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Romina Reyes: el ritual de lo habitual

por · Mayo de 2014

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Se confiesa poco prolija y que responde más bien a los azares. Está leyendo la poesía de César Vallejo porque se lo recomendó un amigo y se ha tomado su tiempo para surfear sus versos, poco a poco, y está leyendo, también pausadamente, la Biblia, porque se lo recomendó una amiga canuta «siempre me citaba a la Biblia para darme consejos y quería ver qué hay ahí, entonces», declara. Dice que está escuchando a Marineros, el dúo pop femenino amadrinado por Javiera Mena, y que le gusta bastante salvo porque su vocalista canta como española, y que tiene una suerte de obsesión con las canciones de las películas de Disney, una que ha retomado luego de ver Frozen y maravillarse con su tema “Let it go”, ganadora de la mejor canción en los Oscar pasados: «Te reto a escucharlo una sola vez sin sentir la necesidad de escucharlo diez veces más», desafía.

Romina Reyes tiene 25 años y aún se incomoda dando entrevistas, si bien es periodista y conoce la dinámica, estar al frente de la grabadora pareciera cambiarlo todo. Esto a partir de Reinos, un libro compuesto por siete cuentos que la ha hecho debutar en el panorama literario local, editado recientemente por la flamante editorial Montacerdos que la convierte en la más nueva de las voces femeninas de nuestra narrativa local, consagrando un camino que emprendió desde muy niña, cuando para un concurso escolar ganó el primer lugar y un libro de Harry Potter.

Romina, cuéntame ¿Cómo fuiste armando Reinos?

–Fue una recopilación de cuentos, que escribí desde 2010 hasta el año pasado. Decir que no tenía conciencia de que era un libro es cierto, pero quería publicar, entonces igual estaba haciendo algo, y cuando me contactaron los de Montacerdos y me preguntaron si tenía algo, agarré la carpeta y miré las huevás que me habían gustado, porque, como cualquier escritor, tengo miles de cosas escritas, pero recién ahí me di cuenta de que era un libro.

¿Y esa selección cómo la hiciste?

–Fue una selección natural. Igual escribo de bien chica, pero a cualquiera le pasa que mira sus cosas y le da vergüenza porque inconscientemente hay mucha experimentación, y uno va buscando siempre su voz narrativa. Con este libro había algo ya encontrado o algo con lo que me sentía más a gusto pa compartir. Lo cuático de publicar es salir de la zona de comodidad que es que te lean tus amigos y que todos te digan que está bien o si te dicen que está mal lo hacen muy suavemente. Esto pensaba que estaba bueno pa mostrarlo. Yo no escribo tanto, no soy tan rápida pa escribir, así que eso estaba, son cuentos que escribí del 2010 al 2013.

¿Cómo ha sido ese encuentro con los lectores ya de forma pública?

–Todavía estoy saliendo del cascarón porque pal lanzamiento estaban principalmente mis amigos, pero como tengo Twitter igual harta gente me comenta, bueno no tanta, uno a la semana «oye leí tu libro», pero no sé, es peligroso empezar a creerse el cuento, cuando gente que conoces te dice que está bien es porque te conoce y si le caes bien a un amigo, no me parece tan raro que le guste tu libro, si te cacha un poco las volás, pero cuando alguien externo te dice que está bueno igual es gratificante. No hay que ser cínico y decir «yo escribo para mí», por algo estás publicando.

REINOS portadaMás allá de la selección temporal o de calidad, igual hay un relato y un tono en común en tus cuentos. Cierto espacio de clase media, santiaguina, bien definida. Trabajas con las relaciones humanas en situaciones cotidianas más bien anecdóticas, a ratos delirantes y otros no tanto. ¿Sientes que es tu tema?

–Sí, no sé si me interesa seguir trabajándolo, pero sí. Era un interés que tenía al momento de escribir. Hay cosas de las que uno no está consciente, pero hay lecturas posteriores a la escritura que dan a entender lo que uno hace. Me reconozco como una mujer de clase media y no se me ocurre desde qué otra pará podría hablar. Me costaría mucho situarme más pobre o más acaudalada de lo que soy. Porque no tengo tanto tiempo para explorar de eso, no sé qué escritor en Chile se dedica todo el tiempo a escribir, pero por eso hablo de lo más cercano que es mi propia vida, a pesar de que no son relatos autobiográficos, pero los ambientes, los tipos de personajes, los lugares por donde se mueven.

Al mismo tiempo, tiendes a travestirte, por llamarlo de alguna forma, cuando escribes. En el sentido de que tienes narradores masculinos muy bien desarrollados. ¿Cómo es transformarse en otra persona? ¿Buscas modelos? ¿Investigas?

–En el caso de los narradores masculinos, en algún momento tuve el interés de buscar una voz masculina que fuera creíble. Tuve un ramo en la U con la Patricia Espinosa de escritura creativa, y teníamos una compañera que a todos nos perturbaba porque se hacía la santa, y todos teníamos la secreta fantasía de que no era así… la típica huevá.

Una mosquita muerta.

–Claro, e hicimos un cuento en donde a ella la violaban y lo disfrutaba, nada muy original, en todo caso.

¿Y ella estaba en ese ramo?

–No, pero era del ambiente universitario. Y ese cuento lo hicimos a tres voces: eran la mina, el violador y la mordaza. La amiga que escribió la parte de la mordaza era muy chistosa. Pero bueno, yo escribí desde el punto de vista del violador, y cuando le presentamos eso a la Patricia Espinosa, más allá de la cochiná que hicimos, ella me dijo que encontraba que me quedaba bien esa voz. Y eso me pareció algo como para seguir con eso. A la hora de querer escribir como hombre ese cuento Julio, primero se lo mostré a un amigo y me dijo «oye, esto nadie lo piensa, ¿cachai?», había una parte en donde el cuento decía «oh, le miré el culo a una mina» y me decía que me sacara de la cabeza el estereotipo. Así que lo que hice fue que tomé a una persona que me parecía muy pusilánime, muy poco activa, y la tomé de ejemplo, y le preguntaba cosas como qué haría en esta situación o qué pensaba de esto. Esa es la manera de travestirse porque yo tengo una experiencia de vida, que tiene que ver con mi contexto, y si tratara de adivinar no me funcionaría.

Además, los espacios por donde transitan tus personajes son de un absurdo cotidiano, ¿buscas detalles en la rutina? ¿Cómo trabajas eso anecdótico?

–Como me dijo una vez un amigo, a mí me apasiona lo cotidiano, es un poco pasado a caca pero es el espacio por el que me puedo mover. Ya sea en el cine o qué se yo, me gusta la belleza o la belleza de lo cotidiano, pero no me parece que sea absurdo.

Sí, en realidad no es absurdo, equivoqué la palabra. Es que me pasó que lo encontré muy divertido, las situaciones.

–Es una épica de la cotidianeidad. Hace mucho tiempo, un amigo me decía que yo escribía de la miseria de la clase media. En el fondo es lo que tengo más cercano, nunca he sido muy buena leyendo fantasía o ciencia ficción pero siempre me llama la atención que alguien cree algo que, aunque tenga un asidero en la realidad, no existe. Desde Harry Potter hasta otras cosas, cómo pueden crear un mundo que sea coherente a sí mismo que no sea el mundo en el que vive. No me interesa pero porque no me veo capaz de hacerlo. Pero sí, me pasa que me gusta la política que puede construirse a raíz de las relaciones personales.

¿Estás en otro proyecto de escritura ahora?

–Sí, en una novela, aunque no sé si sea una novela, capaz que termine siendo un cuento largo, pero será más complejo porque es la historia de mis papás.

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Sobre el autor:

Daniel Hidalgo (@dan_hidalgo). Publicó los libros Barrio Miseria 221 (2009) y Canciones punk para señoritas autodestructivas (2011).

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