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Miedo y asco en Los Ángeles

por · Abril de 2012

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Check-in. Aterrizar en LA es como avanzar en un mapa infinito de SimCity, como sobrevolar una ciudad en donde nunca encuentras el centro y todo se alarga hasta el bostezo como en los cinearte. Manejar por elei es exactamente lo mismo: barrios repetidos como fotocopias y con los mismos personajes del GTA San Andreas en cada esquina, Todas muy amplias y algunas tienen dos Starbucks y otras semáforos de mil tiempos y siempre hay un avión como a punto de caerse.

// Por: Cristóbal Bley y Alejandro Jofré, desde California

Todos los días una Fidae

El jetlag y doce horas de American Airlines pueden hacerte ver cosas extrañas. En el café de mi compañero dice Christopher y ahora buscamos desesperados una conexión para cargar algunas de las fotos que disparamos. Con el team @paniko esperamos el festival Coachella y algunos de los sideshows que recibirá la ciudad esta semana: los regresos de Pulp y At the Drive-In, los estelarísimos Radiohead tocando a dos baterías, los persistentes The Black Keys y el combo reforzado de Snoop Dogg con Dr. Dre, más algunas mezclas como The Rapture con los gritones de The Hives o Explosion in the Sky y Noel Gallagher y sus pájaros.

Fuguet en el mismo avión a EE.UU que el team Paniko. "Voy al Lollapalooza de los escritores", hablando sobre el congreso en Rhode Island al que se dirigía

El borraculos de AA, con una china con AH1N1 moqueando al lado de nuestro @rebobinars

Perdidos en el DFW

Dave Navarro esperando su maleta. Las nuestras llegaron antes.

Tema país: molestador de niños en Indiana les roba porno por las redes sociales

Están llenas de sueños e ilusiones

La oficina

Jueves 12. El centro de LA parecía a priori un territorio de homeless y adictos al crack, lleno de poco movimiento y miradas perdidas. Pero mientras la luz solar se iba, surgían de sus lofts y alcantarillas los hipsters californianos, adueñándose de este espacio marcado por los hoteles viejos y las playas de estacionamiento.

Galerías de arte llenas de barbudos circulando con sus starbucks en la mano, chicas sin muchas tetas bailando semidesnudas y un pintor pintando retratos en vivo al ritmo de un dj que no supimos si era hombre o mujer. Lo que se estila.

La vanguardia es así

Pero esto sólo en el centro, Main St entre la 9na y la 4ta, porque el resto de la ciudad a las 9PM parece desolada, autos divagando por sus calles anchas, locales de comida chatarra a media máquina y el resto del comercio completamente cerrado. Antes, al atarceder en Venice, los skaters eran el foco de los turistas, con un intrépido tratando de tirar un flip por sobre una baranda de varios metros. Una niña sola tocaba guitarra en la playa nublada y tres rubios flacos de bata blanca y ojos rojos ofrecían, por US$40, diagnósticos médicos para poder comprar marihuana legalmente.

Hoy empieza Coachella y la ciudad algo lo manifiesta: muchos turistas de mochila y saco, botellas reutilizables en mano, hablando sobre las ganas que tienen de ver a Florence + The Machine. Se puede seguir la transmisión en vivo desde youtube acá, y ojo que la diferencia horaria es de cuatro horas menos.

Venice

Viernes 13. Querido diario: hoy decidimos mudarnos al Stay Hotel, una mezcla de hotel y hostal que parece una facultad completa de la uniacc. Seguimos en Downtown, a la vuelta de la esquina hay una sandwichería abierta desde 1908 y no ha parado de llover desde anoche. Cae un puto diluvio y hace el mismo frío de Santiago en agosto.

El centro de Elei es una repetición infinita de la siguiente imagen: un mega edificio antiguo con galerías de arte hipster y muy abstracto debajo de habitaciones de hotel mínimas y un penthouse a toda zorra -siempre en los últimos tres pisos-, seguido al tiro de una playa de estacionamientos rejada y a $US9 all day. Ahí hay que estar atento para encontrar algo de buen street art o para mirar a todos los tipos de perros que pasean amarrados.

Main st.

Main st.


Hollywood fwy

Sobre la Hollywood freeway los gringos enloquecen y aceleran como pilotos de una categoría nitro y con lluvia la cosa se complica y los deportivos desaparecen en puntos de fuga al pie de pequeños cerros verdes que se tragan tu vista debajo del lugar común del norte de Elei: las colinas donde dice H-O-L-L-Y-W-O-O-D bien en alta, bien grande y te acuerdas del “Renca la lleva” y el día está tan nublado que al tiro la sonrisa se te va de la cara.

En un improvisado paniko-labs, podemos contarles que el ipad es el mejor tablet para navegar por calles desconocidas sin wifi ni 3g ni algún tipo de conexión a la red.

Así llegamos a Chinatown donde el título de esta bitácora cobra más sentido.

Ñami


Próxima estación: Chinatown



Merculio

Sigue el diluvio y nos refugiamos en pequeños y malolientes mercados de raíces, pulpos y aletas de tiburón estilo maruchán, entre pequeñas zofris de figuras rechonchas, piñatas de dragones gigantes a US$900 y todas las variantes chinas de los gatos maneki neko, más jarrones para juntar agua por toda una vida, prensa china, matamoscas eléctricos, extraños sacacerumen y un matadero en vivo y en directo de gallinas y conejos, y tantas tiendas de katanas y espadas como pequeños restoranes donde casi todo es caldo o mariscos o noodles.

Tres conclusiones de Los Angeles Chinatown: tienen la estación de metro más customizada de la ciudad; pueden hervir un calzoncillo y así y todo nunca sabremos a qué saben sus caldos; los abuelos chinos tienen la misma cara de los orangutanes.

Sábado 14. Turismo chatarra en Hollywood Blvd. La decadencia propia de cualquier atracción turística que intenta permanecer para siempre como lo que alguna vez fue, tratando de mantener una esencia que hace tiempo perdió y saturada de una comercialización barata de poleras llaveros imanes postales que ayuden a demostrar lo más importante de todo: el yo-estuve-ahí.

Entre la multitud que intentaba obtener el registro que, en la red social de turno, le permitiera decir con propiedad que estaban donde estaban —Hollywood, perrito, Paseo de la fama y weás— había otra multitud de tipos siendo lo que no son, michaels jacksons, jacks sparrows, spidermans y ratones mickeys. A uno de estos últimos, justo a la salida del teatro Kodak, le pedimos una foto para lo mismo que todos: yo estuve ahí con un mickey mouse, poniendo cara de gil, quizá sale divertido. Le hago un gesto y con su voz aguda insoportablemente clásica nos dice en inglés que por supuesto amigos, cómo no, vamos por una foto. La sacamos, clic, y cuando me separo me abre su mano, yo se la doy, me la quita y dice, ahora con una voz propia de un adulto de 38 años, divorciado, dos hijos y una acusación en tribunales por pensión alimenticia impaga: es un dólar. Un dólar por una foto con mickey mouse. Es un dólar, repite, y yo le digo que no tengo, que sólo ando con monedas. Le paso un quarter y con sus ojos de ratón inmóviles me mira y me dice: es un dólar, tengo cambio, puedo esperar. Se baja su guante blanco gigante de cuatro dedos y me muestra sus billetes, apretados contra su muñeca. Su voz es más ronca y más desesperada, ahora amenazante, y la imagen de un ratón mickey exigiéndonos plata, presionándonos en medio de pequeñas niñas rubias esperando por su foto soñada, era justo lo que buscábamos en el Paseo de la fama, ese lugar donde supuestamente llegan los que persiguen sus sueños, los valientes que se atreven a seguir sus ilusiones. Un ratón mickey enojado, peleando por algunas monedas: esto es Hollywood.

Cuando encontramos en nuestros bolsillos otra moneda de 25 centavos, el viejo detrás del ratón se conforma, sabiendo que un escándalo le traería menos plata todavía. Plata que en estas cuadras se pelea moneda a moneda, billete a billete, de manera mucho más evidente de lo que a un turista —buscando ese pequeño momento de gloria al comprar un souvenir, al sacarse una foto— le gustaría encontrar en la tierra de los sueños.


Miedo y asco en Los Ángeles

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PANIKO.cl (@paniko)

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