James Bond que se ha visto.

Casino Royale nos cambió completamente al personaje que conocíamos. Bond ya no es pura elegancia, mujeres, y juguetes tecnológicos. Es un hombre tosco, bruto, indisciplinado e inexperto. Pero el cambio más importante es que el nuevo 007 tiene algo que nunca antes tuvo: historia. Tiene cicatrices, fantasmas y motivaciones. Hay razones que explican su ser. Gran parte de su nueva personalidad se entiende en base a los acontecimientos de dicha película. El agente comete el error imperdonable de dejar que sus sentimientos nublen su juicio. Se deja engañar y actúa impulsivamente. Ya no es misógino porque puede tener a la mujer que quiera. Es sexista porque la única vez que amó, fue utilizado. Bond fue un objeto sexual.

Toda la trilogía explora un hecho que resulta desgarrador: James Bond hace lo que hace porque es miserable. Skyfall es la consolidación de este nuevo paradigma. 007 no tiene nada más que su trabajo y su amor a la bandera. Este Bond sangra, y mucho. Es el hombre para enfrentar un mundo de enemigos sin rostro. Un hombre que no tiene nada que perder, porque literalmente tiene nada

Skyfall: Los fantasmas de Bond

Bond2Todo lo que se insinuó en Casino Royale (2006) y Quantum of Solace (2008) se concreta en Skyfall (2012). James Bond logra el espesor dramático en base a un héroe solitario, alcohólico, depresivo y cansado. El martini seco, las mujeres hermosas y los autos de lujo siguen estando ahí, pero el 007 de Skyfall es mucho más que eso. Es la tragedia de un hombre que solo sabe matar y acosar. Bond siempre pierde, aunque en pantalla veamos victorias que parecen imposibles.

En una vida cruzada por las pérdidas, su supervivencia parece un karma. Un peso insoportable. Finalmente, esa es una de las grandes virtudes del Bond que propone Sam Mendes: ensuciar al héroe sin asco. Y para lograrlo, debe existir un villano a la altura.
Raoul Silva (interpretado de manera perfecta por Javier Bardem) es un ex agente del MI6 que alguna vez fue el preferido de M. Con destellos del Joker de Heath Ledger y Julian Assange, el platinado Silva es un cyber terrorista que busca vengarse de M y mostrarle a 007 que son las últimas dos ratas que quedan en pie. Probar un punto: que es igual a Bond. Están en distintos bandos, pero han sido pervertidos por la misma mujer, su jefa, su figura materna.

En el final de la segunda temporada de esa maravilla llamada Sherlock (BBC), Moriarty y Holmes tienen una conversación que se puede aplicar a la relación Bond/Silva:

Moriarty: «Nah. Hablas mucho. Eres ordinario. Eres ordinario. Tu estás del lado de los ángeles».
Sherlock Holmes: «Oh, tal vez estoy en el lado de los ángeles, pero no pienses ni por un segundo que soy uno de ellos».

Y ahí, en el último cuarto de la película, en medio de la casa en que Bond creció en Escocia, ocurre lo que separa a Skyfall de las otras películas de la saga y eleva al personaje de Bardem como uno de los mejores villanos del año. El psicópata, esquizofrénico y carente de empatía de Raoul Silva logra terminar de romper a 007 con una pérdida más. Lo convierte en un fracasado. Lo deja desnudo en medio de las cenizas y, de paso, mancha lo único que mantenía aún intocable: la casa de sus padres. Acá el mal tiene una victoria moral potente: sumar otro fantasma para la colección personal de James Bond.

La indiferencia de los Oscar

Dicho todo esto, es imposible cerrar los ojos frente a este hecho: Skyfall es una de las mejores películas del año pasado. No tiene nada que envidiarle a otras excelentes cintas como Argo o Moonrise Kingdom. Sam Mendes consiguió que Bond saliera del terreno peyorativo de “película entretenida”. Lo convirtió simplemente en un gran filme, sin apellidos. Parecía que al fin era el turno de la saga 007 de codearse con lo mejor del cine en la temporada de premios anglosajona. Bardem fue nominado tanto al BAFTA como al SAG por su soberbia actuación y la película es candidata al premio mayor del Sindicato de Productores de Hollywood.
Pero cuando llegó el momento decisivo, el premio de los premios, la Academia decidió que Bond siguiera bailando con la fea. Los Oscar ignoraron completamente a Skyfall, a Bardem, a Craig y a Mendes ¿Por qué? ¿Por qué si son DIEZ las películas nominadas, no se podía hacer espacio a Bond? ¿Por qué Michael Haneke no se podía quedar en su jodida categoría de película extranjera?

La respuesta es la misma por la que The Dark Knight (2008) no fue nominada al Oscar en su minuto: Miedo. Skyfall toma a un ícono pop y lo hace inteligente. Lo hace profundo, complejo y real. Sin perder cercanía. Y eso es lo que aterra a la Academia. Admitir que una de las mejores películas del año es algo que cualquiera puede disfrutar y, sobre todo, entender. Es un filme que empodera a las masas, borrando la línea entre la pseudo intelectualidad que los votantes del Oscar aspiran y el blockbuster más popcorn.

Skyfall representa al enemigo. Es el tipo de películas que la Academia desearía borrar. Esas que hacen que al hombre común le gusten las mismas cosas que a ellos. Entonces, ¿Cómo se le contrarresta? ¿Cómo se ignora al elefante en la habitación? Fácil, se le minimiza. Al no nominarla, básicamente la tratan de empujar a la fuerza de vuelta a la categoría de «película entretenida». Se le trata como «una buena cinta de acción» que es como decirle a alguien que «es bonito por dentro».

Pero los Oscar se pueden ir a la mierda un rato. Y la verdad es que una de las mayores fortalezas de Skyfall es que no los necesita. Es una película que no está hecha para ser reconocida con premios, sino que para ser disfrutada. La Academia se puede quedar con su Haneke y su cine arte. Skyfall gana por paliza en el premio del público. Y finalmente, eso es lo que vale.

Quebrando a Bond

Sobre el autor:

Javier Correa y Matías de la Maza

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