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Steven Pinker y los límites de la razón

por · Enero de 2022

El más reciente libro de Steven Pinker, Racionalidad, es una argumentación en favor de progreso del sentido común y de la ciencia, pero que deja poco espacio para la empatía o los ideales, opina la filósofa Ada Bronowski.

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Por Ada Bronowski. 
Traducción: Patricio Tapia
 

Steven Pinker ha escrito un libro sensato para nuestros tiempos sin sentido: una llamada de atención posterior al cierre pandémico cuyo optimismo desbordante al final suena hueco. Sus blancos, aquellos objetivos contra los que se dirige, son lo que él llama los “disparatados” y los “chiflados” de nuestra era: un grupo muy heterogéneo de teóricos de la conspiración, anti-vacunas, partidarios de Trump y gente ciega a los beneficios de obtener una pensión. Son ellos quienes han impulsado esta nueva adición al creciente número de libros de Pinker que celebran la luz de la razón. (Su último libro se tituló En defensa de la Ilustración). Se reiteran sus argumentos favoritos: el progreso es real, la riqueza es un milagro hecho por el hombre y, a pesar de la irracionalidad que vemos a nuestro alrededor, los valores de la Ilustración siempre, finalmente, ganan.

¿Qué hay de nuevo? Esta vez obtenemos una definición más detallada de la racionalidad como “razonamiento orientado a metas”. Como Sócrates, Pinker señala que nadie busca hacerse daño voluntariamente. A diferencia de Sócrates, Pinker tiene soluciones para evitar dolores autoinfligidos: no tomar las coincidencias por causas necesarias; limitar el dejarse impresionar por los grandes números que en realidad ocultan los datos más importantes; y, al hacer elecciones de vida, multiplicar el desenlace deseado por su probabilidad y comparar el resultado con el objetivo final. ¡Et voilà!

Steven Pinker

Los filósofos juegan un papel pequeño en el libro de Pinker. El suyo es el mundo científico del cálculo y las posibilidades cuantificadas: las simples matemáticas ponen las probabilidades de lado de uno. No hay lugar para la conciencia, los ideales o la empatía: son meras cubiertas para los prejuicios, las señales de grupo o la autocomplacencia, según él afirma. Quizá este sea el aspecto más sorprendente del libro: su variedad de acertijos, experimentos mentales y cuestionarios para detectar prejuicios está divorciada de la antigua advertencia de que la vida no examinada no vale la pena vivirla. A veces se siente como si Pinker hubiera votado a favor de ejecutar a Sócrates en aras del progreso del sentido común.

Pinker nos permite un margen de superioridad por sobre los robots. Pero, de manera reveladora, llama a los humanos un “sistema híbrido”, una frase más bien robótica. Su oferta de ser miembro de su “Club de racionalistas” no es especialmente tentadora. Groucho Marx —a menudo citado por Pinker— tenía una frase famosa al respecto: “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.

* Artículo aparecido en la revista “Prospect” 5-10-2021. Se traduce con autorización de su autora.

Steven Pinker y los límites de la razón

Sobre el autor:

PANIKO.cl (@paniko)

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