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Misery para adolescentes

por · Abril de 2016

En la recién estrenada Avenida Cloverfield 10, el mito de Adán y Eva es revisitado por Dan Trachtenberg, un debutante bajo el alero de J. J. Abrams.

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En Avenida Cloverfield 10, el mito de Adán y Eva es revisitado por Dan Trachtenberg, un debutante bajo el alero de J. J. Abrams (Star Wars: El despertar de la fuerza). Se trata de una pieza de entretención masiva, hermana espiritual de Cloverfield, que más parecida a un aterrizaje en la isla de Lost o una novela enervante de Stephen King.

Tiene la lógica de un blogger cinéfilo, que ha visto más de la cuenta antes de cumplir la mayoría de edad. De eso, y también de estar encerrado en su habitación a punto de desarrollar fotofobia. Avenida Cloverfield 10 se mueve en un mundo sin amigos, donde todo es escapar y esconderse de eso que te agrede. Tiene a su haber a Mary Elizabeth Winstead (Scott Pilgrim contra el mundo), una heroína de acción, fantasía-no-virtual de una legión de nerds que tal vez no registran a John Goodman, pero que desde ahora en adelante lo harán. Sí que lo harán, porque él es el pilar que impide que el búnker donde sucede este reality de pesadilla no se desplome.

La historia se desplaza competente, hay una huida y posterior accidente, un despertar confuso, Michelle (Winstead) parpadea desesperada esperando que sea un sueño dentro de otro, pero comprueba que está cautiva en el búnker de Howard (Goodman), su salvador y a la vez carcelero, que se mueve y respira con dificultad. Un obeso semidiós paranoico en la estirpe de los protagonistas de Preppers de NatGeo, víctima de su patetismo, cruel y contradictorio como cualquier divinidad.

Hay un tercer habitante en el búnker, Emmett (John Gallagher Jr), pero a Michelle le cuesta confiar en él. Adentro todo es ambiguo, hay datos inquietantes pero pareciera ser mejor que estar afuera donde la información entregada a cuentagotas por Howard es escalofriante. Pero Michelle insiste en encontrar su verdad, el oficialismo de su captor no la convence.

Comienzan los gritos, las patadas, las trampas en el camino, y la anhelada posibilidad de escapar. La tentación de Michelle desata un vendaval de fuego y ácido, pero es el precio de su decisión.

Huir es otra historia, una que no importa mucho. Todo es más acogedor en el paraíso de hormigón armado de Howard. Porque sucede que el jardín del edén está lejos de ser un croquis de paisajes fértiles y cascadas cristalinas. Aquí el edén es de apariencia artificial, con comida no perecible, visionados de La chica de Rosa y canciones de alma kitsch que salen desde un Wurlitzer . El infierno se parece a un rancho rodeado de una plantación de maíz, pero Michelle oprimió el botón de su autoexilio y ya no hay vuelta atrás, tampoco para nosotros.

Misery para adolescentes

Sobre el autor:

Fernando Delgado es comunicador audiovisual y guionista de series y teleseries en TVN, MEGA y CHV.

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