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The Force Awakens: volver al pasado

por · Diciembre de 2015

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En octubre se lanzó Dragon Ball Z: The Fall of Men, una película hecha íntegramente por fanáticos del manga japonés y sus series derivadas en manos de Toei Animation. Una historia sobre Trunks y la línea de tiempo alternativa de la serie bastó para superar en una semana los veinte millones de visitas en YouTube, hoy, uno de los distribuidores de contenido más poderosos junto a Netflix o los servicios pagados de streaming, que acapararon, por cierto, el 70% de las nominaciones a los premios Golden Globe.

«Deberían agarrar a esos fans, pasarles la plata con la que se hizo Dragon Ball Evolution (la película hollywoodense sobre Gokú y sus amigos) y darles manga ancha para que hagan una película sobre la serie», leí en Facebook. ¿Qué tiene que ver eso con Star Wars? Es la fórmula de Disney. Ya lo había hecho con The Avengers o Capitán América, para los miopes o con mala memoria: un fan de una saga se hace cargo de la película, genera un best seller de nivel mundial y, digan lo que digan los críticos, ganan los fans y ganan los productores.

¿En qué posición quedan los críticos de películas en este escenario que propone no solo Disney o Marvel? Es cosa de mirar a quien le dieron Batman v Superman y googlear un poco la carrera de su director. Uno puede estar de acuerdo en que la nueva Star Wars es una batalla épica que guiña en cada segundo a la trilogía original, como un calco hecho con papel mantequilla sobre un mapa, que es evaluado con nota siete el lunes por la mañana en algún colegio del país.

Se puede tolerar la crítica sobre el desarrollo de los personajes y lo rápido o no que toman el rol que finalmente intuimos al comienzo de la película, incluso es, desde el punto de vista de la observación más aguda, altamente lógico que se cuestione la historia de la película y la forma en que son presentados sus antagonistas o los hitos en los que ellos participan.

Lo que es, a estas alturas de perogrullo y está siendo pasado por alto por viejos fans y nuevos con miopía, es que las audiencias del cine han cambiado. Es intolerable, por ejemplo, que alguien escriba una crítica sobre una película argumentando por qué nunca vio algo sobre la saga y sin absolutamente ninguna referencia al filme. También lo es que se haga vista gorda con la mutación que está sufriendo el séptimo arte en épocas en que los analytics de los estudios mandan más que nunca: para reseñar o escribir, ir de boca a boca, muro en muro o timeline en timeline, con las buenas o malas nuevas sobre una película, nadie exige erudición, solo cariño por lo que alguna vez te hizo tan feliz. En este caso, la aventura interestelar con un desconocido, un pobre, una princesa y sus amigos droides y wookies.

Star Wars ha sido un festival de posibles spoilers desde que conocemos la saga y esta edición no ha sido ni por lo bajo la excepción. En ese contexto, entre fans que escapan, otros que leen pasivamente y una gran mayoría que siente que la película es un dedicado hecho por la persona precisa, nos encontramos con una nueva epopeya cósmica de Han Solo, Luke y compañía en su madurez plena, pero también con nuevos personajes que son altamente gratos para la vista y en ningún caso ajenos al espíritu de la saga.

The Force Awakens es una Star Wars con todas las de la ley: hay una búsqueda, un costado rebelde y otro fascista. Hay elegidos de la fuerza, robots tiernos y hábiles, personajes con los que uno se encariña fácilmente y villanos a los que se les teme, más allá de estar en pleno desarrollo (es la primera de tres películas).

Puesta en contraste con la trilogía de las precuelas, TFA es infinitamente superior y destaca por hacer bien todo lo que esas películas hicieron mal: desde la dirección de cámara, pasando por lo más importante que es el guión y llegando a detalles como cuánto se puede odiar al antagonista si se miran los hechos que intenta relatar el filme.

¿Por qué está el espíritu de la trilogía original en esta nueva película? Porque todo es un remix de algo que ya se hizo. Y qué. No están las clásicas luces de J. J. Abrams, no está el tono oscuro que le quiso dar a Star Trek ni la angustia de las temporadas más dramáticas de Lost. En cambio, sí está el homenaje a los creadores de la saga (por lo que destacó Super 8), el concepto de esperanza como motor y una historia coherente pero llena de fan service del bueno.

¿Por qué no alcanza a ser mejor que cualquiera de la trilogía original? Porque es un comienzo de algo nuevo, con todo lo que eso implica. Particularmente, me parece inadecuado esperar que los conflictos se expliquen o resuelvan 100% en la primera parte de una trilogía. Se le está exigiendo demasiado a esta película desde ese punto de vista. Y sería bueno recordar también que la trilogía original comenzó con una película cuyo director no asistió a la premiere, planteó solo una obra llamada Star Wars que no tenía secuelas y funcionaba de forma extraordinaria por ser eso: una película que no miraba al futuro.

El primer nombre de Darth Vader era Darth y no Anakin como se introdujo con The Empire Strikes Back, y la trama giró en torno a un Luke que fue los ojos del público dentro de los personajes. Hoy todo aquello es distinto, porque sabemos mucho de la historia de esa galaxia tan lejana que se anuncia en los créditos de entrada y la película se hace cargo de ello con parajes similares y escenas llenas de nostalgia. ¿Qué tiene eso de malo?

J. J. Abrams es un fan. Es un director de «Fan Mades» de YouTube al que le entregaron el sueño de su vida en las manos. Como un sable de luz Jedi. Y lo usó bien. Como pidieron que se hiciera con los directores de The Fall of Men, de Dragon Ball Z, recibió la posta que menos esperó y la entregó intacta al director de la siguiente Star Wars.

Los tiempos que corren se saltan a los críticos, a los eruditos y a los amargos. Hoy, en tiempos de Google Analytics, Facebook, Twitter, Instagram, IMDB, Rotten Tomatoes o de cuarentones nostálgicos y niños que se hicieron fans de Star Wars gracias a sus padres, lo único que importa es que el comienzo de una nueva aventura no fue lo que vimos en las precuelas y tiene el timón en la dirección correcta: la épica, la familia y la amistad. El verdadero episodio cuatro, curiosamente, sí es una nueva esperanza. Porque pondera el amor por Star Wars, desarrolla bien sus personajes, deja los cabos abiertos necesarios para una nueva película y ahuyenta los fantasmas de George Lucas, el verdadero Darth Vader de su propia galaxia, que al parecer comienza a redimirse al estilo del propio Anakin: alejándose de todo lo extraordinario que supo crear.

Sobre el autor:

Gabriel Labraña (@galabra) es editor y conductor de #MouseLT en La Tercera.

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