Paseo por Googleplex

por · Enero de 2012

Crónica y fotos desde la base de operaciones de Google en California, el edificio del buscador predeterminado de nuestras mentes.

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Hace unos meses llegué hasta Silicon Valley para conocer la base de operaciones de Google: el Googleplex. El edificio donde nacieron Gmail, Google Chrome, Google Earth, Google+, Google talk y un montón de otros populares servicios. Dentro del complejo del buscador predeterminado de nuestras mentes vi cosas impresionantes, pero también conocí el lado más siniestro de la gran G. Las cosas que vi (y que no debería contarles), van en esta crónica desde California.

// Crónica y fotos: Franco Iovi.

Esto parte en el 1600 Amphitheatre Parkway, de Mountain View. Llegué al “Corporate Headquarter” de Google– el Googleplex– temprano, y permanecí con el resto de la comitiva retenido por media hora en los estacionamientos del recinto, mientras algunos guardias averiguaban qué estaba pasando.

Casi todo el tiempo que estuvimos detenidos se nos advirtió de forma muy seria que no tomáramos ninguna foto ni fuésemos a recorrer las instalaciones por nuestra cuenta. Una recomendación siempre presente en cada rincón de Silicon Valley, donde el enemigo más visible parece ser el espionaje industrial > cámaras fotográficas > turistas/estudiantes/geeks curiosos. Aclarado este punto, pudimos entrar a uno de los tantos edificios del complejo, para finalmente poder identificarnos en el lobby e ingresar.

Al entrar en el Googleplex es obligación firmar un contrato digital, que es mostrado en una pantalla y donde debes jurar que no eres parte del gobierno de Cuba, ni del de Corea del Norte y que no revelarás nada de lo que verás en tu estadía. Una vez aceptado, la misma máquina imprime un sticker con tu nombre (como en Sábado Gigante) que te identifica como visita, y que debes colocarte donde sea siempre visible.

El Googleplex es un edificio moderno, de paredes de vidrio y todo el rollo de la sustentabilidad, con más de 9 mil paneles solares en los techos y otros sitios. El primer vistazo de la compañía es verde: el área de acceso está repleta de jardines, con quitasoles de colores, algunas bicicletas y carritos eléctricos para recorrer el amplio complejo; y verde y más verde: con algunas canchas de vóleibol, cercados por los edificios con forma de Pac-Man, como muestra esta vista aérea:

F: geni.org

En el recorrido se ven todo tipo de cosas sorprendentes (ups): en los diferentes patios en los que estuve pude ver los fósiles armados de un dinosaurio, un huerto que los mismos empleados cultivaban, paneles solares en todos los techos (incluyendo los estacionamientos) y bicicletas para una y varias personas, incluso algunas que formaban un recorrido en círculo para que los equipos de trabajo pudieran conversar moviéndose (!). A pesar de esto, lo único que me dejó verdaderamente boquiabierto fue ver en uno de los patios del edificio una fila de varias y pequeñas piscinas individuales- de un metro y medio de ancho por tres de largo-, para nadar contra la corriente, y ¡cada una con su propio salvavidas!

Al preguntar el porqué del exceso nos explicaron que así lo exigen las normas de California.

F: Eros Hogland

El interior del Googleplex también es impresionante y con esa mezcla que da lo estrafalario, caro y siempre al límite entre lo “funcional” y lo derechamente WTF. En primer lugar, el hall principal está lleno de maravillas y algunas excentricidades. Lo primero que destaca en él es una pizarra gigante que se encuentra al medio de la habitación y donde todos los empleados y visitantes (excepto yo, porque no me dejaron) pueden escribir alguna idea o mensaje.

Se ven desde integrales y ecuaciones, hasta grafittis y mensajes en contra de Facebook y Microsoft.

F: Eros Hogland

El hall, además, tiene un simulador de vuelo que te rodea completamente (es un cilindro como de 2 metros de altura formado por pantallas planas) y que utiliza Google Earth con 3D habilitado, además de varias pantallas que muestran de diferentes formas las búsquedas que se efectúan en Google en tiempo real (por cantidad, palabra, destino, etc.). Bajo una temperatura perfecta y un aroma a limpio que ya se quisiera la mejor clínica, también hay pinturas, algunas colecciones –como la de todas las bebidas que se pueden encontrar en el campus-, un collage de fotos de un empleado asiático con diferentes celebridades (si mal no recuerdo incluía a Don Francisco) y hasta una réplica del primer avión privado en realizar un viaje espacial, que estaba colgado del techo.

El hall principal también tiene un carrito de snacks, algo que se repite a lo largo de todo el Googleplex, ya que ningún empleado, según la política de la empresa, puede estar a más de 20 metros de un refrigerio, ya sea una bebida, unos nerds o un paquete de papas fritas. Todos, por supuesto, gratis.

A medida que recorrí el Googleplex fui encontrando varios espacios con pequeños minimarkets, donde se podía sacar cualquier y cuanta cosa se nos antojara. No había nadie adentro que llevara las cuentas y al parecer a Google tampoco le importaba. Más allá aparecieron algunas áreas con flippers y mesas de pool, espacios llenos de trotadoras (pero nadie ocupándolas), un restorán orgánico (donde se utilizaban los vegetales provenientes del huerto interior) y afiches promocionando proyectos en desarrollo. Incluso los baños del Googleplex me parecieron impresionantes: todo estaba automatizado, hasta los WC, que calentaban el asiento y tiraban chorros de agua.

F: Eros Hogland

Un área impactante es el servicio de buffet de Google. En el Googleplex no hay una exclusiva, monopólica y solitaria línea de comida para seleccionar. Uno solo de los comedores cuenta con al menos seis puestos diferentes de comida, cada uno correspondiente a un tipo de cocina en particular, donde todos los empleados (y las visitas) pueden seleccionar lo que quieran entre: comida italiana, japonesa y china, gourmet/fusión, chatarra, postres, ensaladas y demás. Lo mismo corre para las bebidas: se puede sacar una botella o desde una máquina la bebida que uno quiera, cuantas veces quiera. Hasta tienen bebidas (de máquina) marca Google, algo que me pareció bastante impresionante, además de que, repito: todo es completamente gratis.

En este lugar, además, donde todos los viernes de las tres primeras semanas de cada mes, una persona de muy alto rango más uno de los creadores del buscador presentan los últimos avances de la empresa, en un escenario que se encuentra al centro de la habitación, y responden interrogantes hechas por sus empleados.

El sistema funcionaba de dos formas: primero, los empleados pueden acercarse y hacer alguna pregunta por micrófono, o bien, en el transcurso de la semana envían temas de interés. Durante la presentación, a los empleados se les da la opción de seleccionar el tema a tratar utilizando sus dispositivos inteligentes mediante una aplicación que funciona como el “comodín del público” de Quién quiere ser millonario.

De esta manera, el último viernes de cada mes se destina a un evento social, que tiene como objetivo oculto que los recién contratados conozcan y conversen con los demás empleados: en estos eventos abunda la cerveza, y “quedar puesto” es prácticamente una obligación.

La comitiva a la cual pertenecí fue atendida por cuatro chilenos que trabajaban en Google, cada uno de un área diferente. Primero, nos explicaron el modelo de negocios de la empresa, enfocándose en Adwords y Adsense. Sin embargo, la información de peso vino después, durante el recorrido. A medida que los guías se iban “soltando” nos fueron revelando muchas cosas que no se suelen oír del lugar. Resulta que para ellos, muchas de las “ventajas” de trabajar en Google tienen también varios inconvenientes. Por ejemplo, es verdad que cada empleado puede destinar el 20% de su tiempo en cualquier proyecto que quiera, siendo libre de solicitar ayuda a través de boletines internos. Si el proyecto se vuelve popular, la misma corporación lo incentiva y comienza a respaldar. Lo malo de esto –y lo que nunca se menciona- es que si el proyecto empieza a ser distribuido- como Picasa, por ejemplo-, Google conserva los derechos, y sólo le da un bono único al creador y a los que participaron en el producto.

Si el tiempo “libre” no se ocupa en algún proyecto, también puede ser ocupado para estudiar algún tema tecnológico particular, como algún lenguaje de programación, siempre y cuando se justifique su utilidad para la empresa. Por consiguiente, es verdad que todos tienen el 20% de su tiempo libre, pero sólo libre para crear más servicios, mejoras o productos para la gran G.

F: Franco Iovi

Otra cosa que sorprende del trato del personal, es que todos conservan el mismo cargo para el cual fueron contratados, y es prácticamente imposible ascender. De hecho, Google promueve el funcionamiento de su empresa como si todos los empleados conformaran un enjambre, a pesar de decir que la libertad de expresión y diferenciación de sus empleados es algo que los distingue.

En Google te puedes vestir como quieras, llevar perros a tu oficina y personalizar tu área de trabajo, pero si de más arriba te llaman a trabajar en cualquier cosa, tienes y debes hacerlo de inmediato. Esto claramente se ve reflejado en la forma que tienen de manejar situaciones críticas (uno de los tantos secretos de la empresa): Google tiene tres niveles de alerta. Verde, amarillo y rojo. Cada uno de estos está asociado a cada servicio y a la reacción que tendrá la empresa si alguno llegase a fallar. Por ejemplo, si Gmail se cae, se declara alerta roja en Google, y el 70% de los empleados debe dejar sus tareas actuales y solucionar el problema lo antes posible. Lo mismo pasa con el buscador, GoogleApps, Google Maps y todo lo demás. Lo único que cambia el “nivel de alerta” es qué tan usado sea el servicio, qué tan complejo es el problema y qué tan crítico es solucionarlo. El porcentaje de personal que tendrá que dedicarse a solucionar el problema depende de esto, y puede involucrar desde un 20% hasta un 90% de los empleados.

—Cualquiera puede pedir el hardware que desee o un notebook, pero pobre al que se le pierda. Además, todos deben terminar el trabajo que se encuentran realizando, no importa cuánto tiempo les tarde ni a qué hora terminen. El lema es: si no terminas no te vas.

Fue en el casino donde nuestro guía se soltó completamente y nos explicó otras cosas que se supone no se pueden comentar si uno es empleado de Google. Por ejemplo, nos contó sobre su entrevista de trabajo: un día equis nuestro guía entró en una habitación donde dos sujetos, después de presentarse, le hicieron la siguiente pregunta:

¿Cuántos mails se mandan al día en el mundo?

Acto seguido, le pasaron un plumón y le señalaron una pizarra.

El guía nos comentó que pasó cerca de una hora formulando cómo determinar el número, a través de sus conocimientos de estadística y modelos estocásticos. En las entrevistas de Google no hay espacio para bromas ni respuestas ingeniosas, como se suele suponer. En ellas hay que responder científicamente y lo más preciso posible.

También fue en este lugar donde el guía dijo- lo que considero- el comentario más franco y verdadero de toda la visita: uno de los académicos que integraban la comitiva le preguntó “¿todo esto que tienen, lo ocupan?”. El guía puso cara de póker, pensó por un momento y finalmente respondió: “la verdad, no”. Los empleados de Google tienen acceso a muchas cosas, pero es imposible que puedan disfrutar de ellas porque la cantidad de trabajo que tienen es mucha; por consiguiente no tienen tiempo y la explotación de cada una de las habilidades que poseen los deja completamente agotados y desganados. Algo que no se ve tan claramente detrás de las paredes de vidrio de la arquitectura contemporánea del edificio.

F: Franco Iovi

Al final de la visita nos llevaron al giftshop, en donde, a pesar de la mala impresión que me llevé de Google, igual nomás compré una polera, un gorro y un jockey. Eso sí, antes de irnos logré uno de los objetivos que me propuse antes de llegar a Silicon Valley: buscar “google” en Google adentro de Google.

Paseo por Googleplex

Sobre el autor:

Franco Iovi (@francoiovi)

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