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Hey Paul

por · Mayo de 2011

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Hay momentos en la vida donde sientes que todo está realizado, o que te puedes morir tranquilo de un momento a otro. O menos dramático: que sientes que es el último concierto al que irás, porque ya lo viste todo. Paul McCartney puede causar algo parecido, en muchos de los que crecimos al alero Beatles.

No es cualquier cosa ver a un Beatles, compadre”- es una de las frases que he escuchado durante mucho tiempo y que estuvo rondando por mi mente los últimos días antes del día D: la segunda vez de Sir Paul en Chile. Y es cierto, porque no todos los días se ve a uno de los principales creadores del concepto del rock- y me atrevería a agregar pop- que entendemos hasta nuestros días.

Son las ocho y media de la noche y las dos pantallas gigantes a los costados del escenario comienzan a mostrar imágenes de los sesenta, los setenta y toda época que haya atravesado la vida del veterano ex Wings. Fotos de la sala de grabación en Abbey road, componiendo con Lennon, como también fotos de los “fabulosos 4” en épocas tan épicas como la de Sgt. Pepper y el Magical Mystery Tour. Luego vienen imágenes de Paul con su desaparecida mujer Linda, haciendo siempre guiños a los años de carrera en que el anfitrión de esta gran fiesta lleva haciendo rock and roll.

Todo, junto a la música de McCartney y de la banda de Liverpool en versiones más cercanas a la electrónica que al rock, mezcla bastante interesante que retrata de cuerpo entero la afición por los nuevos sonidos de uno de los sobrevivientes de lo que fue- y es y será- la banda más importante en cuanto a música popular se trata.

McCartney

De pronto, se apagan las luces y una pequeña intro da paso a que el legendario bajista salga a un Estadio Nacional repleto de chilenos de todas las edades, familias completas que lo aplaudían a rabiar vitoreando su nombre. Después de un pequeño saludo y con el clásico bajo Hoffner violín [que vendría a ser uno de los bajos más famosos de la historia del rock sin duda], comienza el recital con Hello, Goodbye del disco Magical Mystery Tour de 1967, para luego seguir con Jet, de su época con Wings. El show continuó con temas que son parte del inconciente colectivo mundial, como All My Loving, Letting Go de Wings, Drive My Car, entre otros.

Un Estadio Nacional repleto de historias personales que derivaban en cuchicheos respecto a cada una de las canciones

Lo que más llamó la atención junto con el gran set list de canciones, fue la cordialidad del músico británico al jugar con el público y dejarse querer por un Coliseo que se venía abajo; fue gratificante verlo conversar con el publico, llamarlos literalmente “bacanes” en un español divertido, pero no por lo mismo menos emotivo para quienes esperábamos al ex Beatles casi desde que nos comenzó a gustar el rock y que no pudimos ir el 93 cuando vino por primera vez.

Todo el programa del show estaba hecho con una emotividad perfecta que daba pie a todo tipo de expresiones y recuerdos que venían a la mente de cada uno de quienes estábamos en el estadio esa noche. Más encima, con la aparición de temas de la talla de And I love her, Blackbird , Here today y Something, cada vez se hacía más presente el espíritu inglés en un Estadio Nacional repleto de historias personales que derivaban en cuchicheos respecto a cada una de las canciones.

Especialmente con interpretaciones como Here Today, el tema escrito en los ochenta por McCartney, en memoria de su amigo, compañero de banda y contrincante por gran parte de los setenta: John Lennon, y Something, tocado en memoria de George Harrison y escrito para el disco Abbey Road de 1969, en donde aparecieron imágenes del difunto guitarrista.

Con temas como Band on the Run, McCartney nos recordaba que no fue solamente un The Beatles, lo que lo hace tan grande, sino que también, al igual que Harrison y Lennon, sus carreras solistas ponen de manifiesto que hubo tres genios del rock y la música popular en general, que previamente coincidieron en una banda de un puerto de Inglaterra.

Hacia el final del primer encore y después de veintitres temas tocados de manera magistral, vinieron A Day In The life– tema que está originalmente dividido en dos partes una cantada por Paul y otra por John-mezclado con Give Peace of Chance, haciendo nuevamente un guiño a la otra mitad de la dupla compositiva más famosa del planeta.

Con Let it be, Live and Let die– tema en donde la calidad de la banda y la parafernalia de explosiones y juegos artificiales hacen olvidar que alguna vez hubo una banda llamada Guns and Roses y que hizo un cover este-, y Hey Jude, la primera y más completa etapa del show estaba cerrada, para así dar un pequeño encore que necesitábamos más nosotros que el mismo McCartney luego de veintisiete temas de corrido a un paso de los 70 años.

Después de grandes aclamaciones, Paul vuelve a la carga con Day tripper, Lady Madonna, y una poderosa versión de Get Back para así llegar a un nuevo encore que muchos entendieron como el final del concierto sin saber que aún quedaban maravillas como Yesterday, Helter Skelter y Sgt. Peppers Lonely Heart Club Band para terminar con The End, el tema que recuerda el final de una época llamada The Beatles y que al parecer nunca terminará realmente.

Hey Paul

Sobre el autor:

Francisco Méndez

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