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¡Si no hay Conmoción, quemamos Concepción!

por · Mayo de 2011

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Dicen que somos un país serio. Dicen que somos fomes inclusive para vestirnos, sobre todo en el sur, donde las mujeres parecen no conocer más tonalidades que el negro y el café. Nicolás Palacios decía que los chilenos tenemos fama de llorones. Precisamente estos mitos viene a derrumbar Banda Conmoción, quien con la alegría de sus trompetas y tambores, acompañados de un colorido vestuario, logró mantener a cerca de dos mil personas bailando bajo tan sólo ocho grados en el Foro de la Universidad de Concepción.

Jeka González

Confieso: fui a regañadientes. Mira que tener que ir a ver a un grupo de cumbias, oye. Pero la indignación duró hasta que 19 músicos provistos de platillos, trombones, saxófonos, trompetas, caja, timbaleta, conga, tumbadora, tambora, acordeón, clarinete, y bombo, lograron transformar el campus en una fiesta gitana presidida por las caderas incesantes de Jeka González que, enfundadas en un faldón gitano y acompañadas por bronces en las manos, coordinaron el baile gozoso del colectivo musical, contagiando de aquel disfrute carente de voces y sonidos electrónicos al Campanil.

¡Si no hay Conmoción, quemaremos Concepción!– grita una tropa de mechones que celebran su semana, la cual, entre fiesta y fiesta, ya suma dos meses.

Este fin de semana se cumple una década desde que comenzaron a recorrer matrimonios, bautizos, y funerales, antes de llegar a carnavales montados en plazas, galpones, o simplemente calles, donde -animados por un coqueto diablito- mezclan los ritmos del norte grande, la cumbia, el mambo, el cha cha cha, los boleros, y la seducción propia de los Balcanes. Con este mestizaje sonoro han acompañado en el escenario a Mauricio Redolés, Juana Fe, La Mano Ajena, Chico Trujillo, Los Miserables, Sonora Palacios, Sinergia, Ana Tijoux, Sonora de llegar, Calle 13, además de La todo mal orquesta, entre otros.

Después de mover la cabeza, los hombros, y las caderas al son la alegría tornada ondas de sonido en ‘Pregonero‘, ‘La piropera‘, o ‘Flor de cumbión‘, las cerca de dos mil personas que pueblan el Foro se mezclan formando grupos de desconocidos que bailan entre sí, para sí, y porque sí, como una forma de retribuir aquel colorido invisible que viola a la noche y la tristeza de que si retrocedemos la película en un año, en ese preciso lugar, se estaban removiendo los escombros de la ciudad y con ellos parte de la memoria penquista.

Banda Conmoción

Como señala José Martí: ‘nuestro vino es amargo, pero es nuestro‘. Aquella borrachera en la que nos sumergimos llena de titulares destinados a distraernos de lo realmente importante, donde los problemas locales quedan en el olvido, y no pareciera existir más realidad que lo ocurrido en la capital, ya que por el resto del país la gente pasa de viaje, es amenizada por la ‘nueva cumbia chilena’ de Banda Conmoción, que a primera vista parece el soundtrack de una fiesta tradicional, pero luego nos lleva de la alegría extrema a la tristeza, a esa pena de que cada 50 años los edificios caen y son lavados por el mar en Concepción, junto a la sangre de quienes perdieron la vida tratando de arrancar.

Pero se trata de un llanto que esconde aún más alegría, tal como un canto gitano, arrastrándonos a bailar junto a desconocidos en la certeza de que la unión logrará construir cosas y lazos nuevos, con mayor colorido que los que la tierra sepultó en una noche de sábado. Se cae la amplificación. No importa, la fiesta ya está armada.

¡Si no hay Conmoción, quemamos Concepción!

Sobre el autor:

Valeria Barahona

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