Todas quieren con Sandro

por · Enero de 2014

Sandro, el papi de la televisión calentona en Internet: «para ser pareja de una puta hay que tener cojones».

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Esta entrevista fue publicada originalmente el 17 de febrero de 2010.

Sandro no se da cuenta, pero a él lo conoce todo el barrio. Todos saben dónde vive, quién es y, lo mejor/peor de todo, qué es lo que hace. A él no le avergüenza, al revés, pero igual se pregunta, con cara de grandeza y una mano en la pera: «¿De dónde me conocerán?».

Sandro es el creador y administrador de Ponelo.cl, un portal donde cientos de damas de compañía ofrecen sus servicios. Algunos les dicen escorts, la mayoría las sigue llamando putas. Él les vende un espacio con una tarifa mensual y las mujeres ponen sus fotos, sus descripciones y sus precios. Acá no hay regulación de mercado ni tarifa mínima: ellas compiten con promociones y ofertas, y si la de al lado cobra más barato, hay guerra de precios. «Esa hueá al cliente le interesa».

Sandro trabaja donde vive, y a las siete y media de la tarde está recién levantándose de la siesta. Sus ojos son chicos, por el sueño pero sobre todo por genética. Es daltónico y su pelo apenas es dominado por el gel. Tiene una camisa leñadora muy a la moda y cuando se ríe suena JA JA JA muy fuerte en toda la casa.

Y Sandro también es el hombre detrás de TVH.cl (NdE: sitio extinto), el canal de televisión hot por Internet, donde él mismo oficia de animador, productor, director y editor. Ahí las mujeres que aparecen en Ponelo.cl llegan de invitadas y se van sacando la ropa, mostrando lo suyo, hablando de lo que hacen en el trabajo. Algunos programas son en vivo, y los usuarios pueden interactuar con las entrevistadas. Pueden hacerles propuestas por teléfono, pidiéndoles que se saquen tal prenda, que muestren algo en específico o que introduzcan algo en su cuerpo. También pueden hacerles ofertas.

Pero lo mejor de Sandro es que no se llama Sandro.

—Mi nombre es Sandrino. Sandrino Sáez. Pero siempre la historia era igual: me decían oye cómo te llamai, y yo les decía Sandrino, y ellos pero cómo te llamai, y yo Sandrino, San… ¿cómo?, me preguntaban de nuevo, y yo ¡Sandrino, hueón. Sandrino!, entonces pa no estar repitiendo esa hueá siempre, me puse Sandro. Una hueá más corta que en el fondo es casi lo mismo, y lo uso en todos lados. En TVH, en Ponelo.cl. Ese día que murió Sandro, yo estaba en el chat, y todo el mundo estaba diciendo ‘murió Sandro, murió Sandro’. Y de repente me di cuenta que había muerto el Sandro cantante.

—¿Y te dio pena?

—Eh… ni tanto.

—¿Cómo te metiste en esto de los sitios para adultos?

—Es que normalmente te metís al negocio porque tenís algún conocimiento o porque erís cliente de este tipo de productos, de escorts y demás. Pero en el caso mío, yo entré sabiendo nada y sin ser cliente. Yo entré hace como cinco años, y el día que lo hice yo no sabía nada de computación, ni encender un PC. Y la primera vez que me conecté a Internet, hace 5 ó 6 años, yo no sabía con lo que me iba a encontrar, y lo primero que a uno se le van apareciendo son las páginas porno o de adultos. Y, obviamente, empecé a ver a las chicas. Siempre, eso sí, con un foco comercial. Yo siempre pensaba ‘cuánto pagará esa chica para estar en ese sitio’, más que ‘oh, que tiene lindo poto’, ¿cachai? O sea, igual les miraba el poto, pero me interesaba más la parte del marketing de las chicas: cuánto ganaba el tipo que tenía la página, cuánto costaba hacerla y mantenerla. Y así fue.

Siempre, pasa por hueón antes que por vivo, vai a quedar mucho mejor frente a la gente.

—¿Y antes qué hacías?

—Antes yo trabajaba en Tur Bus. En la central de carga. Na que ver. Nada que ver con nada. Nunca fui cliente de damas de compañía, nada, nunca. Yo soy sureño, y una vez me acuerdo que fui a un topless, y que me gasté todo mi sueldo. Ganaba 150 lucas, y al otro día me quería morir, no tenía un peso. Yo soy de Concepción a la costa, para el lado de Lebu.

«Yo siempre estuve solo en esto. Aprendí solo a hacer páginas, y en Tur Bus trabajé con gente relacionada a la informática, y yo a ellos les preguntaba. Uno tiene que pasar siempre por hueón en la vida. Siempre, pasa por hueón antes que por vivo, vai a quedar mucho mejor frente a la gente. Un tipo que sabe de informática es súper receloso con su pega, pero preguntaba y los gallos me indicaban y ahí fui aprendiendo. Pero solo».

—Hablemos de TVH.cl ¿Cómo funciona? ¿Graban siempre?

—Nosotros grabamos cuando tenemos algo de qué hablar. Si por ejemplo yo me paro solo frente a la cámara, nadie me va a querer ver. Pero si voy con alguna mina, ya se hace más atractivo y ahí dicen, ‘ah, vamos a ver al Sandro’. Y yo soy bueno pal hueveo, cachai, su garabato. Antes grabábamos acá mismo, en mi casa, tenía una habitación habilitada para ello. Pero las chicas se sueltan más y se sienten más cómodas en sus departamentos. Se ponen más jugadas, más atrevidas, tienen su ropa ahí entonces se pueden cambiar si quieren mostrar algo. Y acá era como más conversa, se soltaban menos, había menos confianza.

«Yo acá vivo y trabajo. Acá en Manuel Montt está lleno de privados. Hay uno más abajo, en el 871, y esa hueá más arriba de los chinos, esa es un privado entero pa arriba. Es una vida terrible la de ser dueño de un privado. Porque es distinto. Eres un cabrón. Y como cabrón, la policía te sigue, te busca. Pero no, me siento bien así, trabajando así. Si mi ídolo es el Hugh Hefner. Ese weón es un ídolo. No es que quiera ser ese weón, pero me gusta. Me gustaría trabajar como Hugh Hefner».

—¿Tienes más páginas aparte de TVH y Ponelo.cl?

—Tengo hartas páginas, igual: una de línea erótica y un Facebook calentón, Facehot. Yo las administro todas. Pago las pegas más específicas, como de programación: si quiero apretar un botón y que la página vuele y que diga ‘hola, buenos días’, esa weá la pago. Pero de repente hago canjes, como no conozco a tanta gente, la hago por ese lado.

—¿Qué tipo de canjes haces?

—De todo tipo, y del que estai pensando también. Por ejemplo, tengo un tipo que me arregla las puertas. Le dije oye, tengo las puertas malas, ¿me las podís arreglar?. El me preguntó ¿y cuánto me sale? Puta hueón, te vai a culear un par de minas. ¡Puta ya pos, hueón!, me dijo’. El loco en cinco minutos tenía todas las puertas listas.

—¿Y con las mujeres cómo funciona el negocio?

—A las minas yo les cobro por servicio mensual. Y tengo una cachá de minas así. Pero yo no abuso. Es como el panadero, que si te comís el pan de tu panadería, el negocio se va a ir a la chucha. De repente le pegai un mordiscón a una marraqueta, pero a lo lejos, no podís andar comiendo todo el día. No no no. Acá es igual: de repente te pegai unas arrancás, unos polvitos, pero lo mínimo.

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Pa andar con una puta hay que tener cojones. Pa saber que se están culeando a tu mina, hay que tener cojones. Ella siguió trabajando mientras estábamos juntos.

Hay que decirlo: Sandro tiene cara de cualquier cosa —de oficinista, de dueño de una botillería, de ex jugador de Primera B, de exitoso emprendedor o de empleado fracasado— menos de ser lo que es: el dueño de un portal de prostitutas.

—A mí me gusta trabajar con mujeres —dice Sandro, con soltura—. Me gusta relacionarme con mujeres. No siempre en el extremo de llegar a la cama, pero me gusta. Es una cuestión que me gusta, cachai, simplemente me encanta estar rodeado de mujeres. Yo soy re poco de amistades con hombres. Porque si salgo con un grupo de hombres a carretear, la tendencia de ellos es tomar tomar tomar, y yo no tomo. Entonces no voy a sintonizar nunca con ellos. Yo voy donde van minas. Yo pregunto ¿hay minas?, y si hay minas, yo voy. Pero de salir solo con un grupo de hombres, no. Si yo fuera bueno pa tomar me sentiría cómodo, pero como no lo hago, mientras hayan mujeres yo feliz.

—¿Siempre te fue bien con las mujeres?

—Es que no va por ese lado tampoco, no va por vender a un galán. No. Me gusta estar con mujeres nomás. Soy cómodo. Y la mujer es más atenta con uno. Ahora, el tipo de mujer del que te hablo, con las que yo trabajo, es mucho más esforzada que cualquier mujer. Son prostitutas pos, hueón. Yo hasta tuve una hija con una prostituta. Me metí con la mina, después conviví y me separé. Pero pa andar con una puta hay que tener cojones. Pa saber que se están culeando a tu mina, hay que tener cojones. Ella siguió trabajando mientras estábamos juntos, y de ahí ella sola se quiso retirar. A mí no me costó que ella fuera puta, pa na. A mí me gusta, por ejemplo, el tema de los swingers. Yo soy un hueón súper abierto de mente, entonces no tengo rollos. Pa mí la infidelidad es cuando te metís con alguien sentimentalmente, no cuando te vai a pegar un polvo con una loca por calentura.

—¿Y con las mujeres de Ponelo.cl, ha pasado algo? ¿No las recomendai en el sitio?

—Es que yo a veces me puedo meter con una mina que esté en mi página, y la atención que la mina le da a un cliente comparada con la que me da a mí es muy distinta. Entonces yo no puedo hacer un catastro de si la mina es buena o mala para atender. Yo puedo ir a comerme una mina, y la mina puede ser muy la raja conmigo. La mina conoce a Sandro, sabe quién es Sandro, y va a querer quedar bien con Sandro. Entonces yo digo puta, la cagó la mina, estupenda, me atendió la raja, me hizo el vuelo del cóndor, del pájaro, del canario, toda la hueá. Acá arriba la mina (señala con la mano la altura de su cabeza). Va a leer el comentario un hueón, va a decir ‘ohh, la cagó esta mina’, y después para él no va a ser la misma atención.

—Todas quieren estar con Sandro…

—Saben que soy el dueño del negocio. Quieren quedar bien con Sandro. Y eso para uno es bueno —dice, riéndose con su risa fuerte, achinando sus ojos chinos.

Todas quieren con Sandro

Sobre el autor:

Cristóbal Bley es periodista y editor de paniko.cl.

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