Nicolás Acuña (Los archivos del Cardenal): «siento que la serie quedó excesivamente oscura»

por · Septiembre de 2012

Habla su director Nicolás Acuña

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Aunque todavía no existe una confirmación oficial, el Consejo Nacional de Televisión ya habría decidido otorgarle fondos a la segunda temporada de Los archivos del Cardenal y la noticia se haría oficial el próximo lunes.

Acá su director hace por primera vez una autocrítica del espacio, da luces sobre la nueva tanda de episodios y comenta la dura lucha por las platas del CNTV.

Nicolás Acuña responde a mis preguntas en un lugar que perfectamente podría servir de locación para Los archivos del Cardenal, la exitosa serie de TVN, protagonizada por Benjamín Vicuña y Daniela Ramírez, que ya fue vendida a México, que inspiró un libro con la investigación de los casos reales y que fue la ganadora absoluta en los últimos Premios Altazor, destronando a Los 80.

Estamos en el Centro Educacional Ochagavía, que sirve de locación para El reemplazante, la nueva serie que el canal estatal estrenará en octubre. Conversamos sentados en las escaleras de un edificio tan imponente como precario y oscuro.

A pesar de que aún hay clases, el liceo parece abandonado y entre sus paredes y ventanas sin vidrios se cuela el eco de los gritos de unos chicos que juegan fútbol en una cancha de tierra. Por este sitio se podría pasear Mauro Pastene, el torturador de la CNI. En este paisaje devastado podría caminar Ramón Sarmiento y Laura Pedregal en busca de respuestas. Aquí mismo podrían convivir como en un Chile de los ochenta a pequeña escala. Acá, Acuña se siente más cerca del polémico drama de la señal pública.

Antes de que Los Archivos del Cardenal estuviese al aire ya había críticas hacia su contenido, ¿qué pensaste sobre eso?
—Nosotros nos esperábamos eso. Era lógico que una serie que habla sobre las violaciones a los derechos humanos generara polémica, y eso para nosotros fue bueno. La competencia es tan dura que uno espera, por lo menos, que la serie haga ruido para que la gente la vea. Independiente de lo que haya dicho Labbé, Larraín o quien sea, porque eso da igual, sabemos que tienen una posición política súper clara. En el fondo, necesitaban protegerse en relación a un material que los complica.

¿Sentiste que las críticas eran injustas?
—Es que no me esperaba menos. Siempre creí que la serie los iba a complicar, porque avalaron la dictadura de Pinochet y son temas súper complicados para ellos.

Según lo que decían las críticas de Carlos Larraín: ¿«La izquierda es la víctima en la serie»?
—Nosotros tratamos de hacer un producto que fuera un policial, con estos dos personajes jóvenes que no tenían mayor información de lo que pasaba en esta época y que iban siguiendo pistas. Había algunos personajes que sí tenían posición política en la serie. En ese sentido, buscamos que Los archivos… tuviera las distintas visiones de lo que estaba pasando. En cuanto a lo de la tortura, nosotros nos basamos solo en casos reales. Así que hablar de victimización es complicado.

¿Es tan peligrosa nuestra historia reciente que hasta la ficción provoca polémica?
—Absolutamente, de hecho nosotros tocamos algunos casos, ni siquiera los más emblemáticos. Es más, si hacemos una segunda temporada, que en eso estamos, volverá a pasar lo mismo. Sin lugar a dudas.

La serie que diriges debe ser la primera que trató las atrocidades cometidas en dictadura sin tapujos…
—Cuando decidimos hacer escenas de tortura explícita, pensamos mucho en el tono que tenían que tener. Porque además iba a ser complicada para los familiares de víctimas de la represión.

De cierto modo buscaron sensibilizar a las nuevas generaciones…
—Así es, finalmente la postura que tomamos fue esa. Entonces, si estábamos haciendo una serie sobre derechos humanos y no mostrábamos violaciones a ellos, se podía creer que tenemos una mirada parcial. En series anteriores se había hecho, pero con muchos eufemismos y a nosotros, justamente lo que nos interesaba era mostrar la violencia ejercida por los aparatos represivos de la dictadura.

Fuiste testigo del secuestro de José Manuel Parada y Manuel Guerrero en el Colegio Latinoamericano en 1985, caso que inspiró el capítulo final de la primera temporada, ¿cuánto los marcó sus experiencias personales en dictadura para realizar la serie?
—Yo creo que de alguna manera sabíamos de qué estábamos hablando y eso se notó. Eso es importante a la hora de encarar algún proyecto, cuánto conocimiento tienes de lo que hablas. En mi caso, fue también una especie de homenaje. El proyecto nace con esa finalidad, la de rescatar a estos abogados que hicieron un trabajo muy valiente y desconocido.

El escritor Álvaro Bisama escribió en revista Qué Pasa que uno de los grandes atractivos de la serie es que no hay casos cerrados, que la historia continúa aquí y ahora, y que por eso es tan incómoda también…
—Absolutamente e incluso hay muchos casos que no están presentes. Ahí hay una virtud de la ficción, que es acercarse a temas que no están completamente resueltos y eso, además, la hace más libre. Nosotros no quisimos hacer un documento histórico que tratara de mostrar los casos tal cual ocurrieron, lo que intentamos fue recrear situaciones, problemáticas y disyuntivas éticas, morales y políticas que sucedieron en esos años.

¿Hiciste una autocrítica de tu dirección de Los archivos del Cardenal?
—Me critico haberle dado exceso de gravedad a algunas situaciones. La serie se centró mucho en las consecuencias que tuvo para los protagonistas, su trabajo en la Vicaría de la Solidaridad. Pero trató poco que estos tipos seguían viviendo, a pesar de la represión, de la tortura.

Pero esa es el alma de Los 80, el día a día en dictadura…
—Sí, pero siento que la serie quedó excesivamente oscura porque eran tan potentes estos casos policiales que quedaba poco tiempo para desarrollar su vida cotidiana en medio de esta violencia exacerbada. Entonces, los personajes estaban como tocando la misma tecla siempre.

«Vamos a hacer casos más antiguos»

¿Por qué en un principio se descartó hacer una segunda temporada?
—Como fue tan polémica la serie, muy cara y tampoco fue un boom de rating, era muy difícil e impensable que los ejecutivos del canal nos pidieran una segunda temporada de inmediato. A mí me da la sensación de que a medida que fue pasando el tiempo la serie se fue instalando cada vez más como un producto de calidad, fuimos ganando premios, se vendió a otros países, salió el libro de los casos reales, nos fuimos convirtiendo en una marca. Nosotros ya teníamos el proyecto de la segunda temporada en mente y cuando nos dimos cuenta de todo lo anterior, se lo presentamos al canal y postulamos al Consejo Nacional de Televisión.

¿Va a influir lo polémica que resultó la serie y las críticas del Presidente del CNTV en la asignación de fondos para la nueva temporada?
—Puede ser, pero igual están en una posición bien delicada porque la serie fue muy bien evaluada. Así que si nos rechazan, se podría ver como censura y eso sería complicado para ellos.

Los casos reales van a continuar, pero en cuanto a los personajes, ¿en que se va a centrar la trama?
—Nosotros quedamos más o menos en el año 1985 en el final de temporada y esta vez no seguiremos hacia adelante, iremos hacia atrás. Vamos a hacer casos más antiguos, vamos a profundizar un poco más.

¿Algún adelanto? ¿Qué va a pasar con el desarrollo de los personajes?
—Creo que no te puedo contar eso aún (sonríe).

Nicolás Acuña (Los archivos del Cardenal): «siento que la serie quedó excesivamente oscura»

Sobre el autor:

Javier Correa (@__javiercorrea) es periodista y coescribió «Nunca cumplimos 30. Una historia oral del Canal 2 Rock & Pop» (2018, @librosdementira).

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