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Gente mala: acción en falso

por · Agosto de 2014

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Este es un libro que se compra en el aeropuerto. Con una de esas tapas que repele a varios y atrae justamente a quienes tienen un vuelo largo y necesitan algo que les haga el viaje más corto y placentero. Un thriller de capítulos fugaces, lleno de diálogos e imágenes, con una pluma que no entramparía a nadie que no haya nacido en Chile. Una novela que intenta ir en la línea de autores policiales y de misterio como los bestsellers David Baldacci o John Katzenbach, cuyas últimas publicaciones adornan la solapa de este volumen. Ese es el disfraz con que Ediciones B viste a Gente mala (2014), la primera ficción de Juan Cristóbal Guarello. Lo que hay por dentro debió engordar unos cuantos kilos para no quedar bailando dentro del traje.

El conocido periodista deportivo (Anecdotario del fútbol chileno I y II, Historias secretas del fútbol chileno 1 y 2) se basa abiertamente en el caso del secuestro y asesinato de Rodrigo Anfruns ocurrido en 1979 para armar un relato mirado desde la óptica de los responsables. Willy y Varelita son dos agentes de la CNI a quienes les encargan raptar a un niño de seis años para escarmentar a su abuelo, el nuevo director de Correos, un Carabinero que les estaba complicando la existencia. Con la sustracción errónea del menor comienza la novela donde desfilan generales, coroneles, comisarios, Su Excelencia y la Primera Dama.

Desde ese mismo inicio se entiende que la novela se enfocará en mostrar el mundo interno de la Inteligencia en dictadura, donde el tono sarcástico predominará para desnudar a los protagonistas: hombres banales, misóginos, arribistas y desesperados. Esa conclusión se logra metiendo en la licuadora a la gran cantidad de personajes que hay en la novela. Tantos y con tan pocos rasgos propios (más allá de la agresividad de uno o la obsesión por la masturbación de otro) que terminan por ser inidentificables. La mediana excepción, con cierta lógica, es la de la única mujer del grupo, a quien se le da un trato algo más profundo. Pero claro, esto es un thriller. La acción es lo que manda y ahí se juega sus fichas Guarello, aunque termina quedando corto.

La construcción de diálogos es la parte fuerte de la novela. Como a pocos autores los garabatos le fluyen de manera natural y le aportan mucho al tono humorístico que busca tener el libro. Incluso, cuando parecen excesivos, funcionan.

Al verlo aturdido, lo molió a patadas en el suelo y le descerrajó todos los garabatos desde su boca espumosa.
−¡Hijo de puta! ¡Chancho conchetumadre! ¡Asesino culiao! ¡Hueón maldito! ¡Roto saco de huevas! ¡Para que lo mataste! ¡Chancho seboso de mierda! ¡Para qué lo hiciste!

Cuando Guarello se aleja de esa fórmula aparece uno de los ripios del libro. Durante pasajes, el lector logra cierta conexión con el narrador, pero de improvisto pareciese que la voz que cuenta la historia es otra. Y otra. Algunas veces se mezcla con la forma coloquial que tienen los personajes al hablar. A ratos, hay una seriedad demasiado notoria (tras la muerte del niño, por ejemplo), y en ocasiones la neutralidad se toma las páginas. Eso confunde y hace volver atrás para saber si nos perdimos de algo. El truco, si es que hay uno, no resulta.

Si bien el continuo diálogo de los personajes, sumado a la brevedad de cada uno de los 82 capítulos, ayudan a que el pasajero de avión no se quede dormido, en un libro de este tipo no basta con eso. La historia debe avanzar a esa misma velocidad. Ahí Gente mala también se cae: las 216 páginas resultan excesivas para un relato que podría contarse igualmente en la mitad de hojas. Hay escenas (viaje al sur, visitas a bares, conferencias castrenses) que no aportan a mantener la tensión que exige un thriller. Cuando el lector al fin entra al tobogán, logra armar la película en la cabeza y va en caída libre, aparece una azafata para preguntarle lo de siempre: ¿pollo o pasta?

gentemala

Gente mala
Juan Cristóbal Guarello
Ediciones B, 2014
216 p. — Ref. $14.000

Gente mala: acción en falso

Sobre el autor:

José Pablo Harz (@jpharz).

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