Una serie endogámica

por · Marzo de 2016

Gramatik en Lollapalooza.

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Pienso en la sinopsis de una serie: mientras se desarrolla la presentación de Gramatik, afuera de los límites de un escenario multipropósito estalla una hecatombe que no deja a nadie con vida en la capital. Solo sobreviven quienes estaban dentro del recinto, ergo, una horda de adolescentes emparentados y bien conocidos entre sí. Nadie puede salir, nadie puede entrar, quedando todos presos —con DJ, los técnicos y los vendedores de comida incluidos— en un sistema de castas chapucero, donde los que poseen mejores contactos en el exterior dominan el improvisado gobierno dentro del arena. Hay intrigas de tablero de ajedrez estilo House of Cards, pero la moral es de Gossip Girl. Visualizo conquistas sexuales estilo Cruel intentions y mucho sarcasmo y vísceras en la herencia de Scream Queens. Se me ocurre un plot twist a la rápida: el músico y también productor especializado en mezclar blues, funk y jazz, padre de ocho álbumes, era solo la carnada para atraer a una masa de hormonas en expansión con un siniestro propósito: torturar a los hijos de la clase dirigente por los errores de sus padres con las clases populares.

Sí, es un argumento que incita al odio de clases pero definitivamente es más entretenido que presenciar a esos mismos quinceañeros sin polera moviéndose en manadas por los pasillos del recinto rumbo a la nada, el sector cancha del Arena exuda frenesí, se distingue un bote inflable pasando por sobre las cabezas de los presentes, Gramatik desde el escenario incita a la fiesta desplegando visuales estilo Tron en las pantallas LED y de repente todo remite a Mala Onda de Alberto Fuguet o a Barrio Alto de Hernán Rodríguez Matte.

Un grupo de cinco entra al baño dispuesto para discapacitados con la actitud de quien se apresta a hacer alguna maldad. Inhalar sustancias entre amigos como parte de un coming of age suficientemente visto pero nunca del todo aburrido. Creo que ya estoy viejo para algunas cosas, mi moralina no deja de sentir rechazo por estos post púberes que se pegan en la pera, mientras fuera de la cancha todo es lánguido o eufórico: no hay tintas medias. Discípulas de la agencia Elite conversan apáticas a la vez que envían mensajes y actualizan sus redes como acto reflejo (¿todas se parecen a Josefina Montané o a Kika Silva?), son los últimos estertores de una bocanada de marihuana en el frescor del hormigón, como si fuera un improbable paseo de curso sin apoderados ni profesor jefe, a eso huele la hierba que fuman estos chicos, a subversión de una comedia escolar de John Hughes.

Me alejo de los beats y de los estímulos láser de Gramatik y afuera, pese al calor abrasante de la tarde del domingo, corre una brisa que alivia. Insisto en que todo esto se lee mejor como un story line que como la vida misma, al menos para Denis Jasarevic la vida es un poco más emocionante que para el público que se congregó ese día a verlo. De eso estoy seguro.

Gramatik

Una serie endogámica

Sobre el autor:

Fernando Delgado es comunicador audiovisual y guionista de series y teleseries en TVN, MEGA y CHV.

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