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Comidas y rituales en Cuchifritos

por · Abril de 2012

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Los lugares siempre nos ofrecen sorpresas por más conocidos y cotidianos que sean para nosotros. Eso me pasó este fin de semana acá en Nueva York, ya que a pesar de que vivo hace cuatro años y Manhattan es una isla muy chica, el sábado descubrí en un rincón de un mercado de comida tipo “Vega central”, una galería que también tiene nombre de comida. Suena a cuchuflí, pero se llama Cuchifritos.

Me imagino que el que la galería quede en un espacio donde se venden alimentos, en algo influenció a los artistas que participaron en la muestra que fui a ver, “Butter Digger”. La artista Anya Liftig sobajeó cada una de las partes de su cuerpo, cubierto con una capa de plástico transparente que dejaba ver toda su anatomía, con un salmón de unos 70 cms. Después de unos minutos, que no puedo negar me pusieron bastante incómoda, llegó lo peor: con un cuchillo cortó parte del pescado y con mucha fuerza lo agarró de la cola y lo abrió en dos. Para terminar, sacó una batidora, metió unos trozos y después se tomó el jugo. HARDCORE!

El video de Dawn Frasch (para que vean lo chico que es Nueva York, es mi vecina en Greenpoint, Brooklyn) fue una de las piezas que más me gustó. En un especie de video collage que muestra a un monstruo de nuestros días, que no se controla con sus obsesiones y ansiedades y termina por comerse a su único amigo, un sándwich.

Otro de los artistas que se conectó con la onda de la comida y con el mercado de Essex, que es donde está ubicada la galería, fue Andrae Hinds quien usó crema de chocolate y cereales para sus pinturas.

Los rituales, además del que vi en la performance y que me dejó la guata revuelta todo el día, estuvieron como tema tocados por la única artista chilena que participó en este show, curado por Katie Cercone, Elisa García de la Huerta con una pintura collage sobre una sábana de unos 9 metros cuadrados titulada “Rayén”, que mostraba a una mujer abrazada de un árbol llorándole sus penas. Como cuando las mujeres mapuches iban a los árboles, lloraban por horas a los mapuches muertos en las luchas contra los españoles y la sangre de los hombres caídos alimentaba el rojo del copihue.

Sobre el autor:

Marcia Juliá (@marciajupe)

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