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PXNDX en Chile: nunca dejaremos de gritar

por · Mayo de 2015

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Si viviéramos en una dictadura hipster, este lugar sería un campo de concentración. Una cita emo con PXNDX.

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Fotos: Lukas Cruzat

—¿Usted viene a trabajar o a pasarlo bien?— pregunta astuto pero con simpatía el joven encargado de entregar las credenciales de prensa en el Teatro Cariola. Como un Sherlock Holmes su bulbo olfativo detectó por entre los barrotes de fierro que nos separaban el juguetón y agridulce aroma a pisco que brotaba con transpiración desde mis glándulas sudoríparas. Miró directo a las pupilas dilatadas, la sonrisa de oreja a oreja que se apretaba sin necesidad jugando a Jack del Resplandor contra la reja y los dedos que se teñían rojo sangre de adherirse también, sin necesidad, como lapas, a los barrotes.

—Emm… las dos cosas— respondo intentando una mueca equis/de activando con fuerza todos los músculos faciales para arriba y para abajo.

En una dictadura hipster, el interior del Cariola hoy jueves 21 de mayo (y ayer 20, cuando se llenó al 100%, lo que llevó a Transistor a programar un segundo show) sería un campo de concentración. Hay difícilmente algo menos cool que ser seguidor de Panda o PXNDX. Si los sigues hace mucho (son del 2000), entonces eres en el mejor de los casos un ser humano que sufre de inmadurez y la incapacidad de dejar atrás, en la adolescencia, las canciones depresivas que se te inyectaron imborrables como tatuajes.

En el peor, eres un ridículo viejoven. Un retrasado emocional.

No me consta, pero tengo impresión de que para las nuevas generaciones tampoco es un escudo muy ondero portar una chapita, o un parche del grupo mexicano más trolleado de la historia.

Está Maná y está PXNDX en la mira de la policía hipster y del buen gusto. Acá no hay absolutamente nadie con un peinado bonito. No hay pantalones apretados. No hay chaquetas de cuero. Las fotos que nos estamos sacando, en las que salimos horribles, no van a ir a parar a Instagram. Pero somos un montón y nos da exactamente igual. Estamos a punto de pasarlo de puta madre.

Las caras. Las caritas de todos los que estamos acá son pura ternura. Son miles de ojos brillosos con esa sonrisa trizada que sueltas luego de haber llorado como un loco. La sensación es la de esa especie de amanecer soleado y tibio que se siente luego de atravesar una nueva, lacerante y fría crisis depresiva. El vértigo del extremo maniaco de la bipolaridad.

Por durante casi dos horas, PXNDX pisó el acelerador casi sin parar. Inyectando 26 dolorosas canciones emo/popcore/nerdcore directo a la vena. Y nosotros ahí. Saltando como si solo así el corazón pudiese latir con la fuerza necesaria para mantenerse vivo. Gritando como si solo así los gritos de adentro de la mente pudiesen dejarse de escuchar por un rato. Y es por ese exquisito pito que queda en los oídos, hasta varias horas después, que nunca dejaremos de gritar.

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Setlist:
Saludos desde Turquía
Saco sport y clavel blanco
Cita en el quirófano
En el Vaticano
Envejecido en barril de roble
10 AM
Solo a terceros
Claro que no
Enfermedad en casa
Promesas
Decepciones
No tienes oportunidad contra mi antipática imaginación
Los malaventurados no lloran
Nuestra aflicción
Feliz cumpleaños
En tu honor
Mala suerte
Romance en re sostenido
Narcisista por excelencia
Disculpa los malos pensamientos

Bis:
Sangre fría
Ya no jalaba
Cuando no es como debiera ser
Usted
Quisiera no pensar
Procedimientos para llegar a un común acuerdo
Nunca nadie nos podrá parar (gracias)

PXNDX en Chile: nunca dejaremos de gritar

Sobre el autor:

Luc Gajardo (@luco)

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