Un plan para pasar la vida leyendo

por · Enero de 2016

La historia de Familias, la última entrega de Fabián Casas, es la historia larga de un libro corto.

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La historia de Familias es la historia larga de un libro corto. En el año 2000, cuando Fabián Casas ya era un clásico entre la poesía de los años noventa (lo publicó José Luis Mangieri, mítico editor), el relato “Veteranos del pánico” lo instaló en el mapa de los narradores que rompieron la barrera del sonido de la literatura que se trafica y circula. De esa novela breve se dispararon los poemas y las historias que Casas escribió después. Entre ellos, los poemarios Oda, El spleen de Boedo, Horla City, y una serie de crónicas publicadas en el diario argentino Perfil. La mayoría de esos textos, que sobreviven por separado, están ambientados en Boedo, el barrio de Buenos Aires donde creció, y están contaminados por una escritura contundente, dominada por el lenguaje directo, la cotidianidad y el picante de la filosofía. Vicente Huidobro escribió que el adjetivo, cuando no da vida, mata. Y algo de eso sobrevive en Casas: una resistencia feroz a la sobrecarga y una estética de la escena y de lo visto. «A los adjetivos hay que manejarlos como se maneja material radioactivo. Si explota se carga a todo el poema», dice el escritor argentino desde el otro lado de la conexión. En El estilo de los otros, Mauro Libertella lo explica así: «El mejor Casas es un jugador que pasa la pelota y hace sentir inteligente al lector, como si lo que leemos lo hubiésemos pensado, en realidad, nosotros». Hay otro asunto que llama la atención y es que sus textos mezclan todas las fuentes posibles: periodismo, fútbol, rock, cine y filosofía oriental. También, sus relatos funcionan en habitaciones de puertas abiertas, donde es habitual encontrarse con personajes dando vueltas. «Siempre entendí a la literatura como algo colectivo y nunca individual. Individual es el tenis», dice él. Todos esos ingredientes están en Familias, la vuelta del salmón, recién publicado en Chile por Lecturas Ediciones, un libro corto que pone a hornear infancia con experiencia adulta, y poemas con crónicas en la misma fuente del microondas. «Familias es un libro que sale de la mente de Felipe Gana, el editor, él hizo el recorte, lo armó, lo pegó. Yo solo lo leí ya terminado», explica Casas.

—¿Qué tan importante y determinante es la experiencia al momento de escribir?

—Me parece que en el mundo actual, la gente ya no tiene ni quiere tener experiencia. Le deja eso a las máquinas, ¿no? Con lo cual, para mí, tener experiencia, buscar tenerla es central en mi vida. No puedo disociar escribir de vivir, es decir que cualquier técnica que te sirva para escribir, si no te sirve para vivir no me interesa. Le digo esto siempre a mis alumnos.

—Karl Ove Knausgard dice que se hizo escritor porque le rompieron la infancia. Cómo es contigo, ¿por qué escribes?

—Mi infancia fue muy feliz, creo que es en esa etapa en la que cargamos combustible casi por única vez, y que la calidad del combustible que carguemos en ese momento determinará qué tipo de personas seremos cuando las papas quemen. Yo escribo porque siempre me gustó mucho más leer y escribir es un sucedáneo de esto.

—Richard Ford escribió que la historia de una familia es la historia de todo el mundo y a su vez la historia de siempre. ¿Lo ves así?

—La familia es un objeto disfuncional por excelencia. Sin ella, cuando nacemos, no podemos vivir, pero si permanecemos dentro de ella cuando crecemos, no nos deja existir.

A veces las conversaciones con escritores equivalen a la caja negra de los aviones. Las palabras antes del accidente que supone el encuentro con su pensamiento. «Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia», anotaba Casas al cierre del poema “Hace algún tiempo”. Cuando hablamos de formas novedosas para decir cosas, parece que todo asunto termina por ser reversible para quien sepa contarlo: «la literatura no está agotada, yo estoy agotado (tengo dos nenes muy chicos)».

—¿Hay algún límite para contar la intimidad familiar o de otras personas? ¿Escribir libros se parece a lanzar un búmeran?

—Sí, el límite para mí es que no afecte la privacidad de las personas que conozco y sobre las que escribo. Me gusta la vida privada.

—¿La literatura es lo que las palabras despiertan en el lector? ¿Qué es para ti?

—La literatura es un buen plan para pasar la vida leyendo y aprendiendo a vivir sin miedo a pesar de ser, inevitablemente, un esclavo.

—Hemingway contaba que el periodismo le dejó la necesidad de escribir un comienzo contundente que atrape al lector, y que además es muy útil saber irse a tiempo. ¿Qué te dejó a ti?

—Un auto.

familias casas

Familias. La vuelta del salmón
Fabián Casas
Lecturas Ediciones, 2015
96 p. — Ref. $6.000

Un plan para pasar la vida leyendo

Sobre el autor:

Felipe Ojeda (@paniko).

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