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Más que una canción de enanos

por · Diciembre de 2012

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El Hobbit: un viaje inesperado está hecha para fanáticos. La primera parte de la trilogía, basada en el libro The Hobbit de J.R.R. Tolkien, es de ensueño. Aunque el público seguidor sea mayoritariamente aspirante a tolkieniano, la leyenda está hecha para niños o adultos que quieran volver a serlo, cumpliendo el propósito original ciertamente.

En el filme recién estrenado, el joven Bilbo Bolsón se adentra en una aventura con trece enanos que pretenden recuperar sus riquezas, pero sobre todo su hogar, del que fueron expulsados por el dragón Smaug hace 60 años, según se canta cuando al caer la noche los vientos gimen. Gandalf, el mago, es el encargado de reunir y apoyar esta empresa, liderada por Thorin, escudo de roble, en la que se trama algo más que el público puede olfatear al ver el filme.

El tesoro, para su director Peter Jackson, es el incomparable escenario nórdico, donde bosques, llanuras, castillos, cascadas, villas, se funden para hacer un poderoso anillo, que el espectador aprecia y recompensa. Tal como en la primera trilogía, la fórmula, en efecto, da resultado.

Para los fundamentalistas hay una mala noticia. La fidelidad del libro con la cinta no es 100% pura. El director apostó por involucrar trozos de otros libros para explicar y a la vez retirar ciertos motivos, de manera de sintetizar parte de la historia. No obstante, en esencia la pérdida es tan pequeña como un hobbit.

Dentro de la cultura occidental, el héroe y su inesperado viaje es más que una institución. Sin embargo, aunque el mito tenga la voracidad del Beowulf, el héroe, tal como en la primera versión de Jackson, es la criatura que menos lo aparenta. La valentía, el coraje y el perdón, características que se transmiten mediante las leyendas de duendes, enanos, hombres, magos y oscuras criaturas, son el camino que permite al lector-espectador, vivir una vez más su niñez.

Será inevitable pensar o comparar ambas sagas. No lo haga, pues no encontrará buenas respuestas. El señor de los anillos I, II, y III, fue simplemente un hito. Algo fresco y heroico, desempolvado de los años 20, que reemplazó el hueco llenado por Homero en su momento y tantos otros juglares de la valentía, los tesoros y los amigos.

El Hobbit es un esfuerzo para el fanático que leyó todas las historia de Tolkien. Para esa persona que agradece cuando una simple canción de enanos sobre pinos que rugen, mazmorras profundas, dragones escupe fuego y árboles como antorchas, toma forma para agasajar su mente.

Más que una canción de enanos

Sobre el autor:

Fabián Padilla (@_elpadilla)

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